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Nº Parados 22/09/2018

SEPE
3182068
EPA
3490100

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En los últimos días, el máximo responsable de Cepyme, Jesús Terciado ha propuesto la creación de un nuevo contrato para jóvenes que cobrarían el Salario Mínimo Interprofesional para adquirir formación y experiencia en el mercado laboral. Esta iniciativa que aparece de vez en cuando en los titulares de las ruedas de prensa de la patronal, ha coincidido con un estudio en el que el 14 por ciento de los desempleados españoles se muestra dispuesto a trabajar sin remuneración, al menos en los primeros momentos en una empresa....  

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La voracidad de algunos por eliminar poco a poco los escasos derechos que aún quedan para los trabajadores no tiene límites. Y de vez en cuando se lanzan a modo de globo sonda algunas propuestas cuyo objetivo va en esa misma línea. De esa manera, testan lo que opinan los ciudadanos sobre ella antes de que se convierta en una realidad.



 

Es verdad que hace un mes aproximadamente, la Comisión Europea ha instado a los gobiernos a impulsar un plan que permita la inserción laboral de los jóvenes en el mercado de trabajo, de tal manera que no pasen más de cuatro meses desde que terminan sus estudios hasta que logran un empleo, aunque sea en precario.

 

La ecuación podría parecer sensata en un país que tiene una tasa de desempleo juvenil superior al 50 por ciento. Se les ofrece un contrato por cuatro duros, adquieren experiencia que es una de las principales dificultades para entrar en el mercado laboral y todos contentos. Los empresarios porque tienen mano de obra barata y los jóvenes porque salen de ese círculo vicioso del que hablamos muchas veces. Todo muy bonito.

 

Lo que ocurre es que la realidad después se impone y hay que estudiar cuidadosamente las consecuencias de estas medidas. Y aquí entra el resultado de la encuesta sobre el número de españoles que están dispuestos a trabajar sin remuneración, una expresión poco afortunada porque si es trabajo debe contemplar un salario y si no, hablamos de otro tipo de expresiones que pueden oscilar entre la eufemística “colaboración” hasta la esclavitud, directamente.

 

Aunque muchos os echéis las manos a la cabeza con razón sobre esa encuesta, es mucho mejor que seamos conscientes de esa realidad de absoluta competencia desleal de quienes se muestran dispuestos a trabajar gratis. Hay sectores, como el de los medios de comunicación, en el que es una práctica habitual entre los becarios que no reciban ni una pequeña gratificación con tal de mantenerse en un puesto que debiera ser pagado.

 

En este contexto, implantar un plan de empleo juvenil con sueldos muy baratitos, incrementaría la competencia desleal hacia los trabajadores de una mayor edad que ya tienen enormes dificultades para encontrar un puesto de trabajo. Estoy convencido de que muchas empresas utilizarían la medida para sustituir a sus actuales trabajadores, con sueldos “normales”, por este otro tipo de contratos a precio de saldo.

 

Ayer en una intervención radiofónica un abogado especialista en el mercado laboral, como Adolfo Sagardoy, se mostraba partidario de establecer todo tipo de limitaciones para evitar esos abusos. Y claro, sigo pensando que eso sería ideal, sería como vivir en el país de las maravillas de Alicia. Pero de repente, despierto del sueño y recuerdo la realidad de nuestros empresarios dispuestos a saltarse todos esos límites sin ninguna clase de pudor. Recuerdo la cantidad de jóvenes que se pasan años y años como becarios, realizando funciones que corresponderían a un trabajador contratado. Y en ese momento, me cierro en banda y rechazo la propuesta.

 

Lo primero que debería de funcionar para acometer una medida de esas características es que funcionara la Inspección de Trabajo para velar contra los abusos. Y después, nos tendríamos que asegurar que esos contratos baratitos para jóvenes no suponen sustituir a otros trabajadores con mayor experiencia pero más salario. Y ya de paso, deberíamos impedir que los jóvenes pudieran jubilarse con ese salario que al paso que vamos, tampoco me extrañaría.

 

En realidad, la propuesta de Cepyme pretende retomar el asunto de los minijobs en Alemania, con la diferencia de que aquí en España, como hay un Salario Mínimo Interprofesional que no existe en el pais de Merkel, no se puede pagar eso por un contrato a jornada completa. Y es que insistimos que los minijobs son contratos a jornada completa en tierras germanas. Y los estudios, realizados por instituciones muy poco izquierdosas, como la Fundación Bertelsmann o el Consejo de Colegios de Abogados alemanes, indican que no se han convertido en una puerta de entrada al mercado laboral, como sostienen algunos, para después optar a un contrato en condiciones. La realidad es que aquellas personas que empezaron con minijobs finalizaron con minijobs y necesitaron que el Estado les ayudase con diversas ayudas sociales.

 

Por todo ello, y a modo de conclusión, mejorar la posibilidades de que los jóvenes se incorporen al mercado laboral sí pero nunca a costa de precarizarlo aún más, de afectar negativamente a otros trabajadores y con un compromiso claro para evitar abusos.


Javier Peña
Director Portalparados.es

 

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