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Nº Parados 22/06/2018

SEPE
3335868
EPA
3796100

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Más allá del excesivo optimismo del gobierno y del pesimismo absoluto de grandes sectores de la sociedad, los últimos datos de la Encuesta de Población Activa marcan una tendencia que llevo observando en las anteriores. De forma silenciosa, prácticamente sin darnos cuenta, estamos asistiendo a una revolución del mercado laboral, o incluso podríamos hablar de una contrarrevolución que amenaza con quedarse entre nosotros cuando lleguen las “vacas gordas”.  

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Desde que comenzó la crisis, nos trasladaron el mensaje de que había que trabajar más por menos dinero. Esa frase la pronunció un señor que en su momento fue presidente de la patronal y ahora mismo se encuentra en la cárcel, imputado por sus malas prácticas empresariales.



Desde la prisión, Gerardo Díaz Ferrán debe estar observando el panorama de los cambios con ese rictus de “ya os lo decía yo”. El problema es que el mercado laboral está cambiando y sus consecuencias pueden permanecer entre nosotros más allá de esta época de crisis.

Deben estar muy satisfechos esos sectores más liberales que defienden una menor regulación de las reglas en el mercado laboral, o dicho de otra forma, “la flexibilización de las condiciones de trabajo”. Y lo deben estar porque avanzamos hacia una especia de ley de la jungla en la que ya tenemos menos derechos y seguiremos perdiéndolos en un futuro próximo.

La Encuesta de Población Activa demuestra que un contrato indefinido es una figura en vías de extinción que sólo servirá para aquellos trabajadores privilegiados, en sectores con fuerte demanda de mano de obra. La sustitución de trabajo fijo por temporal puede parecer positivo para algunos pero tiene consecuencias sociales incalculables. ¿Quién va a poder plantearse un proyecto de vida con su pareja sin estabilidad laboral? ¿Quién podrá comprar una casa o un coche si no sabe los ingresos que tendrá dentro de un año? Son preguntas que tienen consecuencias sociales y económicas para todos.

Y como queremos ser los más flexibles del mundo, no sólo creamos más contratos temporales, alguno de ellos de unas pocas horas. Resulta que aumentamos el número de autónomos que se han convertido en un tercio de las altas en la Seguridad Social. Y algunos echan las campanas al vuelo por aquello de que los españoles ahora somos más emprendedores, aunque olvidan que una gran parte de esos nuevos trabajadores por cuenta propia se han visto obligados a figurar de esta manera para acceder a un contrato mercantil de una empresa o han decidido convertirse en freelance para subsistir.

Caminamos hacia una revolución, o contrarrevolución del mercado laboral, que estará poblado de profesionales con poca o ninguna vinculación con las empresas más allá del trabajo esporádico o continuado. Ni vacaciones, ni derecho a ponerse enfermo ni cualquier otra ventaja que recaiga sobre las arcas empresariales.

Estos cambios pueden ser tan profundos como los que en su día, marcaron la reforma industrial y algunos aún creen que se revertirán en cuanto pase la crisis. Olvidan que lograr un derecho en cualquier ámbito de la vida suele costar décadas, siglos inclusive.

La EPA también refleja una disminución del empleo público que incide también en esta filosofía de romper con todas las posibilidades de encontrar un trabajo estable. Algunos creemos que es necesario reducir la plantilla de las administraciones pero la manera en la que se está haciendo es la equivocada. En lugar de eliminar puestos improductivos, esos que suelen ocupar personas de confianza o enchufados, se está recortando en empleos que generan servicios para los ciudadanos.

En cualquier caso, lejos quedan los tiempos en los que el trabajo cumplía una función social más allá de los beneficios que obtuvieran los empresarios. Nos hemos quedado con lo segundo simplemente.

Estas son las consecuencias de esta especie de revolución silenciosa a la que estamos asistiendo casi sin darnos cuenta. Una profesora de Historia me enseñó que toda revolución requería de una cierta dosis de violencia para obtener éxito. Algunos pueden pensar que la actual del mercado laboral rompe con esa regla y se equivocarán porque el sufrimiento de millones de personas en España y otros países es una forma de violencia tan cruda como la de otros momentos históricos.

Y ante este fenómeno que estoy relatando, sólo quedan dos caminos. El del conformismo, el de adecuarnos a las circunstancia para tener más posibilidades de encontrar un empleo. O el de rebelarse aunque no se debe hacer de forma individual si se quieren resultados prácticos.

 

Javier Peña
Portalparados.es

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