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Nº Parados 23/07/2018

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Esta columna de Los Lunes al Sol podríamos decir que es la primera navideña del año a pesar de su título y si os preguntáis porqué, debeis averiguarlo en su lectura detenida. De cualquier forma, se avecina ese periodo en el que se supone que todos somos "más felices y mejores personas". La periodista María Díaz nos habla de publicidad pero también de las fiestas que ya se nos aproximan...

La publicidad, ja, ja

Esta columna de Los Lunes al Sol podríamos decir que es la primera navideña del año a pesar de su título y si os preguntáis porqué, debeis averiguarlo en su lectura detenida. De cualquier forma, se avecina ese periodo en el que se supone que todos somos "más felices y mejores personas". La periodista María Díaz nos habla de publicidad pero también de las fiestas que ya se nos aproximan...  

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Con los tiempos modernos llegaron las prisas y la falta de tiempo. Llegaron también los anuncios rápidos creados con ingenio. Pequeñas películas que nos permitían hacer viajes vertiginosos en apenas 20 segundos. Los de antaño, siguen teniendo magia aunque sólo sea porque el blanco y negro siempre ha rozado lo poético. En el camino, verdaderas obras de arte, plagadas de inteligencia y detalles. Aún recuerdo al Mono Burgos surgiendo de una alcantarilla para celebrar que el Atlético de Madrid regresaba a Primera División. O una mano asomando por la ventana de un coche. O un automóvil pasando raudo y veloz delante de un bar de carretera a cuyo propietario le dejaban cantando una sintonía pegadiza que sólo recobraba sentido cuando te incorporabas al viaje de los viajeros de marras. Lo dicho muchos y buenos. Y caros, por supuesto.



Si hay una temporada en la que la publicidad se vuelve plomiza y reincidente es ahora, cuando la navidad de va arrimando a nuestras vidas. Y si ya hace muchos años que estas fiestas me resultan voraces, con la crisis, mi desprecio hacia estas celebraciones se ha agudizado. Y los anuncios tienen mucho que ver con ello. Se incita a la compra de juguetes a niños que ni siquiera saben dónde pasarán estas fiestas. Se acentúan las diferencias, se invita a presumir de posibles, se habla de tiempos felices que ya no existen…Ahora es cuando deberíamos mirar hacia otros lados y educar a los nuestros a huir de caprichos innecesarios. Mi madre nunca tuvo un juguete en Navidad: apenas alguna castaña y unos piñones. Pero entonces la tele no bombardeaba con idearios de lujo inaccesibles y lo que era, era. No se competía con los obsequios de los Reyes Magos porque en esa sociedad de postguerra pocas opciones había. Y mi madre recordaba aquellas fechas como algo especial.

Para más i.n.r.i. me sonroja saber que el anuncio de la lotería nacional, esa a cuyas participaciones y décimos nos agarramos en un intento de salir de pobres, de alejarnos de la miseria cada vez más amenazante, ha costado la friolera de 1.000.000 de euros. Se lo pongo en letras por si acaso: un millón de euros. Y me resulta vergonzoso, ¡qué quieren que les diga!. La lotería, o un cachito de ella, la vamos a intentar comprar todos aunque sea con esfuerzo. Para eso no hace falta tirar ese dinero. Dinero que bien podría haber ido destinado a un fin social en condiciones. Porque yo sigo viendo gente durmiendo en la calle, niños que no tienen para cuadernos, familias amenazadas de desahucios a la vez que la iluminación navideña de las ciudades se van recargando de colores. Y no sé, no sé. No sé si habría que plantearse que en estos tiempos las ilusiones no deberían ir acompañadas de alharacas y que lo que tenemos hay que repartirlo de otra manera. Aprovechemos el instante para acercarnos a los que queremos, dejémonos de hipocresías con los que no son nuestros amigos y, sencillamente, compartamos lo que tenemos, incluido el tiempo. Y los gastos en luces, en publicidades y en fastos que vayan esperando. No me gustan unas fiestas que inciden en la diferencia de clases. Porque no me gusta la diferencia de clases. Menos, cuando el sistema parece empeñado en ayudar a los ricos y humillar a los pobres. Porque una sociedad así, me parece a mí, no camina hacia ningún sitio. Y yo vivo el presente con intención de disfrutar de un futuro. ¿Y usted?



María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

 

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