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Nº Parados 20/09/2018

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3182068
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Hoy, en su columna semanal de "los lunes al sol", la periodista María Díaz reflexiona sobre las desigualdades sociales y económicas que vemos cada día, allá donde miremos, y que se hacen cada vez más patentes y dolorosas por culpa de la crisis. Nuestra compañera se plantea las diferencias entre solidaridad y caridad, para concluir que es necesario que los más favorecidos luchen contra esa desigualdad, porque algunos se forran gracias a la desgracia ajena.

Pedir para otros y forrarse

Hoy, en su columna semanal de "los lunes al sol", la periodista María Díaz reflexiona sobre las desigualdades sociales y económicas que vemos cada día, allá donde miremos, y que se hacen cada vez más patentes y dolorosas por culpa de la crisis. Nuestra compañera se plantea las diferencias entre solidaridad y caridad, para concluir que es necesario que los más favorecidos luchen contra esa desigualdad, porque algunos se forran gracias a la desgracia ajena.  

Hace muchos años le escuché decir al entonces entrenador del Athletic de Bilbao, Luis Fernández, chupa chups en boca y refiriéndose al Real Madrid y al Barça: “que ellos jueguen su liga y nos dejen a los demás jugar la nuestra”. Normal. Los dos clubes invertían en comprar futbolistas de élite dinerales ingentes mientras el resto de equipos peleaban la camiseta en el campo trabajando la cantera y apostando por la formación de chavales en futbolistas de primera. En aquel entonces, los dos equipos señalados caminaban en la liga con muy buena puntuación y lejos del resto, a los que se merendaban , por lo general, cada vez que coincidían en el terreno de juego. Vamos, que la liga carecía de emoción porque estaba ganada de antemano por los que gozaban de parné. Daba gusto ver jugar a todos, pero salían como apisonadoras a jugar y la cosa carecía de gracia. Eso sí, de deudas hasta arriba. Que aquí vamos al estadio a hacerles la ola pero no somos capaces de reclamarles que abonen lo que deben para que el gobierno nos rebaje los impuestos a los ciudadanos de a pie.



Ahora llega un televidente generoso y coherente y le reclama a una repelente presentadora (para mi gusto, reconozco que se me hacen insufribles su programa y ella) que ya que gana tanta pasta haciendo show de la miseria se enrolle un poco y ceda algo de su abusivo sueldo. ¿Y qué alega ella? Que ha ayudado a mucha gente. Lo que está claro, es que, con lo que gana, podía ayudar más. A mí me resulta vergonzoso que para echar una mano a alguien que lo necesite le hagamos humillarse en ese escaparate público que es la televisión.

Estas cosas no se hacen así. Bastante tienen aquellos que cargan con una desgracia, sea del tipo que sea, como para que encima tengas que mostrar tu dolor ante España a ver si aparece un alma caritativa que te eche una mano. Mientras te van contando que la conductora del espacio se está forrando el bolsillo con las miserias de los otros. Vaya mundo televisivo más cutre estamos alimentado. A ver si, con un poco de suerte, 4 ó 5 espectadores por día consiguen sacarle los colores a una señora que parece que ha sabido poner la distancia justa entre su cometido y su trabajo, como si la cosa no fuera con ella. No puede ser que para ayudar a los que lo necesitan haya alguien llevándose la pasta. Aquí está todo equivocado.

Vamos, que también aquí hay dos ligas: la de segunda, esa a la que pertenecen los que tienen que aparecer en pantalla, desgracia en mano para que haya programa; y la de primera, de la presentadora, que no sólo no hace falta si no que estorba para poner en pie el espacio, que se va enriqueciendo al ritmo de los lamentos ajenos. Curioso: sin los primeros no hay programa y sin la segunda, sí. Como la liga. Si no juegan todos, Madrid y Barcelona poco tendrían que rascar. Menos mal que aparece Simeone y empieza a tocarles las narices a los poderosos. Me gustaría que me contaran que muchos “simeones” van a reclamar televisivamente que la miseria no hace falta llorarla en público para que la que salga ganando sea la presentadora de turno.

A mí no me gusta la caridad, si no la solidaridad. Creo que todos podemos trabajar por un mundo mejor con poner un granito de arena, pero sin gritarlo ni pavonearnos. No me gusta ver, cuando salgo a la calle, tanta desigualdad. Porque tengo la sensación de que a muchos les viene bien alimentarla, su poder reside ahí, en sentirse superior. Ya ven que juego tan mal distribuido. El problema es que ellos no pueden jugar su propia liga sin afectarnos a nosotros, porque de las desgracias de unos vienen las riquezas de otros.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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