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Nº Parados 10/12/2018

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3252867
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3490100

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La columna de Los Lunes al Sol repasa esta semana la historia de alguno de los personajes siniestros que aparecen en la actualidad de las últimas semanas. La periodista María Díaz traza el retrato de alguno de ellos, tanto en el mundo de la política como fuera de él.

Tipos vulgares

La columna de Los Lunes al Sol repasa esta semana la historia de alguno de los personajes siniestros que aparecen en la actualidad de las últimas semanas. La periodista María Díaz traza el retrato de alguno de ellos, tanto en el mundo de la política como fuera de él.  

En ocasiones, el foco de la noticia es un tipo al que no le encuentro ningún gancho, una personalidad embaucadora o algún tipo de brillo. Pero el caso es que ocupan tiempo de los informativos, papel en los periódicos y hasta portadas. Tipos cuya personalidad ególatra y narcisista estaría encantada de ser objeto de deseo de los medios si no fuera porque el motivo que les encumbró a ellos no es precisamente para llenarse de orgullo.



Por ejemplo, Luis Bárcenas, un hombre encantado de conocerse que ha hecho una fortuna de la que querría presumir porque le dibuja como un hombre listo pero que ha llegado a los informativos porque se pasó de idem. No sé cómo hizo su fortuna, es más, si me apuran, ni me interesa. Estoy hasta el gorro de la cultura del pelotazo. Que diriman los tribunales si ese camino que hizo hacia la riqueza, y que, por lo que se ve pasa por Suiza, es legal o digno de pena y multa. Lo que me preocupa de este tipo, vulgar, en el que posiblemente no me fijaría si formara parte de una masa, que es testigo  y parte de una manera de actuar que, a priori, resulta delictiva. Pero no estaríamos hablando de un delincuente más, si no de un delincuente vinculado a una trama política que me afecta. Quiero confiar en los políticos que me representan, lo necesito.  Sólo que en este momento los tengo a todos bajo sospecha. Fea democracia esta que ha puesto a nuestros representantes tan lejos de los ciudadanos. Pero, entre nosotros, prefiero a un mentiroso que a un mudo. Porque el que calla, otorga. Y un tipo silenciado al otro lado de las misivas del acusado de mentiroso también me parece un tipo vulgar. Sólo que este gobierna un país. Y eso sí que me preocupa. ¿A qué espera? ¿A saber qué ases guarda Bárcenas en la manga vaya a ser que declare de más antes de tiempo? Yo no tengo ese tiempo.

Otro tipo vulgar, y sin embargo, despreciable, es José Bretón. Nos lo han dibujado quienes le conocen como un tipo autoritario y maniático. También como hijo de un padre excesivamente severo que dibuja una educación atroz, cercana al maltrato, empapada en el miedo. Bueno, no sé si “educación” es la palabra si el resultado es este individuo del que sospecha hasta su propio cuñado.

Yo no le he visto matar a sus hijos pero me ha dado indicativos que me hacen sospechar que sí. Entre ellos, su lenguaje. En ningún momento, en ninguno, le he oído reclamar que sigan buscando a sus hijos. ¡Vaya! Si tan real es su historia porque ha cejado en ese empeño. Porque conoce la verdad y el subconsciente le traiciona. Tampoco le he visto emocionarse cuando escucha la llamada telefónica que hace para avisar a la policía de la desaparición de los 2 niños. Y, para remate, escucho una conversación mantenida 8 días después de aquella visita al parque en la que intenta ligar de una manera patética y adolescente a una antigua amiga cuya posibilidad de relación tiene guardada entre sus emociones desde hace años. Ya hay que tener ganas de “pillar cacho” apenas una semana después de que tus hijos estén siendo buscados por todo el mundo. La madre, angustiada, todo el país en un “ay” y el padre dedicado a trabajar su papel de don Juan barato y de pacotilla. Lo dicho: patético. A él le han caído 40 años. A ella, cadena perpetua.

¿No es una pena que la mayoría de las noticias que nos alimentan giren en torno a tipos patéticos? Ya escribí aquí hace unas semanas sobre Francisco Javier Guerrero, un individuo que se sube a un furgón policial camino de la trena con una sonrisa que parece que va a estallar en carcajada. Como si el asunto fuera una juerga, vamos.

No me gustan, nada, los tipos vulgares convertidos en noticia. Porque las noticias suelen ser malas y los tipos, a los que se ve, mentirosos. Y de los mentirosos, no me fío. Y de los mudos voluntarios, menos.

 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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