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Nº Parados 18/07/2018

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Los Lunes al Sol.La semana pasada os comentábamos que quizás se repita el éxodo de muchos trabajadores españoles a Alemania, a semejanza de lo que ya ocurrió en la década de los 60. Sin embargo, no es el único hábito que estamos recuperando por la crisis económica que nos afecta. En su columna, María Díaz hace referencia a otra de esas costumbres que vuelve: la famosa tartera, o el tupper, como prefiráis llamarlo.

Mirando a los 60

Los Lunes al Sol.La semana pasada os comentábamos que quizás se repita el éxodo de muchos trabajadores españoles a Alemania, a semejanza de lo que ya ocurrió en la década de los 60. Sin embargo, no es el único hábito que estamos recuperando por la crisis económica que nos afecta. En su columna, María Díaz hace referencia a otra de esas costumbres que vuelve: la famosa tartera, o el tupper, como prefiráis llamarlo.  

Me hablan y me hablan de la “cultura del tupper” y no se yo si están empezando a llamar “cultura” a cualquier cosa. Para empezar, yo que soy muy ibérica, prefiero llamar a los objetos por su nombre y en mi casa, de toda la vida, a esa fuente de plástico con tapadera le hemos dicho “fiambrera”. No tiene color.

En los años 60 la fiambrera era un elemento de uso común en la vida doméstica de cualquier españolito medio…y no tan medio. ¿Quién no tiene dibujada en su memoria una buena tortilla de patata o un filete empanado rodeado de plástico por todas partes, menos por una, cuando abríamos el anhelado envoltorio para disfrutar del condumio?
Después se convirtió en un objeto denostado, en la aparente evidencia de una mala economía familiar, el algo feo que convenía no enseñar y hasta esconder. Pero la crisis nos ha hecho volver de nuevo la vista a los 60 y valorar un 600 como el mejor coche del mundo y una fiambrera como el imponderable elemento para disfrutar de una comida en condiciones.

6 de cada 10 españoles comen fuera de casa. Partimos de la base de que, mientras en el resto de Europa a la hora de “papear” se están marchando todos a casa hasta el día siguiente, aquí nos queda media jornada laboral por cubrir. Aboguemos, por de pronto, por la jornada continúa. Además, los menús estarán ajustados pero 12 euros diarios son muchos euros. Si no, transformen en pesetas y piensen. Así que no tengo duda alguna que despejar de porqué las modas de los 60, incluida la tartera, han regresado al uso común de los mortales.

Podríamos hablar igualmente del currículo vitae que se le puede sacar a algunos aceites en tabernas de difícil calado. Yo me he llegado a comer una tortilla francesa que me trajo recuerdos de unas sardinas y de unas butifarras ancestrales. Para que luego digan que comer fuera de casa es malo para la salud. ¡Con lo bueno que es para la memoria!

Defendamos la fiambrera, abrazemos lo nuestro en estos tiempos que corren, devolvamos el filete empanado a su lugar y sigamos pensando que como en casa, en ningún sitio. Y si no es en casa, que lo parezca.



 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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