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Ante el panorama, hay que ensuciarlo todo

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Es verdad que los casos de corrupción llevan muy presentes en nuestra vida desde hace años y lejos de inmunizarnos ante ellos, muchos vamos aumentando nuestro grado de cabreo y no nos resignamos a que después no veamos a nadie en la cárcel por este tipo de choriceos varios.

 

Hace unas semanas, aparecían informaciones sobre el patrimonio de las familias Mas y Pujol en Cataluña. Sin entrar al fondo de la cuestión, lo cierto es que se trata de noticias que han cobrado actualidad por el debate soberanista en esta comunidad pero el asunto viene de lejos sin que esté clara la repercusión penal que hayan tenido o tendrán esos negocios.

 

Sólo unas semanas después, sí conocíamos la resolución judicial del caso Pallerols que implicaba a dirigentes de Unió Democrática de Cataluña, socios de los anteriores, en el cobro de unas subvenciones europeas destinadas a cursos para desempleados. Y no pudieron ser más frustrantes las conclusiones porque un acuerdo extrajudicial permitió la devolución del dinero y una condena que es suficiente para que sus responsables no acaben entre rejas.

 

El mecanismo del ventilador ya se había activado. Y puestos a recuperar asuntos antiguos, reaparece la figura del ex tesorero del PP, el sr Bárcenas y desvelan el famoso asunto de los sobres que presuntamente él repartía entre dirigentes populares. Siempre según las informaciones de El País y El Mundo, no vaya a ser que ahora nos manden a nosotros a los tribunales por hacernos eco de las investigaciones publicadas por otros. Este caso era viejo pero se le ha dado un barniz de modernidad que ha colocado al actual partido de gobierno contra las cuerdas.

 

Y como no podía faltar la acción del ventilador sobre el principal partido de la oposición, hemos conocido las “bonitas” actividades de la Fundación Ideas, dependiente del PSOE, en la que una mujer, con seudónimo Amy Martin que cobraba unos tres mil euros al parecer por publicar algunos artículos para esta entidad. Ya el precio sorprende pero lo hace mucho más cuando conocemos que bajo ese nombre, se esconde la mujer de Carlos Mulas, director de la propia Fundación. Todo quedaba en casa.

 

Por si esto fuera poco, hoy mismo hemos conocido que esta mujer fue nombrada directora del Instituto Cervantes en Estocolmo y recibió jugosas subvenciones de los Ministerios de Cultura, Igualdad y Sanidad en los tiempos de Zapatero. Lo cuentan varios medios, entre ellos, el ABC y se me antoja preguntar cómo se pueden conseguir semejantes chollos.

 

Aderezando todos estos casos de comportamientos poco éticos, como poco, de nuestra clase política, sigue retumbando detalle por detalle el caso del duque Em Palma Do. Ya sabéis a quien me refiero. Y no nos olvidamos de los eres de Andalucía, de los trajes de Camps, de los Gurtel, del caso Campeón en Galicia y así toda una infinidad. El ventilador no para de trabajar.

 

Lo peor de todo esto es que ante la aparición de estas noticias, lo lógico sería que todos nos interesásemos en que se investigasen hasta el fondo, que se descubriera hasta el último responsable. Pero nuestros políticos prefieren jugar al “y tú más”. De esa manera, nos entretienen con sus cruces de acusaciones sin que los ciudadanos tengamos al final una respuesta del meollo del asunto.

 

Y la última es la posición de muchos políticos o tertulianos que en algunos casos, viene a ser lo mismo, que pretenden extender el ventilador a todos los ciudadanos. Vivimos en una sociedad podrida, dicen. De esa manera, casi se puede hasta justificar todos estos choriceos. Nos hablan de la economía sumergida, de la gente que hace chapuzas, de los que tratan de salvar un euro en la declaración de la Renta, etc.

 

Y entonces se me despeja la incógnita. ¿No será que la falta de control de la Agencia Tributaria, la Inspección de Trabajo o la Seguridad Social sea intencionada? ¿No será que nuestros gobiernos dejan que los pobres ciudadanos chuleen unas migajas porque ya se llevarán ellos la barra de pan completa? Si uno defrauda un euro a Hacienda, ¿ya está justificado que otros señores se lleven millones de euros a Suiza? ¿o que algunos hagan chapuzas sin factura para sobrevivir hace menos grave el expolio de las arcas públicas que han perpetrado algunos?

 

Y por eso, me gusta dejar claro que la mayoría de ciudadanos cumplimos con nuestras obligaciones, la mayoría tributamos lo que nos corresponde. Una mayoría creemos en el esfuerzo personal siempre que nos dejan ejecutarlo. No es verdad, en mi opinión, que vivamos en una sociedad podrida. Quizás vivimos en una sociedad sin los controles demasiados, pero el sufrimiento de miles de personas, o millones, no merece este tipo de discurso del que algunos nos quieren convencer. Un discurso que se suma a aquel en el que se culpa a los ciudadanos de la crisis “por haber vivido por encima de nuestras posibilidades”, según dicen.

 

Javier Peña
Director Portalparados.es

 

 

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