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Nº Parados 26/05/2018

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Nuestros lectores opinan.Recogemos en nuestro blog un artículo de Luis que el próximo lunes empezará a trabajar después de un duro periodo en el paro. Aunque debe ser un motivo de alegría encontrar trabajo en los tiempos que corren, en ocasiones la experiencia vivida no nos permite disfrutar de ese logro. Eso es lo que nos viene a relatar hoy Luis en su presencia en el blog. A pesar de sus sentimientos, nosotros le deseamos lo mejor y le damos la enhorabuena.  

“¿Habrá vida después del paro?”, me pregunto a mí mismo, hoy día en el que, después de casi tres años parado, vuelvo de nuevo a trabajar.




Es un antes y después, en la vida de toda persona. Este es mi relato, después de que, desde febrero de 2008, me quedara parado. Y por parado se entiende a pararse del todo. Bajarse del tren de vida que llevamos en ese momento. Así que ¿quién nos devuelve el billete de nuevo para poder estar en ese vagón, en ese tren? Como dijo un compañero mío de la mili, “cuando te bajas de ese tren, ya llegas tarde a todos los demás trenes”.


Yo era un muchacho que sin tener una titulación alta hacía un trabajo muy bien remunerado. Creo que no me equivoqué en creer que debía, ya que tenía ese momento exitoso, ganas y edad para hacerlo, meterme en todo lo que pudiese. Así que antes de quedarme en paro, me compré un coche, me metí en una casa de cooperativa, saque un par de tarjetas para comprar cosas para la casa de alquiler y disfruté del momento.

Algunos familiares, amigos, conocidos me han dicho que ya sabían que me iba a pasar, porque parece ser que el que despilfarra la paga, pero debo decir en mi defensa que en qué momento se podría saber que podría pasar este fenómeno meteorológico tan complicado y enmarañado de cosas tan difíciles de comprender como que lo que haya pasado con unos seguros de vida o algunas hipotecas basuras de Estados Unidos, llegaran a dejarme en paro y dejaran en paro a más de cuatro millones de personas solo en España.

Es solo una comparación pero qué me diríais si al momento de comprar una casa os dijeran, ” ten cuidado que el día 31 de Diciembre del año 2030 se te va a caer la casa porque va a llover durante tres días seguidos y te llegara el agua hasta el tejado”. ¿Creéis que alguien se compraría entonces una casa? Sin embargo, todos queremos nuestro hogar. Yo tengo una niña que nació justo unos meses después de quedarme parado. ¿Acaso es que no quiero un hogar para mi familia?¿Es que no me lo merezco?


Pero lo que deseo comunicaros y disfrutar del momento, hasta que dure, es que el lunes que viene empiezo a trabajar de nuevo. Y aunque, como os digo, debería estar muy contento, no logro estarlo del todo.


Después de que me quedara parado, mi economía también se quedó parada. Mi mujer ya estaba desempleada antes y no tenía ingresos. Yo tuve desempleo por un año y medio y después la ayuda tan famosa. Hasta tuve suerte y pude disfrutar de la ayuda por tener un hijo. Pero tener un pozo de agua no es lo mismo que tener un manantial. El agua no se agota. Mi pozo se secó. Y mi pozo estaba hipotecado, como todas las cosas están en este país, cuando te expulsan de ese tren que os comenté y ya no puedes volver a retomarlo.

Así que día a día, me encontré con que la casa en la que me metí, nuestro hogar, no se construía porque la cooperativa se venía a pique y por consiguiente, no devolvían el dinero hasta pasados cinco años, según los malditos estatutos. Todavía queda un año para que se cumplan los cinco años y no hay ni siquiera un trozo de tierra movido.

Día a día he tenido que soportar tener que ir a los juzgados para discutir en declaraciones que no tenia ingresos con nomina, ni bienes que embargar. Pasando la vergüenza de aquellos que de verdad sí roban a los demás. Teniendo que hablar con el banco para contarles mi vida porque no encontraba trabajo y no tenía nada que poder ingresar. Y por supuesto, tener que recurrir a los familiares que ,gracias a ellos, hoy no están mi mujer y mi hija debajo de Dios sabe dónde y yo seguramente, bajo tierra, llorando mi pena en otro lugar.


Y ahora que al fin voy a tener un billete nuevo, cogeré el tren, miraré por la ventanilla y estoy seguro que mirando por el cristal, me diré a mí mismo, ¿Por qué no soy feliz? Muy simple. Tan simple como que cuando pasen dos, tres o a lo mejor menos meses, días tal vez, recibiré una notificación de alguien diciéndome que me van a quitar un tanto por ciento de la nómina.

Otra vez empezaré a tener que negociar con los del banco que cada vez que me ven pasear por el centro de la ciudad, me miran como si de verdad les debiera el dinero a ellos en vez de a la entidad. Porque no nos equivoquemos, en este país no hipotecas tus bienes, tus gastos, tus cargos, en este país hipotecas tu vida, tu familia, tu destino.


Tan solo me queda la alegría de que, poquito a poquito y si esto dura, ahora estoy seguro que seré más huraño, más ahorrador. Sobre todo tendré presente cuantos días, tantos días “esperando al Sol” . Soñaré, mientras cojo el tren que me lleva al trabajo, que algún día cuando todo esto acabe, si es que acaba, de verdad crea firmemente que la vida es algo más que montarme en el tren. Que algún día el tren parará y yo llegare a una estación, mi estación.

 

Luis

 

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