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Nº Parados 20/05/2018

SEPE
3335868
EPA
3796100

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Cuando conozcamos las estadísticas del paro en los servicios de empleo durante el presente mes de octubre, sabremos un número pero la diferencia es que en esta ocasión, podemos poner cara a una de las mujeres que se ha dado de alta en su oficina correspondiente. Se trata de la ex directora de la Caja de Ahorro del Mediterráneo, la CAM, Maria Dolores Amorós que fue despedida por parte de los administradores del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) que dirigen la CAM desde que fue intervenida el pasado 22 de julio por el Banco de España.  

Seguramente esta mujer tenga el mismo derecho que cualquier otro a inscribirse en el paro, incluso a cobrar la cuantía máxima de la prestación por desempleo, unos 1.400 euros que le sabrán a bien poco después de haberse aprobado para ella misma una pensión vitalicia de 369.497 euros que finalmente le fue anulada.



Ni qué decir tiene que ese era el premio que se autoimponía por su gestión al frente de esta entidad que desde luego, parece no demasiado acertada, por decirlo suavemente. Y no es que lo digamos nosotros que poco sabemos del asunto, lo dicen los hechos, esos que nos hablar de la necesidad de intervención de la entidad.

De cualquier manera, tampoco vamos a hacer mayor sangre con esta mujer porque ella representa la punta del iceberg de lo que han sido muchas cajas de ahorro en este país. Mientras nuestros gobernantes alardeaban al principio de la crisis de tener práticamente el mejor sistema financiero de Europa, nos hemos encontrado con un enorme pufo en esas entidades que han estado gobernadas por políticos, fundamentalmente.

Y ese ha sido el problema. Las Cajas de Ahorro han estado al servicio de la política, se han metido en inversiones desastrosas, como la construcción de aeropuertos que no sirven para nada, grandes parques temáticos que nunca se llegaron a construir o fueron una ruina económica y en definitiva, a cualquier capricho que se le antojase al gobernante de turno.

Claro que ahora muchos le echan la culpa al “ladrillo” que naturalmente ha tenido una repercusión importantísima en nuestras cajas y bancos pero en esta vida, todo suma y lo anterior era demasiada adición (con una sola c) para levantar cabeza en los tiempos que corren.

Y encima hemos conocido en los últimos días esas indemnizaciones que sus dirigentes se marcaban con el beneplácito de unos consejos de administración que o no se enteraban de nada o eran conscientes de los “servicios prestados”. Fuese de una manera u otra, habría que pedir responsabilidades a los mandatarios pero también a quienes formaban parte de un organismo de control que hizo de todo menos controlar. Un puesto así no debe servir únicamente para cobrar dietas, hay que trabajar.

Por supuesto que algunas han funcionado comme il faut y se han visto obligadas a tirar del carro de otras en peor situación financiera pero en este caso la norma han sido las desastrosas, y la excepción las coherentes con lo que debe ser una entidad financiera.

Lo cierto es que de esta situación, no se libra ninguno de nuestros grandes partidos. Podemos mirar cajas ruinosas en gobiernos de unos y de otros, por más que ahora se lancen pedradas unos a otros. Sin embargo, y si os dáis cuenta, lo hacen de un modo ligth, amagando pero sin demasiado interés en abrir la caja de pandora.

Nunca sabremos hasta qué punto se malgastó el dinero de las cajas, nunca veremos a nadie en el banquillo por ese motivo. Me hace gracia escuchar como los dos partidos se escandalizan por las indemnizaciones millonarias, se hacen cruces diciendo que eso es inadmisible pero ninguno ataca la raiz del problema. Y ese meollo es que algunos deberían pagar judicialmente por lo ocurrido pero claro, eso podría afectar quizás a un miembro de esa casta política o sus satélites.

Al final, además del desastre y de la falta de culpables con nombres y apellidos, perderemos de nuevo los ciudadanos. Las cajas de ahorro conformaban el único sistema crediticio público con lo que se supone que debían tener una mayor conciencia social en sus actuaciones, de hecho debían de tener un porcentaje de sus beneficios destinados a la obra social. Ahora, reconvertidos en bancos, ya veremos cómo se comportan pero nos lo podemos imaginar.


Javier Peña
Director Portalparados

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