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Nº Parados 21/11/2018

SEPE
3254703
EPA
3490100

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Es algo que uno puede intuir, siempre tener un espíritu optimista facilita cualquier objetivo que persigamos en la vida. Las personas que lo ven negro todo de antemano salen ya derrotadas de antemano por su actitud. Además ahora lo refrendan unos estudios científicos realizados por las universidades norteamericanas de Duke y Yale. Sus autores, sobre todo, se refieren a aquellos que buscan trabajo los primeros años después de haber acabado la carrera pero quizás se pueda extrapolar a otros colectivos. Y es que en la vida cuenta tanto la aptitud como la actitud.  

La investigación consideró a 350 alumnos de MBA desde que entraron al curso. Entonces, les hicieron tests sicológicos para medir su optimismo y saber cómo iban con su búsqueda de trabajo. Los monitorearon cada seis semanas y dos años después de haber concluido el MBA.



El estudio que publica el diario chileno La Tercera, demostró que los optimistas encontraron trabajo antes, con búsquedas menos intensas que sus pares pesimistas, y que dos años después de haber egresado habían ascendido antes que los demás.

“Una razón simple es que son mejores y por eso tienen mejores expectativas de sí mismos, pero no es así”, dice el profesor de la U. Duke y coautor del estudio David Robinson.

De hecho, explica Robinson, los optimistas no tenían las mejores notas, aunque sí otras características: habían evaluado las amistades como lo más importante que habían obtenido del MBA, por sobre la posibilidad de tener un mejor empleo, y eran los más carismáticos.

¿En qué los ayudó ser así? Aunque según Robinson es difícil identificar qué hace a una persona optimista, esta es una actitud que se crea a temprana edad y que permite responder mejor al feedback negativo, es decir, hace que para una persona sea más fácil enfrentar problemas y ser flexible al intentar nuevos cursos de acción. “Además son personas más entretenidas y es más fácil relacionarse con ellos”, explica el experto.

En todo caso, si no se es naturalmente positivo, vale la pena parecerlo. En el estudio, los que fueron percibidos por sus pares como optimistas, a pesar de no autodefinirse así, también obtuvieron algunas de las ventajas competitivas de los que ven siempre “el vaso medio lleno”.


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