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Nº Parados 25/09/2018

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En esta columna de Los Lunes al Sol, la periodista María Díaz ha construido un puzzle con alguno de los personajes y de las noticias que han ocupado las portadas de los telediarios, los periódicos e incluso, en algunos casos las tertulias callejeras que son las que a nosotros nos gusta. En este caso, todos tienen un elemento en común, como bien indica el título del artículo pero quizás vosotros podáis aportar algún elemento más.

De la importancia de saber para qué vale un bolsillo

En esta columna de Los Lunes al Sol, la periodista María Díaz ha construido un puzzle con alguno de los personajes y de las noticias que han ocupado las portadas de los telediarios, los periódicos e incluso, en algunos casos las tertulias callejeras que son las que a nosotros nos gusta. En este caso, todos tienen un elemento en común, como bien indica el título del artículo pero quizás vosotros podáis aportar algún elemento más.  

Creo que en este año que llevamos de relaciones ustedes y yo ya les he confesado alguna vez que la menda no sabe conducir. Carezco de esa parte del cerebro. Quizá alguno de ustedes hasta opine que carezco de cualquier parte del cerebro. Se lo admito. Pero esa que rige la sección exacta dedicada a llevar un automóvil, de esa, tengo certeza absoluta. No por ello dejo de ver y admirar a los pilotos de fórmula 1. Adoro a esos locos en esos locos cacharros. Disponen de personalidad, narices y audacia. Y, si me apuran, de dinero. Ya se que Fernando Alonso ha sido muy criticado por su agrio carácter, pero, qué quieren que les diga. A mí me parece que hay que tener mucho valor y muchos testículos para triunfar en un deporte que en este país mirábamos de lejos…cuando lo veíamos. Alonso ha traído a España no sólo el conocimiento de una disciplina, si no el amor por ella. Si él, de paso, se llena los bolsillos, mejor que mejor. Olé.



Como mi más grande olé a Juan José Padilla, que eligió por oficio el de matar toros. Al margen de que nos gusten o no, hay que reconocer que el trabajo tiene bemoles por muy bien pagado que esté llegado a ciertas esferas. Como los que tienen quienes se enfrentan a los morlacos en el ruedo. Padilla es un señor. Me han hablado muchas veces de él y con agasajos. Y ahora se encuentra inmerso en una difícil batalla que no anuncia buenos tiempos para su futuro profesional. Apenas puede hablar, el cuerno de un astado le ha dejado paralizada media cara, con lo que eso supone. Pero ha conseguido decir que seguirá en esto aunque sea como un pirata. Es decir, con un parche en un ojo. Lucio Sandín también se enfrentó a esa cuita hace ya casi 30 años. Pero es cierto que los toreros están hechos de otra pasta y no le arriendo yo la ganancia al que apueste por que Padilla está acabado. Es hombre de nobleza y fondo, muy querido por sus compañeros. Y esa es su mejor garantía.

Otros torean en el ruedo de la vida y, en cuántas ocasiones, esta llega llena de sorpresas. Si tuviera que destacar alguna noticia de esta semana, todas tendrían que ver con los bolsillos. Pero no con los de la ropa, no. Por cierto, que nunca olvido aquel consejo que me daba mi madre de que nunca me comprara ropa sin bolsillos. Ella decía que porque resultaba más cómodo tener siempre cerca un hueco donde meter las manos…Cuando asistí al primer concierto de Julio Iglesias ( en la tele ¿eh?) me di cuenta de qué me hablaba. Pero a lo mejor iba con segundas, y a estas alturas de la vida me tengo que arrepentir de no haber seguido tan sabia recomendación. Por un lado, en Dinamarca aumentan la tasa sobre los productos con grasas saturadas en un intento de limitar su venta. Por otro, nos recuerdan que hay más de 1.400 millones de personas que viven en la pobreza en el mundo (hasta en una famosa serie de dibujos animados han incluido un personaje que forma parte de una familia necesitada) y, por último, atiendo a una noticia que me estremece y que no se cómo mirar: unos padres obtienen el divorcio de su hija en coma a pesar de la negativa del marido. Me planteo quién es el dueño de nuestras vidas cuando nosotros no lo somos. Y si en esas condiciones, una decisión u otra puede afectarnos. Me pregunto a cuánto está el cariño verdadero y qué es lo que contaba puntos en esta batalla… y llego a una triste, tristísima conclusión: el dinero. No porque la afectada lo tenga, trabajaba de dependienta en una zapatería, sino porque no hay desgracia accidental que no venga unida a un porrón de billetes. Y ahí, posiblemente, esté el problema. Sea lo que sea, solo espero que la verdadera víctima de esta guerra, esa que respira postrada en una cama, sea querida y cuidada mientras le dure el aliento. A mi, hay que semanas que no me llega para nada. El aliento, digo.


María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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