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Nº Parados 20/08/2018

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3135021
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Comenzamos la semana con la columna "Los lunes al sol" de nuestra compañera María Díaz que hoy se hace eco de una de las últimas polémicas políticas, sobre la posibilidad de añadir o no a uno de los leones que hacen guardia a la entrada del Congreso de los Diputados de los atributos masculinos que le faltan. Otra polémica estéril mientras los ciudadanos tienen que seguir haciendo frente a problemas realmente importantes como el paro o la falta de comida para niños de familias golpeadas por la crisis.

Testículos y dinero no son la solución

Comenzamos la semana con la columna "Los lunes al sol" de nuestra compañera María Díaz que hoy se hace eco de una de las últimas polémicas políticas, sobre la posibilidad de añadir o no a uno de los leones que hacen guardia a la entrada del Congreso de los Diputados de los atributos masculinos que le faltan. Otra polémica estéril mientras los ciudadanos tienen que seguir haciendo frente a problemas realmente importantes como el paro o la falta de comida para niños de familias golpeadas por la crisis.  

A mí me parece que muy bien que andemos divagando sobre si hay que ponerle testículos o no a uno de los leones de las Cortes por aquello de que carece de ello. No sé si tomármelo como una manera de distraernos de todo lo que nos está amargando la existencia, como una diversión entre tanto agobio o como una metáfora de la vida: sin cojones (con perdón) no se va a ningún sitio (será la lectura).



De la metáfora también extraigo dolor, porque incide en el hecho cierto de que, laboralmente hablando, poseer bolsa escrotal te abre más puertas que no tenerla. Y te asegura más reconocimiento, mayor posibilidad de progresar en la empresa y mejor sueldo. Ya ves. Te cuelgan unas cosas (o cosillas) entre las piernas y la sociedad te mira mejor que si te cuelgan a la altura del pecho. Si no te cuelgan, siempre tienes más posibilidades. Así que voy a tener que empezar a entender esa fiebre por empalarse y almidonarse el pectoramen de cara a mejorar en el futuro. ¡La madre de Dios!.

De lo que se concluye que hay 3 categorías profesionales: los que tienen testículos, las que tienen pechos que miran hacia arriba, enfrentándose a toda ley de gravedad conocida, y las que tienen pechos que tienden a caer. No se rían. El mercado laboral funciona así. Y los leones que nos esperan a la puerta del Congreso, que responden a los heroicos nombres de Daoiz y Velarde, nos insisten en ello.

No sé si a los leones, hieráticos y hechos a la costumbre, el asunto les aporta algo. Desconozco porque en su momento uno de los leones fue “terminado” y el otro no. El asunto me parecería baladí si no fuera porque me parece ilustrativo y distorsionador. Estoy segura de que todos los que se ocultan en el edificio que presiden los dos animalicos prefieren que hablemos de esta tontería antes que de la falta de testículos que hay dentro. Vamos, que el tema te da para llorar y para reír…y te conduce a un bucle emocional que a lo mejor acaba con uno.

Entiendo que las dos mismas finalidades debe tener otra noticia que me llega: los ricos no pueden dormir. A mí, personalmente, que los ricos no puedan dormir no me quita el sueño. A mí, lo que me quita el sueño es que hay gente que no pueda comer, incluidos muchos niños. Y más aún que algún político que debiera encargarse de que eso no pasara crea que el problema es la mala imagen que da que el asunto se conozca y, lo que es peor, se vea y se evidencie. Como los niños cuando se tapan los ojos y creen que no que no se ve, no ocurre. El problema no es el hambre si no la mala imagen que da, así que no se me arremolinen y disimulen en casa, por favor. Y si se tienen que morir, se mueren. Pero por favor, sin hacer ruido. Ea. Recuerdo lo que contaban de las visitas de Franco a ciudades varias: limpiaban las calles por las que iba a transitar en su automóvil. Y cuando digo “limpiaban”, quiero decir que les pasaban la escoba y la manguera con especial denuedo y se llevaban a los mendigos a otro barrio fuera a ser que la pobreza manchara la imagen del lugar.

Total, que a los ricos las preocupaciones también les desvelan. Sobre todo, porque temen que sus hijos, acostumbrados a lo fácil, se conviertan en unos inútiles para jugar a vivir. Al menos, algún pie tienen en la tierra si alcanzan a esta conclusión. Ahí está Sting que ya ha avisado públicamente, aunque el mensaje era para sus vástagos, que sus hijos no van a ver un euro de su fortuna. Si quieren seguir viviendo como han vivido hasta ahora, que se lo curren. Ya los veo velando por la longevidad de su padre, que mientras él esté en este mundo, protegidos van. Los estudios dicen que el problema suele ser la tercera generación, la que no ha visto lo duro de hacer una fortuna, como aquella que no sabe pelear en la vida, la carente de ilusión e iniciativa. Viva Sting, al que no sólo no le molesta la manifestación de hambre si no que trabaja para que no exista. No para que no se vea.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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