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Nº Parados 23/07/2018

SEPE
3162162
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Marina Martínez-Vicens reflexiona en su columna de los viernes sobre la aventura de los 33 mineros de chile que han vivido la odisea de estar enterrados bajo tierra. Ahora se plantea si está bien o no que los trabajadores cobren por sus intervenciones en los distintos canales de televisión que han convertido el asunto en puro espectáculo. Han sido un ejemplo en muchos sentidos para todos pero ahora les llega el después de...  

Cuenta uno de los periodistas españoles que ha cubierto el entierro y posterior rescate de los 33 de Atacama, que cuando llamó a la mujer de uno de los mineros para recoger su testimonio, ella se negó a dárselo porque no había dinero de por medio.



Esta actitud ha escandalizado a muchos, convencidos de que los mineros deben regalar su experiencia, agradecidos al mundo que se ha volcado en su rescate. Así debería ser en un lugar ideal, en el que los trabajadores contasen con todas las medidas de seguridad, cobraran un salario justo y, sobre todo, en un lugar no ya ideal sino cada vez más utópico, en el que los medios de comunicación estuvieran al servicio de la información y no persiguieran el lucro y el espectáculo sin importarles ninguna de sus consecuencias.

Pero el panorama es otro. En nuestro mundo las cámaras enfocan la agonía del moribundo con la esperanza de que al estirar la pata, puedan hacerse con la exclusiva. Una legión de directivos televisivos están decididos a exprimir hasta la última gota que salga de la mina de San José. ¿Cómo van dejar pasar un espectáculo que congrega a 1000 millones de personas frente al televisor?. Hay bienpensantes que consideran que de ese botín no deben participar quienes lo generan, los mineros. Estos héroes deben conservar la integridad que no se le pide a los demás

Los mineros se han comportado de un modo ejemplar. Incluso han pactado no contar parte de su historia. Uno de ellos,  antes de ser rescatado, mostró su preocupación por el escándalo mediático que se estaba montando a su alrededor. Si uno, varios o todos ellos deciden rentabilizar su historia y cobrarle a esas televisiones que pretenden programarlos en prime time para aumentar su cuenta de resultados, no seré yo quien los juzgue.

Lo que sí les deseo es que tengan la prudencia y el sentido común suficiente para controlar la efímera fama que se les ha venido encima, porque los mismos que se escandalizan por el precio que le han puesto a su relato, no dudarán en hacerlos picadillo si así le arrebatan un espectador a la competencia. O cuando, ya exprimidos,  no les sirvan de nada.


Marina Martínez-Vicens
Periodista

 


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