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Nº Parados 19/09/2018

SEPE
3182068
EPA
3490100

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Estamos todos de acuerdo que la construcción y la hostelería han sido los sectores que han sufrido una mayor sangría de parados desde que comenzó la crisis en números totales. Ese impacto tan terrible ha provocado que el desempleo en otras profesiones minoritarias hayan quedado en un segundo plano pero porcentualmente han representado también un duro golpe a quienes han querido ejercer esa labor. Ese es el caso de los periodistas que asisten a despidos, recortes de salarios, precariedad, ERES, etc.  

Ya nadie duda que 2011 ha sido un “annus horribilis” para la profesión periodística. Un informe de la Asociación de la Prensa de Madrid, hecho público el pasado mes de noviembre, cifraba en 4.373 periodistas los que se habían ido al paro durante el pasado ejercicio.



 

A ese terrible número, debemos unir el cierre del diario gratuito ADN que dejó de publicarse hace muy pocos días y la situación de Público y La Voz de Asturias cuya editora ha presentado concurso voluntario de acreedores ante las dificultades económicas a las que se enfrentan. De hecho, los trabajadores no han recibido aún la nómina del pasado mes de diciembre, con lo que están en esa situación en la que ni pueden cobrar del paro ni lo hacen de su actual empresa, algo que os sonará también a alguno de vosotros.

 

A lo largo de los últimos meses, hemos asistido a cierres de numerosos medios de comunicación nacionales, regionales y locales, a un buen número de Expedientes de Regulación de Empleo en otros y en general, a una depreciación de las condiciones de trabajo de muchos profesionales de la información.

 

Ya sabemos que en números redondos puede parecer una cifra muy pequeña si tenemos en cuenta los más de 300.000 desempleados que se han quedado en la calle en España durante 2011 pero es más significativo si os indico que uno de cada cuatro periodistas se ha quedado en el paro desde que comenzó la crisis. Y encima la perspectiva de futuro no es mucho mejor si tenemos en cuenta que cada año las universidades españolas lanzan al mercado unos 3.000 nuevos titulados, muchos de los cuales deberán dedicarse a otros sector porque no es posible absorberlos.

 

Esta es una muestra más de lo alejada que está la Universidad española de las necesidades del mercado laboral. El sentido común marcaría que cada titulación debería tener un número de alumnos en cada promoción adecuado a la demanda de las empresas del sector. Lo contrario representa un gran despilfarro de recursos para que luego esos jóvenes no puedan aplicar lo aprendido durante los cuatro o cinco años de carrera.

 

¿Qué ha ocurrido en los medios de comunicación durante estos años?

 

Obviamente las empresas periodísticas no son ajenas a la situación general y como muchas otras, se enfrentan al descenso de ingresos por publicidad, a la imposibilidad de financiarse a través de créditos a la espera de que pase el temporal, etc.

 

Sin embargo, la crisis del sector incorpora otros elementos importante que explican la gravedad del fenómeno. En primer lugar, la alegría económica de todo el país se ha reflejado en la proliferación, y posiblemente saturación, de los medios de comunicación. Desde la década de los 80, se han incrementado sustancialmente el número de emisoras de radio, de televisión e incluso los periódicos. Esto no ha sido un problema mientras teníamos una tarta de tres o cuatro pisos para repartir entre todos ellos pero el tamaño del pastel se ha reducido y ahora sólo se puede luchar por unas cuantas migajas que han quedado.

 

Uno de los ejemplos más claros de ésto lo representan los medios regionales. Muchos gobiernos autónomos han sustentado su financiación con la teoría de afianzar la información propia de la comunidad frente a la prensa nacional. Eso era lo que se decía públicamente pero en realidad, se usaba la inversión publicitaria para tenerlos atados y bien atados frente al poder regional. Ahora que el grifo empieza a cerrarse por la obligación que imponen los recortes autonómicos, muchas empresas periodísticas han vuelto a su triste realidad, la que impone la falta de tejido económico suficiente en sus territorios para garantizar su supervivencia.

 

Junto a ello, y durante mucho tiempo, los grupos de comunicación han ido creando medios sin estudiar seriamente su viabilidad económica. En el ámbito local, en el que me he movido profesionalmente durante casi 15 años, muchos han sido los empresarios de la construcción por ejemplo que han puesto en marcha periódicos o cadenas de radio. Según los malpensados, lo hacían para “blanquear” el dinero negro que obtenían de la especulación inmobiliaria. Sea cierta o no esta teoría, es evidente que la posesión de un medio de comunicación era un arma de presión frente al poder político para conseguir ventajas notables en tramitaciones e incluso auténticos tratos de favor.

 

En otros casos, el interés era puramente político. Cuando un partido necesitaba un mayor número de altavoces para su mensaje, echaba mano de empresarios afines para que impulsasen algún medio. Esta estrategia se ha usado por parte de formaciones políticas en el gobierno como en la oposición. Poco importaba aquí los beneficios económicos, sino la rentabilidad en número de votos que podían obtener.

 

Todas estas frivolidades se han podido mantener mientras hemos vivido en ese espejismo de nuevos ricos que ha sido este país durante muchos años pero no se podía sostener durante mucho más tiempo.

 

¿Y ahora hacia dónde vamos?

 

La crisis se ha convertido en una especie de vendaval que está arrasando con los profesionales de la información y las empresas en las que trabajan. Hace pocos días, un influyente periodista me comentaba que estamos abocados a propiciar grandes fusiones, y no sólo en las televisiones sino también en la prensa escrita, dadas las dificultades que tienen muchos para sobrevivir.

 

De hecho, en la época del gobierno de José María Aznar, hubo un movimiento tendente a crear un gran grupo multimedia afín al PP que fracasó por el exceso de “ego” de alguno de los intervinientes en el proceso. Ahora parece que se retoma la idea y esos obstáculos del pasado van a desaparecer por la cruda realidad de las cuentas de explotacion.

 

Si se crea ese gran grupo, no es descabellado pensar que los socialistas traten de montar una alternativa que ya intentaron en la etapa de Zapatero. Ellos lo tendrán algo más difícil ahora que prácticamente no gobiernan en casi ninguna institución, un elemento fundamental para este tipo de operaciones empresariales.

 

Pase lo que pase con los medios, está claro que los ciudadanos dispondremos de menos opciones, de menor pluralidad para seguir la información diaria. Parece que estamos abocados a una especie de discurso único, o como mucho discurso dual de la realidad y eso puede ser muy negativo.

 

Por supuesto que las nuevas tecnologías, e internet en concreto, se pueden convertir en un oasis frente a una mayor concentración de los medios tradicionales. Y es aquí donde los periodistas debemos hacer un mayor esfuerzo para reinventarnos como profesionales. Nosotros tenemos el derecho y la obligación de comunicar. Y ahora la ventaja es que internet, al menos por el momento, es una opción incontrolable para los poderes.

 

Escucho a muchos compañeros quejarse de la competencia del llamado “periodismo ciudadano” y creo francamente que es un error. Primero porque la libertad de información y expresión es para todos, y no sólo para los que han estudiado una carrera universitaria. Y segundo porque debemos realizar una reflexión profunda porque el nacimiento de este nuevo modo de contar la realidad demuestra que los periodistas nos hemos alejado de aquellas personas a las que debe llegar nuestro mensaje.

 

Un ejemplo claro son esas tertulias tan habituales en radio y televisión. Escuchar allí a los profesionales de la información es absolutamente predecible, ya se sabe quién va a defender los postulados de tal o cual partido político, todo es blanco o negro. Es más, pocas veces te garantizan asistir asiduamente a ese intercambio de ideas si no estás posicionado claramente en un lado u otro. Incluso el lenguaje que se utiliza es más próximo al de las consignas políticas que al que usaría cualquiera de los espectadores u oyentes que están al otro lado.

 

Los periodistas debemos luchar, pues, por el futuro de esta profesión tan necesaria en cualquier sistema democrático. Debemos apoyar la pluralidad de medios aún incluso en los casos más alejados de nuestro propio pensamiento. Y los ciudadanos también porque el cierre de cualquier medio representa un poco menos de libertad en nuestras vidas.


Javier Peña
Director Portalparados.es
Twitter/JavierPeña

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