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Nº Parados 19/11/2018

SEPE
3254703
EPA
3490100

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Sin duda vivimos en una sociedad extraña en la que la edad y la experiencia condiciona negativamente a la hora de optar a un puestos de trabajo. Muchos de vosotros sabéis de lo que hablamos porque lo estáis viviendo en vuestras propias carnes. Sin embargo, y a pesar de las dificultades, no hay que arrojar la toalla porque tenemos que rebelarnos contra ese modelo social en el que con 50 años, ya parecen querer aparcarnos. Recogemos hoy un reportaje publicado por el Diario de Navarra en el que muestran dos casos de personas que han logrado trabajar a esa edad. El mensaje es claro: Trabajar a los 50 es difícil pero no imposible.  

Todos sabemos de las dificultades que tienen algunos colectivos para reincorporarse al mundo laboral y entre ellos, uno de los que más complicado lo tiene es el que representa a los mayores de 50 años. A pesar de su experiencia y de estar en plenitud de facultades, muchas empresas directamente descartan a cualquier candidato de esta edad. En este reportaje del Diario de Navarra hemos comprobado que, pese a las dificultades, aún es posible buscar trabajo a esa edad:



Se puede. Cuesta mucho. Sufres. Te desesperas. Pero no puedes tirar la toalla. Este mensaje de ánimo lo suscriben ahora los dos, Ángela Etayo Ros, de 54 años, y Vicente Bermejo Santamaría, de 50, protagonistas de una experiencia dura: buscar un empleo en la “madurez” de la vida profesional. Pero no siempre lo vieron de manera tan optimista. Los dos han encontrado trabajo.

Sin embargo, por separado, no dejan de utilizar para este proceso de búsqueda calificativos como “humillante”.

“Pocas veces en mi vida me habré sentido tan mal como cuando, durante una entrevista de trabajo,escuché desde una salita que tenía la puerta entreabierta cómo me despreciaban por mis años” Ahora ríe cuando lo relata, pero admite que prácticamente lloró cuando oyó al que podría haber acabado siendo su jefe diciendo que no daba el perfil por la edad. “No le dije nada cuando me dio una excusa cualquiera, pero me fui a casa muy herida. Querían a una niña de veintitantos y se habían encontrado conmigo”.

Al paro con 49 años

Ángela Etayo no sabía lo que era el paro hasta que con 49 años engrosó sus listas. Residente en Villava, casada y con dos hijos, había trabajado antes durante 18 años en una oficina como administrativa y después, como autónoma, 15 al lado de su marido en un comercio de prensa y papelería. “La crisis nos obligó a que yo dejara la tienda. De enero a septiembre, me fui al paro. Llegué a perder la esperanza de volver a trabajar”. Según comenta, se sintió “enormemente menospreciada” por su edad. “No miran si eres profesional o no. Te ven mayor y te descartan”. Felizmente, ese calvario pertenece ahora a su pasado. A través de una amiga que se jubilaba y confió en ella, encontró su actual empleo: cuidadora de un autobús escolar del colegio público de Beriáin. “Son 8 horas a la semana, pero estoy encantada. Los niños son muy alegres. Todos los días cantamos canciones. Les ponen unas letras que no sé de dónde sacan… (ríe)”.

Una edad… “delicada”

A Vicente Bermejo Santamaría su paso por el paro le recordaba a un reloj de arena que se iba vaciando. Su pareja, Idoia, estaba embarazada y él sentía la obligación de encontrar trabajo con mayor fuerza si cabe. Trabajador de la construcción, “oficial de primera”, especifica, se encontró con que el sector había congelado su actividad justo cuando el empleo de su pareja les obligó a mudarse desde Burgos. “Echaba curriculum por las obras y en todas me decían que no cogían a nadie. Que bastante tenían con mantenerse. En las ETTs me advertían que mi caso presentaba una edad … delicada”, explica.

Su mujer es funcionaria, lo que asegura un sueldo fijo a la pareja. Pero, la hipoteca de su piso en Burgos, que ahora han alquilado; el alquiler de su piso en la Chantrea, en Pamplona; la llegada al mundo de su hijo; y la necesidad de realizarse profesionalmente, empujaban a Bermejo a seguir buscando. “Estar sin hacer nada me deja hecho polvo. Necesito sentirme útil, dinámico, estar ocupado…”.

En esa línea, nunca dejó de moverse. “Me apunté a un taller de empleo de la UGT, al que estoy muy agradecido. A través de ellos encontré mi empleo actual, en Pirotecnia Oroketa, en Esquíroz”. Ayer le renovaron precisamente para un mes más. “No me ha resultado difícil adaptarme. Son cosas manuales en las que, si pones interés, coges el tranquillo rápidamente. Al final, sé qué es esto. Llevo en el tajo desde los 16”.

Compañeros de su gremio no han tenido fortuna o no han buscado con el mismo ahínco. “Conozco casos muy tristes, pero animaría a todos a no perder la esperanza, a seguir luchando”. En todo caso, no quedarse quieto. “Siempre se puede hacer algo más. Los políticos y los trabajadores deberían actuar con esta mentalidad. No dejar de ser constantes. Los empresarios deberían ver que es una pena que haya trabajadores que quieran trabajar, no importa de qué edad, y tengan las puertas cerradas”.


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