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Nº Parados 18/10/2018

SEPE
3202509
EPA
3490100

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Hoy nuestra columna de Los Lunes al Sol, o para ser más precisos el artículo de la periodista María Díaz, está dedicada a las vacaciones. Es verdad que en la situación en la que nos encontramos, algunos no nos podemos permitir ni siquiera salir a la vuelta de la esquina pero algunos podrán permitirse una escapada a su pueblo o hacer alguna excursión a algún destino cercano y barato.

Siempre positivo, nunca positivo

Hoy nuestra columna de Los Lunes al Sol, o para ser más precisos el artículo de la periodista María Díaz, está dedicada a las vacaciones. Es verdad que en la situación en la que nos encontramos, algunos no nos podemos permitir ni siquiera salir a la vuelta de la esquina pero algunos podrán permitirse una escapada a su pueblo o hacer alguna excursión a algún destino cercano y barato.  

A estas alturas del año, el Ministerio de Asuntos Exteriores tiene a bien hacer un repaso de los países que no recomienda como destinos turísticos para un mortal que huya de la aventura innecesaria y, si me apuran, del riesgo inútil. Lamento que haga falta que nos indiquen la poca idoneidad de ir a Libia, por ejemplo, porque mi sentido común algo me indicaba. De mi bolsillo, ni les hablo.



Cierto es que con todo, reconozco que me llevo las manos a la cabeza cuando la prensa me anuncia un muerto patrio en un lugar lo suficientemente peligroso como para sólo imaginármelo como escenario de un rodaje bélico. ¿De verdad hay alguna agencia de viajes en el mundo que te gestione un billete a un país en conflicto? ¿te examinan en un frenopático previamente? ¿somos capaces de practicar turismo en lugares a los que deberíamos ir a tender nuestra mano en vez de a ejercer de curiosos?

Con la que está cayendo, más nos valdría mirar a nuestro alrededor y recurrir a escapadas en nuestra península. La crisis quizá nos ayude a descubrir la cantidad de rincones hermosos que nos rodean, a tratar con gente con los pies en la tierra que apostó por pueblos pequeños para solventar las cargas económicas que no podían resolver.  Yo apuesto por los interiores, porque la masificación de las playas me cansa antes de levantarme de la cama y porque creo en la tierra por encima de todo, aunque confieso que el aroma marino me pone la moral a tono.

Nunca he entendido a los campistas, pero los que conozco, defienden esa manera de viajar con uñas y dientes. Si pudiera, me haría un tour por los hoteles de 2 estrellas del país, pero como mi economía no está para piruetas, apuesto por las escapadas cortas y sin rumbo fijo. Déjense llevar. Miren, escuchen y sientan. E incluso inventen. Cuando oigo hablar a los hijos de los emigrantes políticos que es su momento tuvo nuestra historia, que narran como tenían que inventarse unas vacaciones en familia para que nadie sospechara de dónde vivían ni de si visitaban a las familias en verano porque su cabeza pendía de un hilo, calibro porque hay una generación de “imaginadores” tan importante en esta tierra. Y me gusta mucho la gente que saca punta a sus desgracias para convertirlas en un hermoso viaje a una felicidad inexplicable.

Para mi desgracia no tengo un pueblo familiar al que mirar en estas fechas. Si no, quizá hacía mucho que me hubiera convertido en mujer dedicada al sector primario. Porque sigo pensando que hemos dado la vuelta a nuestras propias alegrías, aferrados como estamos a eso que llamamos vida moderna.


María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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