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Nº Parados 21/04/2018

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3422551
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3766700

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Hoy os ofrecemos en nuestro blog las reflexiones del joven periodista David Sobral sobre el mundo de la comunicación en general y del periodismo en particular. Cómo afrontan los nuevos titulados los retos de un sector, como muchos otros, en crisis, que deja pocos resquicios a la esperanza. Sin embargo nuestro colega apuesta por el trabajo y la ilusión como única opción posible para conseguir que al final, todo salga bien. Los sueños, dice David, hay que perseguirlos.

Mi futuro profesional, en el lugar y el momento precisos

Hoy os ofrecemos en nuestro blog las reflexiones del joven periodista David Sobral sobre el mundo de la comunicación en general y del periodismo en particular. Cómo afrontan los nuevos titulados los retos de un sector, como muchos otros, en crisis, que deja pocos resquicios a la esperanza. Sin embargo nuestro colega apuesta por el trabajo y la ilusión como única opción posible para conseguir que al final, todo salga bien. Los sueños, dice David, hay que perseguirlos.  

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Atraviesas esa puerta, llegas a un lugar de grandes dimensiones, al menos mayores que las de los lugares a los que estás acostumbrado, tu corazón late fuerte de emoción, te brillan los ojos y tu cara quiere dibujar una sonrisa tonta que no puedes evitar. Te diriges al auditorio, te dicen que dentro de cuatro años volverás a estar ahí sentado pero para salir a la calle y ser el futuro de una profesión. Después de ese gran momento te hacen entrar en una de las aulas y un profesor te dice que todavía estás a tiempo de salir de clase, que el futuro que te espera es complicado. Así es el primer día en la facultad.



Uno se va a casa ese día con dudas pero, a pesar de ello, triunfa ese pensamiento de “me voy a comer el mundo”. Te dedicas cuatro años a trabajar duro para terminar cuanto antes y utilizar todo ese conocimiento en tu futuro laboral. Te dicen que empieces a hacer cosas por tu cuenta pero crees que tienes suficiente con los cientos de trabajos para clase, con los exámenes y con mantenerte informado de lo que pasa en el mundo a diario.

Ya está, te dan un papel que dice que eres periodista, aunque algunos dicen que eres más “comunicólogo” que otra cosa. En tu casa están orgullosos porque tienes un título universitario y eso para tu familia es algo importante. Aunque la alegría dura poco porque no encuentras trabajo y las becas que pides para hacer prácticas no salen.

Tú quieres hacer un máster porque, reconozcámoslo, tienes “titulitis” aguda. Quieres títulos, papeles que digan que eres esto, que has estudiado lo otro y estás capacitado para aquello. En el fondo sabes que eso poco importa porque tener un ciento de títulos no te hace mejor trabajador. El problema es que la sociedad sufre del mismo mal y cuando te presentas a alguna oferta eres el primer descartado. En ese momento te recuerdan que sois cien los que tenéis el mismo papel en tu comunidad de ese año, pero que otros cien del año anterior tienen un máster, y los del año previo tienen, además, cinco cursos muy interesantes.

¿Qué hago? Me siento un poco fracasado, ¡pero sólo tengo 22 años! He vivido en una verdad a medias. Me habían dicho que el camino no era fácil, pero también me habían contado que si estudiaba duro y terminaba la universidad tendría oportunidades. Hablo de oportunidades dentro de aquello que he estudiado.

Un amigo te dice que empieces algo tú sólo, un blog. La idea te parece buena, al fin y al cabo es algo en lo que invertir tu tiempo y siempre puedes aprender algo de la experiencia, pero tienes que elegir un tema, no eres un medio de comunicación, eres una sola persona.

Abres Google y te dispones a sudar. Blogs de información general, de política, de moda, de literatura, de música… Un momento, ¡música! ¡A mí me encanta la música! Pero al mismo tiempo soy consciente de que quiero hacer algo diferente, algo que no sea lo común. ¿Por qué me va a leer alguien a mí si hay miles de personas que hacen lo mismo que yo?

Y también sabes que de alguien que ha estudiado periodismo se espera algo “serio”, y es que esa es una palabra que a veces tiene contenido propio, nada más lejos de la realidad.

Eres un gran amante de los países nórdicos, de su cultura y, especialmente, de su música. No hay nadie que escriba en español sobre ello y decides que eso será lo que tú hagas. De ahí sale www.nordpop.com.

En casa ven que estás en el ordenador escuchando  música en idiomas que ni les suenan de la radio y entienden que estás perdiendo el tiempo. Tú, que eres constante y te gusta hacer las cosas bien por muy pequeñas que sean, te lo terminas tomando como un trabajo más. Empiezas a descubrir que sabes cosas que otros desconocen y al mismo tiempo comienzas a aprender otras muchas.

Tienes un proyecto propio, muy modesto, pero serio. Es serio porque vuelcas en él tu esfuerzo, tratas de hacerlo con responsabilidad para ser creíble, para que cuando le pidas a alguien una entrevista te tomen, al menos, en consideración. Eso ya es bastante para ti.

Es muy complicado que de un día para otro puedas trabajar en algo relacionado con tu profesión y que, además, sea haciendo algo que te apasiona. Cuando tienes la suerte de poder hacer algo que te gusta aunque, como en este caso, no sea más que tu esfuerzo propio nacido de una gran afición, la palabra trabajo desaparece de tu diccionario. Empiezas a experimentar el placer de hacer algo que quieres hacer. Y cuando ves que hay respuesta de la gente sientes algo que es difícil de explicar. No es vanidad, es ganas de seguir esforzándote para obtener los mejores resultados sin buscar un Pulitzer.

Los suecos lo llaman “lagom”. Viene a ser algo así como el punto justo, el trabajo bien hecho, no para destacar sobre los demás, sino para dar lo mejor de uno mismo y contribuir al grupo.

No sabes, no sé, cuándo podré trabajar haciendo algo que me apasione de verdad. Como un buen amigo me recordó un día, “si lo puedes soñar, lo puedes hacer”. Sólo hace falta perseguirlo y luchar por ello. Eso y estar en el lugar adecuado en el momento preciso.

Mi nombre es David Sobral, y soy consciente de que ahora es momento de demostrar que soy alguien válido porque un título universitario no implica nada. El camino será largo y duro, pero los sueños hay que perseguirlos, siempre siendo realista, siempre con los pies en la tierra.

No hay que luchar contra los demás, tampoco contra uno mismo, hay que luchar por dar lo mejor que uno lleva dentro aunque no siempre salga bien.

David Sobral
Periodista
www.nordpop.com

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