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Nº Parados 21/08/2018

SEPE
3135021
EPA
3490100

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Tras los datos que conocimos ayer de la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al último trimestre del año, se ha reforzado la idea de que ya no sólo es complicado conseguir un contrato indefinido sino que empieza a ser un milagro si se consigue un empleo a tiempo completo. Los trabajos a tiempo parcial que fomenta la última Reforma Laboral, han sido la principal novedad de un año en el que España ha vuelto a destruir empleo.

2013, el año del empleo a tiempo parcial

Tras los datos que conocimos ayer de la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al último trimestre del año, se ha reforzado la idea de que ya no sólo es complicado conseguir un contrato indefinido sino que empieza a ser un milagro si se consigue un empleo a tiempo completo. Los trabajos a tiempo parcial que fomenta la última Reforma Laboral, han sido la principal novedad de un año en el que España ha vuelto a destruir empleo.  

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Analizar lo que está ocurriendo en el mercado laboral es cada día más complejo. Hasta hace unos años, bastaba con saber si el número de desempleados subía o bajaba cada mes, en el caso de las oficinas de empleo, o cada trimestre, en el caso de la EPA, para saber si las cosas iban mejor o peor.



Ya hace algún tiempo, descubrimos que lo importante no era el número de personas que se inscribían en las oficinas de empleo porque su reducción puede obedecer a otros factores que no son necesariamente haber logrado cubrir una vacante laboral. La escasa utilidad que tienen para los desempleados, explica que muchos eviten esa responsabilidad de sellar una demanda cada tres meses y poco más.

Enseguida los economistas nos indicaron que lo importante era fijarnos en el número de cotizantes a la Seguridad Social porque es un indicador mucho más fiable de los contratos que se producen en este país. Y durante unos meses, comprobamos que se podría dar la paradoja de que bajase el paro y el número de inscritos en ese organismo. Todo un contrasentido que se explica por lo expuesto en el punto anterior y por la emigración de muchos españoles fuera del país.

Cuando parecía que habíamos encontrado el truco para analizar con mayor fiabilidad el estado de nuestro mercado de trabajo, llega la realidad y vuelve a tumbar cualquier estadística fiable. Ya no basta con saber si la Seguridad Social tiene más personal inscrito porque cuenta lo mismo una persona con un empleo indefinido, a tiempo completo que aquella otra que ha trabajado un solo día, o unas pocas horas.

Explico todo esto porque nos enfrentamos a un año en el que el gobierno ha vaticinado que tendremos creación de empleo neto. Quizás desde el primer trimestre. Pero por desgracia, ni siquiera eso aliviará la situación de los afortunados que encuentren un pequeño hueco en este mundo de las empresas.

Y no es que lo diga yo. El comisario europeo de Empleo, Laszlo Andor sorprendió a muchos al manifestar que “desafortunadamente, no podemos decir que tener un trabajo equivale necesariamente a un estándar de vida decente” en países, como España, debido a la proliferación de contratos temporales y a tiempo parcial. Dicho de otra manera, antes nos agarrábamos a un puesto de trabajo para solucionar nuestros problemas económicos y ahora ni siquiera es así.

Seguramente mucho de vosotros, podéis corroborar lo expuesto por el dirigente europeo. A otros, os gustaría comprobarlo porque sería señal de que os ha llegado una oportunidad, por muy precaria que ésta sea.

Hay sabios de pacotilla que defienden que lo mejor es repartir el poco trabajo que haya entre todos, aunque sea a base de este tipo de contratos parciales. Y puede que si no existiera esa posibilidad legal, el número de desempleados sería a estas alturas mucho mayor. Pero nuestros políticos deberían velar por una vida digna de sus ciudadanos.

Ya que les gusta sacar el ejemplo de Alemania a algunos, podemos comentar que allí, siete millones de personas trabajan en los famosos minijobs cuyos ingresos distan mucho de permitir alguna alegría. Por eso, el gobierno del país contempla una ayuda que se llama Hartz IV que complementa esos bajos salarios de tal manera que un ciudadano pueda mínimamente pagar su alquiler o hipoteca, los gatos de luz, calefacción, etc.

En resumen, puede que no nos quede más remedio que repartir el poco trabajo que haya pero las ayudas públicas deberían adaptarse a esa nueva situación. Ahora mismo, los servicios sociales están desbordados por familias con extrema necesidad, incluso alguna de ellas con trabajo. Las pegas para ayudarlas son tremendas.

Si realmente el gobierno de Mariano Rajoy quiere que los ciudadanos perciban esa mejoría, no sólo debe arbitrar medidas para fomentar el empleo que desde aquí, modestamente le hemos pedido, sino que debe contemplar estas nuevas situaciones que requieren de ayuda para salir adelante. Hay quien pensará que eso son mamandurrias pero socialmente, será una inversión más que rentable para recuperar el consumo privado en España y el empleo.

Y ya puestos que ponga en marcha un plan contra la pobreza infantil que ya hasta los responsables de la Unión Europea dicen estar preocupados por este problema.

 

 

Javier Peña
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