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Nº Parados 17/07/2018

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Este primer lunes de marzo, nuestra compañera María Díaz dedica su columna "Los lunes al sol" a la entrega de los Oscar, celebrada esta madrugada pasada en Hollywood. La periodista reflexiona sobre el papel del cine comprometido que denuncia problemas aún actuales como el de la trata de seres humanos, mientras nos acostumbramos a ver en los informativos dramas como la guerra de Siria sin que nadie haga nada.

La realidad se viste de oropeles

Este primer lunes de marzo, nuestra compañera María Díaz dedica su columna "Los lunes al sol" a la entrega de los Oscar, celebrada esta madrugada pasada en Hollywood. La periodista reflexiona sobre el papel del cine comprometido que denuncia problemas aún actuales como el de la trata de seres humanos, mientras nos acostumbramos a ver en los informativos dramas como la guerra de Siria sin que nadie haga nada.  

En Hollywood acaban de repartirse, como han podido, las famosas estatuillas de los Oscar. Todo con mucho glamour y con mucho estilo. A mí, aquellas señoras me provocan mucha envidia porque tienen todo aquello de lo que yo carezco: tipo, estilo, fama y dinero. Algunas son, incluso, bellísimas, como por ejemplo Lupita Nyong’o, que me parece un crack. O Cate Blanchett a quien cualquier cosita le queda bien, aunque ella no  va nunca con cualquier cosita. Por cierto, las dos se fueron como triunfadoras de la gala. Aunque a veces dudo de que sean tan felices como parecen, sobre todo cuando veo a algunas tan operadas y tan estiradas. ¿Esa es su esclavitud? ¿Permanecer atadas a una supuesta edad que ni siquiera te crees cuando las ves tan artificiales? ¡Viva Judi Dench! Esa mujer sí que ha sabido admitirse a sí misma con sus arrugas y todo y eso sí que es triunfar en la vida. Fundamental.



Algunos se acuerdan en sus discursos de cómo está el mundo. O de cómo estuvo. De la esclavitud, del racismo que no parece terminar nunca, de Ucrania o de Venezuela. Y es que fuera de Hollywood hay mucha película mala con guiones rancios. Pero éstas no son para verlas en el cine, o en la televisión, que llegarán. Éstas son carne de informativos, foco de desgracias, realidades patéticas que van manchando la historia del mundo. Por ejemplo, Crimea. Fea historia que poco promete. Sus protagonistas están empeñados en pegarse a puñetazos como si la humanidad no hubiera progresado y en vez de estar en el siglo XXI estuviera por allá por el cromañón. Los rusos y los ucranianos llevan ya muchos años intentando ponerse de acuerdo sobre este “terreno” y ahora el enfrentamiento se ha puesto especialmente duro. Ésta es una película que no me gusta, pero que no tiene fácil arreglo. Suena a vieja, quizá cobrara sentido en blanco y negro, pero está ahí, en pleno 2014, convertida en un polvorín nada prometedor.

Los conflictos son las peores “películas” que nos llegan. Dejan víctimas inocentes por doquier porque a los que mandan les gusta más una guerra que la convivencia y porque a esos, a los que mandan, el sufrimiento ajeno se la trae al pairo. Veo niños morir de hambre o bajo bombas; mujeres suplicar por un techo mientras se cruzan un desierto; padres que lloran a sus hijos y, de paso, toda su desgracia. Y pienso que no hay hombre que le ponga un final feliz al dolor de la ausencia. Con Tarantino es gracioso, porque está llevado al extremo para recordarte que el cine, al fin y al cabo, es una mentira. O no. Decía anoche Lupita (déjenme que la llame así, es que me parece una amiga) que la felicidad que le está reportando esta película es a costa del sufrimiento que padecieron muchos por defender sus derechos. Lágrimas de felicidad las suyas conjugadas con lágrimas de lamento de quienes se quedaron en el camino porque el hecho de ser negros los convirtió en esclavos. La esclavitud aún existe: desde la trata de blancas hasta el racismo.

Los conflictos también ponen en juego las vidas de quienes se han empeñado en narrárnoslos, en acercarnos de manera real lo que en otros tiempos hubieran sido rumores de peleas. Uno de los nuestros, Marginedas ha sido liberado después de 6 meses de secuestro. De los de aquí, españoles quiero decir, dos reporteros siguen retenidos contra su voluntad en Siria. La compañera de unos de ellos, Mónica, es la viuda de Julio Fuentes, un hombre que también se dejó su vida en una lucha inútil. Ya ven, el sufrimiento de allí también nos afecta aquí. Aunque quizá sólo se nos salten las lágrimas cuando un yanqui nos venga con una película bien hecha, a cargo de actores con talento. Porque los informativos, me temo, ya empiezan a dejarnos fríos con tanta desgracia.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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