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Nº Parados 10/12/2018

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En esta columna de "Los lunes al Sol", esta semana hablamos de algunos estudios un tanto absurdos y nada científicos que tratan de demostrar que algunos colectivos son más o menos aptos para desempeñar alguna función en el mundo laboral. El trasfondo de muchos de ellos están absolutamente trasnochados y no hace falta más que ver la realidad para darse cuenta de ello. La periodista María Díaz ofrece su particular visión sobre ellos y también espera vuestras aportaciones...

Pero, ¿quién decide qué es aptitud?

En esta columna de "Los lunes al Sol", esta semana hablamos de algunos estudios un tanto absurdos y nada científicos que tratan de demostrar que algunos colectivos son más o menos aptos para desempeñar alguna función en el mundo laboral. El trasfondo de muchos de ellos están absolutamente trasnochados y no hace falta más que ver la realidad para darse cuenta de ello. La periodista María Díaz ofrece su particular visión sobre ellos y también espera vuestras aportaciones...  

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Lo reconozco: en asuntos laborales, e incluso en otros asuntos, me molesta que me señalen, me tipifiquen y me incapaciten. No sé quién ni con qué autoridad ha decidido que las rubias somos tontas, que las mujeres no podemos dirigir empresas o que si te falta una pierna no eres apto para el trabajo. Hace años leí un estudio realizado en una sesusa universidad americana que había concluido que la inteligencia de las mujeres era inversamente proporcional al tamaño de sus pechos. Vamos, que para valorar tus conocimientos lo que había que hacer era conocer la talla de tu sujetador. Con pautas así, en una sociedad que dice quiere progresar, creo que no vamos a ningún sitio.



Por si fuera poco, el otro día me topo con otro de estas fantásticas investigaciones. Las mujeres, como siempre, salimos perdiendo. A lo que se ve, no reunimos las condiciones necesarias para ponernos al frente de una empresa. Pero ¿quién ha decidido seguir creando minorías en este siglo XXI? Yo pensaba que eso de que el varón heterosexual sin discapacidad reconocible había dejado de ser mayoría y que otros colectivos comenzábamos a tener vela en este entierro. Pero alguien sigue perdiendo el tiempo en descalificarnos si no estamos en este grupo original. Se olvida de que las mujeres han sacado adelante un órgano tan complicado de organizar como la familia y que llevan ya mucho demostrado desde que la llamada sociedad moderna nos permitió – por decir algo- expresarnos en sociedad y ser competitivas. Vale ya de tanto desprecio al que se sigue considerando diferente. Así no crearemos nunca nada, ni avanzaremos ni tendremos un porvenir. Todavía recuerdo cómo hace no tanto, la lista Forbes incluía en su lista de millonarios a un varón cuya fortuna adjudicaba al hecho de haberse casado con una multimillonaria. ¡Pero en la lista figuraba él y no ella!!!.

Con otros colectivos, también hemos caído en la calificación y, por ende, en el oprobio. Todavía marcamos con una cruz y despreciamos al que no tiene manos, nació con síndrome de down, se maneja por la vida con una silla de ruedas o similar. ¡Vaya! Todavía seguimos pensando que no tienen “capacidades” porque la naturaleza dejó en evidencia sus discapacidades. Si es por eso, discapaces somos todos. Denme a mí un trabajo manual y se lo demuestro ipso facto. O la resolución de un problema arquitectónico. O póngame a fabricar anillas. Cada uno tiene que saber para qué vale, cuáles son sus posibilidades de optimización, sus cualidades, las condiciones innatas a las que le puede sacar partido o las que puede aprender según sus particularidades. Pero escuchemos a todos y construiremos. Y construir siempre es positivo.

Valoramos entre poco y nada el esfuerzo de los que más garra le ponen a la vida. Ahí están, sin ir más lejos, los espacios que los medios de comunicación dedican a las olimpiadas y a las paraolimpiadas. ¡Cómo si correr con unas piernas ortopédicas fuera moco de pavo! Yo alucino viendo a Bolt correr. Tanto o más lo hago cuando veo a alguien a quien la vida se le puso cuesta arriba lanzarse a una piscina y nadarse unos largos que yo no me hago ni de lejos. Puestos a señalar taras, les aseguro yo que todos tenemos de sobra. A algunos se les notarán más y a otros menos. Pero, por favor, que el que esté libre de pecado tire la primera piedra.



María Diaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

 

 

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