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Nº Parados 24/09/2018

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3182068
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En esta columna de Los Lunes al Sol, la periodista, María Díaz nos escribe después de haber conocido una mala noticia, protagonizada por alguien de su entorno y de ella parte para plantearse y plantearnos si llegará un momento en el que nos hagamos inmunes a este tipo de informaciones.

Esta feria de la vida

En esta columna de Los Lunes al Sol, la periodista, María Díaz nos escribe después de haber conocido una mala noticia, protagonizada por alguien de su entorno y de ella parte para plantearse y plantearnos si llegará un momento en el que nos hagamos inmunes a este tipo de informaciones.  

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El otro día ha sido mi cumpleaños. Como lo ven. He cumplido un año. Lo juro. No es que quiera ir de jovenzuela, hace mucho que dejé de serlo físicamente aunque no de mentalidad, es que los demás ya los tenía. Los que suman no hace falta que se los diga porque alimentar el misterio también tiene su aquel. Prefiero “agarrarme” a la frase de Bernard Shaw que asegura que de una  mujer que es capaz de confesar su edad, no hay que fiarse.



Cuando a uno le ocurre algo en la vida, lo que sea, como, por ejemplo, cumplir años se da cuenta de que al resto del mundo también le ocurre algo lo que sea. Yo he celebrado mi cumpleaños rodeada de malas noticias y de buenos amigos. El mundo gira, es lo que tiene, y cuando estás receptiva, que créanme, yo lo intento, se entera de demasiadas cosas.

Por ejemplo, del suicidio de un conocido, de un vecino que gestionaba un negocio de suministros de hostelería y que ha decidido quitarse de en medio colgándose de una viga. Yo he defendido siempre la opción del suicidio porque me parece que no es un amala opción para según qué circunstancias. No me parece precisamente una cobardía. Pero noticias como ésta me vapulean porque en estos casos, el suicidio no es fruto de tu libertad si no de tu incapacidad. La crisis ha traído estas salidas, estas huidas. Lamento que una persona no encuentre otra manera de enfrentarse a la ruina ya no porque no haya solución al problema…si no porque no lo ves.

Esta crisis le ha dado la vuelta a muchos de mis planteamientos. Se vive muy feliz cuando nada a tu alrededor te hace sospechar de la vida o, sencillamente, no sabes verlo. Pero luego llegan los momentos de debilidad, como los de ahora, y la vida te va abofeteando 3 ó 4 veces por día. ¿Saben lo que me da miedo? Volverme indiferente. Acabar cubriéndome de una pátina de desidia que me convierta en un ser indiferente ante la realidad. ¿Qué no me gusta lo que veo? Cierto. Pero taparme los ojos, como los niños pequeños cuando pretenden esconderse, no me parece la salida.

Tampoco creo en la caridad, si no en la solidaridad. La caridad te convierte en un ser que mira de arriba abajo. La solidaridad de hace ver que todos somos iguales. Para lo bueno y para lo bueno. Creo que cuando nacemos adquirimos un compromiso marital con la sociedad y que todo tiene que estar compartido. Si empujamos juntos, empujamos mejor. Parecerá infantil, pero sigo pensando que es tremendamente útil. Porque mientras yo cumplía un año, un vecino se ha quitado voluntariamente la vida porque ya le estaba dando mucho asco.

Y a saber qué habrá pasado dos calles más abajo, en el hospital de turno, en el mercado de otra ciudad, en cualquier aldea del tercer mundo… Las cosas suceden. Algunas, las provocamos. Otras, sencillamente llegan. Y quiero estar preparada para todas.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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