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Nº Parados 14/11/2018

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Vuelve a nuestro blog el escritor Pablo Vilaboy para hacernos reflexionar sobre el presente y, sobre todo, por el futuro incierto que nos plantea la vida en momentos donde, por ejemplo, nos falta el trabajo pero puede ser en cualquier otra. En realidad, ¿cuándo puede estar uno seguro de lo que está por venir?  

 No puedes empezar a preocuparte por lo que va a suceder, sólo hay que preocuparse por lo que está sucediendo ahora.” Comentó con su legendaria voz rugiente Lauren Bacall en una entrevista en la que fue interrogada acerca de lo que esperaba del futuro. Figura icónica del cine negro de los años 40 (s.XX), la trayectoria profesional y personal de Bacall ejemplifica nítidamente cómo sacándole el máximo partido a lo que el presente nos ofrece, situamos en sus lugares correspondientes al ayer y al porvenir.



 

La longevidad de Bacall nos ha convertido en observadores de primera línea de las abundantes etapas que como mujer y como intérprete han ido superponiéndose en su vida. Modelo y actriz, esposa (y posteriormente viuda) de Humphrey Bogart, paradigma del glamour femenino en el Hollywood de su tiempo, madre abnegada, casada en segundas nupcias con Jason Robarts, convertida en estrella de Broadway en su esplendorosa primera madurez…Lauren ha sido protagonista de muchos momentos de gran repercusión pública, pero jamás ha caído en la tentación de adocenarse en los márgenes de una imagen anquilosada en su propio impacto popular. Porque aunque una generalidad de sus seguidores han querido aprisionarla en el cuadrante de su fama inicial, ella no ha permitido que eso influyera en la continuidad de sus crecimientos íntimo y artístico. Nada en su sugestivo pasado le hizo la suficiente mella como para caer en la trampa de ponerle freno a sus disfrute o sufrimiento del instante concreto que la iba encaminando hacia el mañana.

 

Arrastramos nuestro pasado con mayor o menor ligereza según hayan sido las profundidades del averno o del edén por los que hayamos tenido que cruzar. Lo vivido tiene el poder preciso para fortalecernos o para obstruir la correcta toma de conciencia del momento presente, enturbiándonos el entendimiento a la hora de afrontar aquellas elecciones que cuajan la diaria senda de existir. Y, no obstante, nada paraliza más que el pánico destilado de la incertidumbre que es consustancial al futuro.

 

Hasta el carácter más sólido es capaz de estrellarse contra la empalizada del mañana. Lo dejado atrás condiciona el rumbo de nuestra vida. Encaramos las múltiples decisiones y las variadas elecciones que abonan la tierra que pisamos como personalidades en evolución constante, supeditamos a la caprichosa influencia que sobre nosotros ejercen las experiencias del ayer. Erramos o acertamos en dicha progresión vital en base a la ilación de emociones derivadas de unos hechos determinados, e incluso cabe la posibilidad de que nuestro desarrollo humano se interrumpa temporal o drásticamente a causa de una vivencia traumática. Sin embargo, no existe en los condicionamientos que alimentan el pasado la perturbadora simiente de la oscuridad que acompaña lo que todavía ha de ser vivido.

 

La alargada sombra del pasado puede combatirse porque toma su poderosa influencia de unas circunstancias específicas y reconocibles. Por el contrario el porvenir al que nos hallamos abocados construye su aterradora influencia nutriéndose de un abismo abstracto donde tienen cabida todos aquellos miedos que nos devoran y, por tanto, nuestra indefensión es igual de insondable.

 

Carpe diem” la célebre locución latina que puede traducirse como “Aprovecha el momento, no lo malgastes” constituye el más revelador pensamiento del que podemos hacernos acompañar en el cambiante presente que renueva día a día el campo de acción de nuestra vida. La ignorancia de los distintos resultados a los que puede conducirnos un comportamiento, una decisión, una manifestación oral del pensamiento…etc….no ha de frenar el desenvolvimiento libre de la actualidad de nuestra existencia.

 

El hoy se compone de pasos cortos cuyas huellas se pierden instantáneamente en el ayer, pero cuyos ecos van iluminando poco a poco el túnel angosto por el que discurre el mañana en la lejanía. Y hay en cada concreta pisada una inmediatez de vida a la que no debemos renunciar por mucho pánico que nos provoque nuestra ceguera vital ante lo desconocido.

 

Somos príncipes destronados de nuestro pasado e informes incógnitas del mañana que nos aguarda, pero nadie, salvo nosotros mismos, nos puede destronar del reino de nuestro presente.

 

Pablo Vilaboy
Escritor

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