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Nº Parados 19/06/2018

SEPE
3335868
EPA
3796100

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En la cola del Inem

Eduardo, desde Madrid, nos relata en este post su aventura al darse de alta en el antiguo Inem que ahora han rebautizado como Servicio Estatal de Empleo. Su inexperiencia le lleva a acudir varios días para completar todas las gestiones necesarias  


Debo deciros que ese refrán que alude a que al perro flaco, todo se le vuelven pulgas es absolutamente cierto. En los últimos días estoy pasando por uno de los catarros más fuertes que yo recuerdo haber padecido con fiebre y unas toses que a veces me dejaban sin aire. Son esos momentos en los que la moral de uno se viene abajo sin tener ninguna causa que lo justifique y necesita de mimos. Pero en realidad, hoy que ya estoy mucho mejor de salud y de ánimo, me he permitido escribir sobre algo que me ronda desde antes de irme a Ibiza.

 

Los días previso al viaje tuve que cumplir con la obligación de inscribirme en el Instituto Nacional de Empleo, sobre todo para percibir el subsidio que me permitirá tirar unos meses en esta situación. La verdad es que la experiencia es inenarrable e incluso sorprendente para aquellos que no tenemos mucho hábito de tramitar este tipo de situaciones, por no decir ninguna.

 

El peregrinaje se inicia en el puesto de información al que acudí para saber en qué consistía todo el proceso. Allí una buena señora, con gesto de aburrimiento, me explica quizás lo mismo que a los doscientos anteriores. Primero tengo que subir a la Primera Planta para inscribirme como demandante de empleo. Después bajo de nuevo y entonces ya acudo a la zona donde me tienen que apuntar para cobrar el dinerito todos los meses.

 

Lo primero que me sorprendió es que toda esa operación no se pudiera hacer de una tacada. Me parece un tanto absurdo que yo tenga que acudir primero a una cola para ofrecer mis datos, decir “señores, que sí , que me he quedado en el paro” y finalmente, como no les queda claro que quiero cobrar la prestación, debo esperar otra cola y aportar otra vez mis datos y algunos documentos que te da la empresa.

 

El caso es que subí a la primera planta. Me alivió comprobar que tan sólo unas diez personas estaban por delante de mí, con lo cual pensé que no estaría demasiado tiempo. ¡Cuán equivocado podía estar! Cogí número y observé que había seis mesas preparadas para atendernos. De ellas, dos estaban vacías. Aún quedaban otras cuatro. Sin embargo, dos de las funcionarias debieron pensar que no había mucha gente y apaciblemente se pusieron a charlar supongo que de “sus cosas”. Además, y para más inri, allí delante de todos, sin cortarse un pelo. Menos mal que los parados somos gente paciente y con muuucho tiempo libre, no hay por tanto ninguna queja a mi alrededor. Tuve que esperar hora y media para que me atendieran una de las dos funcionarias que quedaban. Alguien puede pensar que es un tiempo razonable pero si tenemos en cuenta que solo había diez personas delante de mí, me parece una exageración en todos los sentidos.

 

Total. Ya era demandante de empleo y ahora tenía que pedir la prestación. Me dijeron que podía bajarme los impresos por internet, rellenarlos tranquilamente en mi casa y llevar los documentos necesarios. Me afané en hacer fotocopias de absolutamente todo, me faltó hacerme una de la partida de nacimiento por si acaso. El caso es que ese día ya no me daba tiempo así que tenía que acudir al día siguiente.

 

Vuelvo al segundo día y lo hago sobre las 10,30 de la mañana, una hora que me pareció razonable puesto que terminaban de atender al público a las 2 de la tarde. ¡Nuevo error! Recojo el número 276 y veo que van por el 70. A tenor de lo ocurrido el día anterior, me debía haber temido lo peor pero como soy de naturaleza optimista, pensé que me atenderían sin problemas. No obstante, me marché un rato a casa y volví una hora después: la cosa iba por el 105. En este caso había diez mesas pero sólo cinco estaban ocupadas. Era curioso observar cómo cuatro de los funcionarios iban atendiendo a todos a un ritmo más o menos constante, mientras que la quinta atendía a uno de los parados y después estaba una hora moviendo papeles de un lado a otro, escribiendo en el ordenador, levantándose a hablar con la que presumo era su jefa. En fín de brazos cruzados no estaba pero la sensación tampoco era de agobio, sus movimientos eran lentos, como de moviola futbolística.

 

Estuve toda la mañana pero a la 1 de la tarde ví que habían atendido a 160 personas asi que descarté la posibilidad de que me tocara el turno. Pregunté si el número me servía para el día siguiente y me dijeron que no. Conclusión: al día siguiente me tocaría madrugar si quería solicitar la prestación a tiempo. Eso hice, llegué a las ocho y media de la mañana, ya había cola de gente esperando a que las oficinas abrieran a las nueve. Al menos mis esfuerzos sirvieron y me tocó el 76. Supe entonces que ese día acabaría con la gestión.

 

La verdad es que los tiempos de espera se hacen lentos, muy lentos, tienes la sensación de que nadie lleva los papeles en regla y eso retrasa mucho la gestión. Pensé que la gente tenía delito porque tampoco era tan complicado llevar todo lo necesario y de eso modo que la gestión fuese más eficaz. Esos eran mis pensamientos hasta que me tocó a mí y zaca, la primera en la frnete. El buen señor que me atendió me dice que el impreso descargado por internet lo debía haber rellenado por duplicado ¡Cawen la…! Por un momento pensé que debería volver otro día pero no fué así. El funcionario me soltó otros dos impresos y me los hizo rellenar en la mesa. Obviamente me tuve que tragar mis pensamientos anteriores de reproche hacía mis compañeros parados. Yo había sido otro de los que no llevaba todo en regla.

 

Como no me puedo callar ni debajo del agua, que diría mi madre, le hice saber al funcionario que me parecía un proceso demasiado complejo para inscribirnos en el INEM. Y entonces ya me quedé muerto. Me explicó que en realidad, y aunque se tratase de la misma oficina, yo había pasado por las manos de dos administraciones. La primera cola de información y la segunda de inscripción pertenecen a la Comunidad de Madrid mientras que la tercera depende del Ministerio de Trabajo. ¡Ya estamos con la España de las autonomías! ¿No se trataba de agilizar los trámites? Se ve que en este caso concreto al menos no. No hay ventanilla única ni siquiera para los parados. Tampoco debería sorprenderme mucho pero como me dijo hace unas semanas Andrés Aberasturi, será que yo aún vivo en un mundo idealizado.

 

En fín, ésta fue mi aventura que ahora os traslado.


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