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Nº Parados 15/10/2018

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3202509
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3490100

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Como cada lunes, la periodista María Díaz nos acerca sus reflexiones en "Los lunes al sol". Hoy nuestra compañera dedica su columna al actor fallecido ayer en accidente de circulación, Alex Angulo, un profesional y una persona excepcional. Descanse en paz.
 

Alex, eras y eres

Como cada lunes, la periodista María Díaz nos acerca sus reflexiones en "Los lunes al sol". Hoy nuestra compañera dedica su columna al actor fallecido ayer en accidente de circulación, Alex Angulo, un profesional y una persona excepcional. Descanse en paz.    

Sé que todos nos morimos. Lo aprendí hace años, aún joven, con la muerte de mi madre. Un dolor que aún me dura. Lo veo cada día, con guerras infames que siegan vidas sin criterio. Veo niños que ya no respiran sujetados por los brazos temblorosos de una madre o un padre que no sabe dónde colocar su duelo. Me asomo a Gaza por esa ventana que es la televisión y asisto a lamentos que nunca debieron tener un sitio. Todos nos morimos, pero todas las muertes no son iguales.



Hoy lloro la muerte de un buen amigo. Alguien a quien quiero aún a sabiendas de que ya no le veré más. Un tipo tan pequeño como enorme que me ha dejado una huella indeleble en el corazón y en la vida. Me llamaron ayer a media tarde para decírmelo: ha muerto Alex Angulo. Se ha dejado la vida ahí, el borde de una carretera en un domingo que maldeciré el resto de mis días. Veo como todos comentan, porque Alex se hacía querer y me enorgullece. Y es que Alex era, y es, maravilloso. Me hizo reír, me enterneció, me emocionó cuando me hacía partícipe de sus cosas. Tenía una vida maravillosa, era un hombre sincero que no se escondía de nada. Amaba lo que hacía y no cabalgaba sobre la fama como un star. Me lo he encontrado en el metro, me he ido con él al teatro, hemos quedado a comer para contarnos las alegrías y las penas.

Alex era, y es, grande, muy grande. Sencillo, humano. Contabas con él para todo. Si te tenía que decir que no, le penaba pero te lo explicaba. Le gustaba la risa, la gente buena, su oficio y la vida. Y amaba, por encima de todo, a su mujer y a su hija. Sus dos pilares, su fuerza. Las primeras noticias me hablaron de que ellas también iban en el coche. Cuando vi la foto del vehículo me asusté aún más. Me he dejado parte de mi corazón en un arcén en Fuenmayor porque he tenido la suerte de conocer en esta vida a personas tan inmensas que, cuando se van, me dejan llorando en compensación de todas las alegrías que me dieron.

Pero, ¿saben una cosa? Con cada mordisco que me da la muerte por los lados me refrendo en algo: que algunos no se van nunca. No se van porque la memoria los mantiene vivos en nuestra mente, en nuestros recuerdos y en nuestro corazón. Ya no hablaremos con ellos. Al menos con respuestas. Y con todo, siguen ahí. Porque han dejado un rastro en cada momento que compartieron con nosotros.

Así que Alex, hasta luego. Ahora será todo de otra manera. Pero será. Te seguiré contando cosas y recordando. Y dándote las gracias por cada minuto compartido. Valió la pena, tímido y cálido vasco, gran actor donde los haya, excepcional ser humano. Aquí nos quedamos muchos rotos por el dolor de saberte lejos. Aquí nos quedamos en un mundo que, a ratos, no nos gusta. Aquí nos quedamos hasta que nos toque reunirnos de nuevo. Donde sea. Brindaremos y reiremos. Es lo que hemos hecho casi siempre.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

 


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