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Nº Parados 21/08/2018

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En esta columna de "Los lunes al sol" , la periodista María Díaz reflexiona sobre la tendencia al cotilleo, al rumor que hay en nuestro país y se pregunta tras la muerte de la niña Asunta y la detención de sus padres, dónde queda la presunción de inocencia en los medios de comunicación.

Del ingenio al rumor, pasando por la crítica

En esta columna de "Los lunes al sol" , la periodista María Díaz reflexiona sobre la tendencia al cotilleo, al rumor que hay en nuestro país y se pregunta tras la muerte de la niña Asunta y la detención de sus padres, dónde queda la presunción de inocencia en los medios de comunicación.  

Créanme si les digo que soy una persona con buen sentido del humor. Me gusta mucho reírme, algo que intento por momentos, pillo los chistes a la primera (aunque no sepa contarlos) y pretendo no ser de las que aburren al personal. A eso se une el hecho de que soy española. Los españoles, somos esos señores que estábamos haciendo chistes del golpe de Estado antes de que amaneciera el 24 f. O los que ahora hacemos circular por mensajería telefónica fotos retocadas de Julio Iglesias o la familia real para sacarle punta a cualquier circunstancia que nos rodee.



Algunos piensan que ese espíritu de chirigota continua nos hace menos serios, menos capaces de afrontar los problemas, menos responsables. No estoy de acuerdo. Demuestra nuestra inteligencia y nuestra capacidad de salir adelante. Somos un pueblo inasequible al desaliento, con una moral a prueba de bombas y con un ingenio inagotable. Otra cosa es si nos sabemos así o nos hemos dejado minar por tanto pisotón que no pedimos.

También creo que somos un poco porteras. Vamos, que nos va un rumor o un cotilleo más que a un niño un balón. Y ahí, desalimentamos nuestro espíritu de gloria y caemos a lo más bajo. No lo digo por los programas del ramo que alimentan nuestras teles varias, que al fin y al cabo, la libertad de verlos o no verlos es de cada uno y si existen, y con esa audiencia, será por algo. Valoro las vías de escape cuando pocas cosas más te quedan. Aunque a veces creo que son un recurso para el adormecimiento y la inhibición de la queja.

No, no. Yo me refiero a todos esos que rodean a un ser, el que sea, que de repente se convierte en noticia cuando cae bajo sospecha de delito y empiezan a hablar de él sin tener a qué agarrarse. Hace años, no tanto, aparecieron muertos una mujer y su hijo pequeño. Todos los vecinos señalaron al padre, “desaparecido” decían todos, como autor de los hechos. Todos los que compartían portal o barrio corrieron a marcarle como culpable mientras elucubraban lo que ocurría a diario tras esas paredes. O habían hecho nada al respecto, pero estaban al cabo de la calle. Miren por donde, el pobre hombre era un comercial de viaje al que se le vino el mundo encima cuando se enteró de la desgracia. Y miren por dónde, era inocente. Pero ya iba lleno de mierda hasta arriba. Cuando se supo que otro hijo mayor de la víctima, de una pareja anterior, había sido el autor de los hechos todos, los mismos, corrieron a decir que no les extrañaba nada; que ella, la madre, ya había dejado caer que daba problemas; que había terminado con la felicidad de un matrimonio modélico que empezaba una nueva vida… ¡Vaya! ¡Qué necesidad había de largar tanto! . ¿Quién tiene la culpa de esto? ¿El tipo que enchufa un micrófono al primero que pasa o aquel que ávido de aparecer en la tele es capaz de decir cualquier cosa? ¿Llevamos todos un inspector de policía dentro?

Ahora, horror de los horrores, una niña ha aparecido muerta. Una niña dulce y lista que tenía un blog como Ana Frank un diario. Una niña con un futuro por delante. Que alguien ha acabado con su vida, es evidente. Y nadie, repito, nadie, tiene la potestad de quitar la vida a otro. Ni el estado arrogándose ciertas consignas. Hasta ahí es todo lo que sé del caso. Y lo que me vaya contando la policía. Leeré los periódicos y escucharé la radio y veré los informativos. Pero que no alimenten rumores ni disparen en falso. Asunta, a quien no conocí aunque ahora parezca de mi familia, se merece un respeto. Aunque a mí me sobre tiempo para comentarios o elucubraciones. Así no se solucionan los crímenes. Ni nada. No olvidemos a la niña, pero no la rodeemos de rumores. Que en este país, la policía no es tonta. Porque los españoles no somos tontos.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

 


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