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Nº Parados 20/09/2018

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3182068
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Iván nos escribió hace algunas semanas para felicitarnos por nuestro proyecto pero nos contaba cuál había sido su historia y sinceramente nos emocionó tanto que le pedimos que nos la explicara en nuestro blog porque realmente puede servir de ejemplo a muchos. Su frase "si la vida te da la espalda, tócale el culo" encierra una historia de uno de los muchos emprendedores que lo intentaron y que han tenido que sobreponerse a las circunstancias que le han llegado. Es un testimonio completamente real y esperamos que os guste tanto leerlo como a nosotros, pese a la dureza de algunos fragmentos.  

Hola a tod@s,

Este foro me ha parecido desde el principio muy seductor, no sólo por la forma cautivadora y en fondo del mensaje que me envían cada mañana,  que me gusta y me ánima, sino también por el contenido del mismo y la importancia que tiene la información relevante y bien elaborada en una situación como la nuestra.




La semana pasada felicité Javier Peña para que, como cabeza visible, trasladase mi enhorabuena por su 1er año de vida a todo el equipo del bonito proyecto de Portal Parados. Además de animarme cada mañana, Javier me sugirió que le escribiese unas líneas sobre mi pequeña historia,  y porque no, está ahí y tal vez sean de interés para alguno de vosotros. Así que ahí va…

Tengo 45 años, tres preciosos pollitos a los que adoro que viven con su madre en un hogar precioso, y yo, como el nazareno, es decir, son mis padres los que me dan cobijo en estos días tan diferentes que nunca olvidaré.

Empecé a trabajar, a principios de la década de los 90, en empresas multinacionales, tuve la suerte de hacer una rápida e intensa carrera profesional en el sector de bienes de lujo. Tan rápido fue que a finales del 2002 inicié mi fase de emprendedor creando mi propia empresa, haciendo partícipes de forma desinteresada a varias personas. Todo fue bien.


Tal vez mi voluntad de crecer rápido, de emprender nuevos proyectos sin miedo y mi falta de dotes para adivinar el futuro, me llevó a crear un grupo de empresas con establecimiento permanente en varios países, con un gran equipo de profesionales motivados, pero frágil ante los terremotos. No me arrepiento, fue una época bonita, absorbente, difícil, llena de cosas buenas y también malas y, sobre todo muy rica en todos los aspectos para mi.

Nuestro grupo empresarial comenzó a sufrir duramente a finales del 2007, tras perder un contrato clave para la vida futura de la compañía. No nos asustamos, reorganizamos lo que pudimos, continuamos nuestro camino y buscamos, con éxito, nuevos contratos que nos permitiesen equilibrar la compañía en el 2008. Sin embargo, ese año todo empezó a saltar. El consumo cayó drásticamente y a partir del 2º trimestre las dificultades del grupo, crecieron enormemente.


En aquel entonces, yo guardaba aún la presión general para mí, creía que era mejor actuar de paraguas general del grupo, y así lo hice. Pero me resentí mucho, tanto, que pedí ayuda a un especialista y con él inicié un tratamiento para intentar serenarme. No debía dejarlo de golpe ni mezclar el tratamiento prescrito con alcohol, pero, probablemente como ayuda para tapar la tormenta, lo hice. La noche del 30 de agosto de 2008 mi cabeza estalló. Estuve 4 días en coma y, aunque solo recuerdo la oscuridad y las puertas cerradas, no me debieron admitir aún allí arriba. Así que volví, sin habla, con muchos agujeros y un poco “espesito” pero rodeado de personas que pese a todo me quieren.


Esto fue muy importante, mi vida estaba patas arriba, mi moral por los suelos, y mi ser con un profundo sentimiento de tristeza. Pero a mí alrededor las personas que me quieren, unas conocidas antes de la caída y otras después, fueron haciendo nacer granitos de fuerza que construyeron el nuevo amarre donde agarrarme y con su aliento crearon un soplo de viento fuerte capaz de desplazar los nubarrones que no dejaban ver el sol en mi vida. Así que, habiendo crecido interiormente, a principios del 2009 seguí el consejo de un buen amigo: “si la vida te da la espalda, tócale el culo”. Y lo hice, y se dio la vuelta y me miró con una sonrisa pícara e incrédula. Y empecé a caminar de nuevo, sólidamente y con la mochila cargada de fuerza, ganas y energía.

Si habéis llegado hasta aquí, muchos pensareis que mi cabeza no debía estar bien del todo cuando os diga que en septiembre del 2009, acompañado de una maravillosa familia empresaria, como yo, iniciamos juntos el camino de una nueva compañía. Lo hicimos con mucho ánimo, trabajo y saber hacer pero, por muchas razones externas, tras 10 meses de intenso esfuerzo, estábamos muy lejos de dónde debíamos estar, no salían los números. Nos sentamos, nos miramos, había mucha tristeza y preocupación en los ojos del cabeza de familia, mi socio y amigo. Reaccioné, me recordaba a mi mismo a finales de 2007, no lo podía tolerar y en seguida nos pusimos de acuerdo para iniciar caminos separados.


Unos días después, tras reflexionar sobre lo que consideré mi último fracaso profesional, descubrí que me sentía “feliz”, sorprendido por ello analicé el por qué y vi la luz: a partir del primer fracaso, no había dejado de castigarme por mi responsabilidad sobre aquel suceso y en vez de caminar de nuevo en positivo dejando atrás el pasado lo seguía intentando cambiar, con nuevos pero similares proyecto. Y el pasado es inamovible, no se puede cambiar, hay que soltar amarras.
Esto me ha hecho romper definitivamente con mi pasado, quiero ser completamente feliz y mi primer paso para alcanzar y estar en ese estado es trabajar, crear, aportar, compartir y, sobre todo, volver a ingresar recursos para tener estabilidad económica que creo es absolutamente necesario para sentirse bien y poder trasladar ese estado a tu entorno querido.

Por eso estoy con las pilas cargadas, mi fase profesional de empresario ha quedado atrás, me ha enriquecido mucho como persona, no me arrepiento de ella, todo lo contrario, pero ahora ha terminado. Busco trabajo por cuenta ajena, sintiéndome estupendamente bien por ello y en la confianza de que puedo aportar valor a una compañía que me de trabajo de la misma forma que ella me seguirá enriqueciendo profesional y personalmente. Y ese es mi desafío personal en el que confío plenamente y, os aseguro que, pese a no haberlo encontrado aún, es mi futuro.

Moraleja:


Si lo acontecido en tú vida dependiese exclusivamente de ti, serías Dios, y no lo eres. Aparca lo que no merece la pena recordar y guarda el resto, la vida da muchas vueltas y tú no las controlas, se fiel a ti mismo, camina, evoluciona, busca objetivos para mañana, eres único, todo va mucho más rápido de lo que crees y además dura poco por lo que debes buscar la felicidad cada día, bésate cada mañana en el espejo del baño, tu vales mucho, afronta la dura realidad con una sonrisa, no escondas tu cabeza bajo tierra, no olvides que, pese a todo, mucha más gente de la que crees te quiere y les importas, así que tira adelante de tu vida. Y, si todo sigue negro y te parece que la vida te da la espalda, de verdad, tócale el culo que verás como te sonríe de nuevo.

Un abrazo lleno de energía para tod@s, mucha suerte y ánimo que de ésta salimos tod@s.

Iván


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