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Nº Parados 14/11/2018

SEPE
3254703
EPA
3490100

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En su habitual columna de los viernes, la periodista Marina Martínez-Vicens reflexiona sobre el papel que juegan en la actualidad los sindicatos, y mucho más después de la huelga del 29S. Se trata de un apunte que puede abrir el debate entre todos de lo que queremos que sean. Esperamos también vuestras aportaciones.  

Me preocupa el descrédito de los sindicatos. La escasa participación en la huelga de esta semana ha dejado en evidencia su ineficacia y la poca confianza que tenemos en que puedan contribuir a resolver nuestros problemas. Hablo de los dos sindicatos mayoritarios,  que salvo en la industria,  se han quedado desfasados, incapaces de adaptarse  a las nuevas formas de trabajo.



¿Por qué no han arremetido a tiempo contra un sistema financiero que ha salido indemne de la crisis (estrangulando, por ejemplo, a cientos de miles de personas ahogadas en una hipoteca que no pueden pagar) y han estado consintiendo un retroceso de derechos, llevándonos a la movilización cuando ya nadie creía en su utilidad?

Hay demasiada gente que no se siente representada ni defendida por ellos. Ni los autónomos, ni los parados, ni la mayor parte de la gente joven que sale por primera vez al mercado de trabajo y sabe que va a estar hasta los cuarenta con un contrato basura.

En las grandes fábricas, los comités de empresa se baten el cobre y alcanzan acuerdos favorables a los trabajadores. Pero en demasiados sectores se pierden en una estructura antigua y anquilosada que no responde a las necesidades reales de la gente. Por poner un ejemplo anecdótico, el video con el que la UGT llamaba a la huelga, caricaturiza un tipo de empresario estúpido y tiránico, que salvo mamarrachos excepcionales, ha dejado de existir. Es un síntoma de que llevan demasiado tiempo mirándose a sí mismos sin entender qué ha cambiado a su alrededor.

Con una musculatura tan débil es más fácil que cuajen discursos tan conservadores, como el de cuestionarse el papel y hasta la propia existencia de los liberados. Como si el dinero que cuestan fuera a remontar una economía para la que suponen el chocolate del loro.  Sin embargo es responsabilidad de los sindicatos que tanta gente los considere innecesarios. Se tienen que modernizar, salir a la calle, escuchar a la gente, fortalecerse y no gastar cartuchos en huelgas perdidas de antemano, convocadas casi exclusivamente como campaña de marketing. Si no lo hacen, y se extiende la idea de que deben desaparecer, será en gran medida  culpa de ellos, pero lo pagaremos todos.

Marina Martínez-Vicens

 


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