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Nº Parados 19/06/2018

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La periodista, María Díaz, se refiere a una de las polémicas "políticas" de la semana, la protagonizada por el Presidente del Congreso de los Diputados, José Bono y el Ministro de Industria, Miguel Sebastián a cuenta de la dichosa corbata en verano. En esta columna de los Lunes al Sol, su autora nos ofrece su opinión acerca de este asunto que por otra parte, no deja de ser una mera anécdota, ¿o no?, como dirían algunos.

De trajes sin corbata, de trajes con corbata

La periodista, María Díaz, se refiere a una de las polémicas "políticas" de la semana, la protagonizada por el Presidente del Congreso de los Diputados, José Bono y el Ministro de Industria, Miguel Sebastián a cuenta de la dichosa corbata en verano. En esta columna de los Lunes al Sol, su autora nos ofrece su opinión acerca de este asunto que por otra parte, no deja de ser una mera anécdota, ¿o no?, como dirían algunos.  

Debe ser que en tiempos estivales nos aburrimos más de la cuenta, o que dejamos de preocuparnos por cosas importantes para hacer un sitio a ciertos debates de segunda línea. O no. Lo digo por la segunda línea. Y si no, ahí tienen el ejemplo de las tan traídas y llevadas corbatas. A  Pepe Bono le parecen un símbolo indiscutible de decoro y a Miguel Sebastián un gasto energético.



A mí, en general, la corbata me parece un elemento decorativo que rozaría lo antigüo si no fuera por lo que se ha intentado modernizarlas. Un vestigio de otros tiempos, en el que los afeites masculinos necesitaban de un elemento reivindicador. Entre otros supuestos porque, a mí particularmente, me parece una pieza con clara carga fálica: tapa hasta lo justo, cuelga, los hombres tienden a tocársela y la mayoría de las veces no saben qué hacer con ella…

Llevar corbata es como llevar sombrero o bastón: hay que saber llevarlo. No todo el mundo tiene esa capacidad y hay individuos a quienes llevar corbata no les favorece. No sólo porque no saben cómo darle un sentido si no porque carecen de gusto al elegirlas. Vamos, que un traje lo puede arreglar esta minúscula pieza de tela…pero también puede arruinarlo.

Yo creo en las camisas elegantes y en el convencimiento absoluto de lo que uno lleva puesto. Y en la higiene. Fundamental. Mucha corbata y poco jabón, malo. Y digiero ciertas normas de decoro: no voy a una boda con el pareo de la piscina, lo mismo que no voy a una capea con tacón y traje largo. Luego está el criterio de cada uno. Y el respeto. Posiblemente, el que no tuvo el presidente de la cámara al reprender en público a un ministro que, creo, iba muy digno para la ocasión.

Otra cosa es lo del ahorro energético. Me está costando entenderlo, pero he preguntado por ahí a la gente que sabe de esto y me han confirman la mayor. En realidad es hacer virar el sentido del viaje: si nos vestimos más fresquitos valoraremos que en oficinas, bares, lupanares y demás espacios público el aire acondicionado no pase de 26 grados. Claro que, para mis entenderes, lo que da calor no es la corbata, si no el manido traje, que se me hace antigüo según que modelos. En siglos pasados, las joyas eran uso exclusivo de los hombres…y esa convención se ha quedado en el camino. Empecemos a pensar que vamos tarde para desligarnos de otras…y que estaría muy bien que los ujieres del congreso llevasen un uniforme de verano transpirable y sin chaqueta. El hábito no hace al monje.


María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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