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Nº Parados 17/11/2018

SEPE
3254703
EPA
3490100

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El gobierno de Alemania ha anunciado esta semana su intención de expulsar a aquellos ciudadanos comunitarios que lleven más de seis meses en paro en su país. Y aunque nos sorprenda, esta decisión está amparada en la legislación de la UE que pone como condición para los residentes extranjeros en un país de la zona Schengen que tengan medios de vida para no molestarle.

Una Europa unida sólo para lo que interesa a algunos

El gobierno de Alemania ha anunciado esta semana su intención de expulsar a aquellos ciudadanos comunitarios que lleven más de seis meses en paro en su país. Y aunque nos sorprenda, esta decisión está amparada en la legislación de la UE que pone como condición para los residentes extranjeros en un país de la zona Schengen que tengan medios de vida para no molestarle.  

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Mientras hemos disfrutado de las “vacas gordas” en la Unión Europea, se nos ha vendido que era poco menos que el paraíso para cualquier persona que quiera salir de su país para estudiar, trabajar o residir en otro lugar. También se nos vendió que el euro nos iba a proporcionar un bienestar hasta entonces inimaginable para países del sur, acostumbrados a mayores estrecheces que nuestros colegas del centro y del norte de Europa. Son cosas que nos han contado parcialmente porque todo tenía su cara oculta, esa que no es tan brillante como la que nos han mostrado.



Sobra decir que en cuanto llegaron las “vacas flacas”, el euro dejó de ser símbolo de bienestar para convertirse en una especie de foso en el que nos hemos hundido los países más débiles sin contar con la solidaridad de los más poderosos. Sí, se nos ha prestado dinero, eso que se llama rescate, pero se nos ha cobrado con creces. Y encima el interés de esos “rescates” ha sido garantizar que los bancos franceses y alemanes pudieran recibir ese dinero que invirtieron en nosotros.

Y ahora descubrimos también que no es tan sencillo moverse entre los países para buscarse la vida. Podemos utilizar el discurso victimista de “Europa no nos quiere” pero es un recurso demasiado facilón y nada realista. Lo cierto es que cualquier ciudadano de Europa que pretenda residir en España más de tres meses, necesita cumplir con una de estas tres condiciones: tener un contrato laboral, estar dado de alta como autónomo o garantizar que tiene recursos económicos suficientes para vivir aquí junto a la suscripción de un seguro médico privado. Esto ocurre en nuestro país.

Y ahora países, como Alemania o anteriormente, Bélgica, optan por la mano dura y por echar de su territorio a los parados que consuman sus ayudas sociales. Precisamente aquí es donde está la diferencia con respecto a España. Aquí, un ciudadano en  paro sin prestación no tiene derecho a otras ayudas sociales. En esos otros países, sí. Por esos, nosotros no ejecutamos las expulsiones porque no nos cuestan un euro esos residentes mientras que alemanes y belgas sí piensan hacerlo.

El caso es que esa idea de Europa como un lugar en el que se pueden mover libremente personas, bienes y capitales es mucho menos idílica de lo que nos contaron en su día. Los ciudadanos no necesitamos visados ni pasaporte para movernos pero si quieres estar más de tres meses, la cosa se complica. Los bienes se pueden mover pero como se te ocurre ir con tu coche para vivir en Portugal, necesitas realizar tal cantidad de trámites e invertir tal dineral que no te compensa. Y el traspaso de capitales de un país a otro afecta a quienes tengan esa posibilidad.

La conclusión parece sencilla. Una Europa unida interesa sólo a unos pocos. A los alemanes, les interesa tener un mercado de consumidores mayor para vender sus productos pero no están dispuestos a asumir la contraprestación que tiene. Les agrada recibir mano de obra cualificada para cubrir las carencias que tiene su mercado laboral pero en cuanto dejas de servirles, te dan la patadita sin problema.

Europa es un gran mercado y la crisis nos está demostrando que es sólo eso. Fuera de los negocios, cada país defiende lo suyo. A los ciudadanos, se nos ofrecen unos pequeños caramelos como aliciente pero a la hora de la verdad, contamos poco o nada.

Ahora que vienen las elecciones europeas, seguramente los votantes querrán dar una bofetada en forma de abstención o de apoyo a opciones minoritarias. Y en realidad, eso importa poco porque aquí, los que mandan son los de siempre: los señores y señoras del dinero.

 

Javier Peña
Portalparados.es

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