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Vivir haciendo trampas

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Nos ha venido la semana cargada de trampas, de engaños, de tahúres. Hace ya mucho que les dije que esta gentuza a mí no me gusta. Al que no viene de frente no hay que darle la espalda. Aunque, a veces, estos individuos no están a tu alcance. Así que no puedes evitarlos, pero tienes que sufrirlos.

Cuando se te empiezan a desmoronar los mitos, como Lance Amstrong, la cosa no tiene gracia. Ensucian algo que debería, fíjense que digo “debería”, ser loable e impoluto. Y te planteas si necesitas saber más. Ahora han caído todos bajo sospecha e imagino que la jugada a Amstrong le va a salir relativamente bien. Porque lo primero que me he preguntado es porqué hablaba y lo siguiente que me he respondido es que se trata de una “aviso a navegantes”. Al estilo mafioso. Un “como me toquéis los cataplines tiro de la manta y organizo la mundial. Aquí me tienes sin cortarme un pelo”. Así que a ver cuántos empiezan a cantar ahora antes de que otros los señalen y a ver cuántas bocas se callan para que no lleguemos a conocer a fondo la mierda que se ha movido en algunas esferas. Porque el ídolo, el tipo que nos enardeció cuando cogía una bicicleta ha salido tramposo de narices. Lo cuenta con una lágrima, pero no suena a penoso si no fuera porque le han pillado. A partir de ahí, una pone en duda muchos logros del ser humano, mientras se va lamentando por las esquinas. Desde hace unos días Amstrong es el Milli Vanilli del ciclismo. Pero, a lo que se ve, no caminaba solito por los circuitos.

Y de lo de Bárcenas, ¿qué me dicen?. ¡22 millones!. Intenten imaginárselos sobre la mesa de casa, eso sí, en billetes de a mil que, si no, no caben. Pero ¿cómo se hace uno con tanta pasta? ¡Pero si yo hay días que no tengo ni 22 euros!!!. Hace años, un amigo mío, Chumy Chúmez, me contaba un chiste que tenía que ver con el asunto: dos ancianos millonarios charlan animadamente y, en un momento dado, uno le dice a otro “desde luego, en este mundo sólo existe una manera de hacerse millonario honradamente” y el otro le responde “¿sí? ¿cuál es?”, a lo que el primero añade “ya sabía yo que tu tampoco la conocías”. No quiero decir con esto que todos los ricos hayan hecho sus fortunas con trampa alguna, pero 22 millones resultan sospechosos. Así que tengo verdadero interés en que alguien desenrede esta madeja, porque si el camino que le llevo a este señor a forrarse es copiable estoy que me pongo a ello. O mejor no. Porque mientras supuestamente ocurrían estas transacciones que engrosaban los bolsillos de unos pocos, espero que de ninguno, algunos políticos del mismo partido se jugaban el tipo en el País Vasco por cuatro puñeteras perras. Eso sí que es loable. A muchos, los dejaron en el camino. Otros han vivido en “ay” durante años.

El asunto es que estos dos tahúres formaban parte de entramados complejos y me llama la atención, y me pregunto: ¿cuántos hacen falta para mover el juego sucio en estos trusts de la estafa? Cuantos más sean, más fácil es que les pillen, digo yo. Y ¿son listos porque se forraron o tontos porque se dejaron pillar? ¿Hay que mirarles con admiración por haber logrado conseguir tener esas sumas de dinero en sus cuentas corrientes o despreciarles por recurrir a trucos? ¿Los alimentamos como ídolos o los pisoteamos como villanos?

Mientras me lo voy pensando, seguiré leyendo la prensa sin prisa y leyendo entre líneas. Que aquí hay mucho tomate y va a dar para mucho guiso. Eso sí, a ver cuántos caen con esta farsa.


María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

 

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