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Nº Parados 23/07/2018

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No soy gurú de nada.En este artículo, Javier Peña reflexiona sobre la obra teatral “Contraacciones”, escrita por Mike Barlett y que interpretan ahora en Madrid, en el Teatro Lara, Pilar Massa y Goizalde Nuñez. En ella, una empresa incluye una cláusula que obliga a sus trabajadores a informar de cualquier relación “amorosa o sexual” con otros compañeros.  

El pasado fin de semana he podido ver la obra de Barlett que se representa todos los fines de semana en Madrid en  “sesión golfa” y lo cierto es que es de esos textos que debes digerir después con tiempo para analizar todos los detalles que aparecen y desaparecen en cada situación.

“Contraacciones” parte de una práctica que seguramente alguno de vosotros habréis padecido, la reticencias de muchas empresas a permitir amoríos entre los compañeros con el pretexto de que podría conducir a favoritismos en la vida laboral cotidiana. Ya de por sí estas normas, estén escritas o no, son absurdas por completo. Absurdas porque son imposibles de controlar y absurdas porque, cuando hablamos de profesionales, se entiende que los arrullos o los problemas los deben dejar en casa cuando acuden a trabajar, ya tengan a su pareja en el mismo centro o no.

Pero el ingenio de Barlett va mucho más allá. Partiendo de esa cláusula que ya casi al final de la obra parece casi inocente, la “compañía”, representada por una mujer que no tiene nombre, dicta a los dos compañeros de la historia a tener una relación sólo de seis meses, y a separarse después. Sin ánimo de destripar la historia, la compañía, como así la llama la responsable de recursos humanos, hace y deshace en la vida de las dos personas que tuvieron el “desliz” de mantener una relación sentimental.

Por supuesto que los afectados tragan y tragan hasta un límite sorprendente pero ¿acaso no hemos tragado todos alguna vez en exceso con tal de mantener el puesto? El problema que plantea “Contraacciones” es que, cuando uno le deja a la empresa, traspasar la línea roja, la raya no se desplaza solo un poquito sino que desaparece por completo.

Ahora que estamos en un periodo de recortes de derechos con el pretexto de una crisis que nos ha devorado literalmente, ahora que las empresas despiden a sus anchas, bajan los sueldos de las ofertas de trabajo, tampoco sería extraño que alguna fuese capaz hasta de condicionar nuestra propia vida.

En realidad, y si paramos a pensarlo por un momento, ¿cuántas mujeres han visto su vida condicionada por el simple hecho de poder engendrar hijos aunque nunca los vayan a tener? ¿cuántas empresas obligan, con el pretexto de tener compromiso con ellos, a mantener un tipo de vida tradicional en la que no caben gays, solteras con hijos o solteros que deben casarse si quieren ascender en ellas? Suena a viejo, incluso a rancio pero estas cosas aún hoy siguen pasando.

Cuando estaba pendiente de las frases que pronunciaban las dos actrices protagonistas, pensé que el argumento de Barlett era una exageración propia de las licencias literarias que se permiten los dramaturgos. Sin embargo, una vez transcurridos los días ya no me lo parece tanto porque si nos fijamos, y aunque sea de modo sutil, muchas “compañías” quieren el control de sus empleados y no sólo en el entorno laboral.

Aquellos que podáis acercaros, no dudéis en ver “Contraacciones” y tendréis asunto sobre el que pensar durante varios días, de esos asuntos de los que no hablan los garúes de los Recursos Humanos.



 

Javier Peña
Director Portalparados

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