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Morir o vivir de rodillas

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Ya lamento tener que insistir en lo mismo, pero este país sigue sin arreglar uno de sus problemas más graves y urgentes: los desahucios. Ha tenido que suicidarse otra persona, una mujer en este caso, para que nuestros políticos se den cuenta de que detrás de cada uno de sus números, esos que no les cuadran, hay una historia de desgracias y lamentos, un llanto imparable, problemas de supervivencia, seres dolidos y mucha necesidad. Los banqueros ponen a la gente en la calle con la alegría de quien sabe que, al fin y al cabo, cobrará lo pendiente. Pero de lo que pase con quienes se quedan abandonados, desprotegidos, desamparados, de esos, no se encarga nadie. Porque a los bancos nunca les importamos. Nada. Sólo quieren nuestro dinero, aunque sea poco. Pero si ya no lo tenemos, darnos una patada es la solución fácil…para ellos.

Y el ciudadano, ese que tiene derecho a una vivienda digna se queda sin nada. No quiso mucho: un techo, sin lujos, para él y los suyos. Pero las cosas han cambiado y las miserias han llegado juntas. Se complicaron los pagos y te quedas sin tus mínimos derechos. No hablamos aquí de mansiones ni de castillos. Hablamos de casa humildes, en las que viven o han vivido familias enteras dándose cobijo unos a otros.

Pero hasta que no han muerto 3 personas, que optaron por esa salida como solución al oprobio, los mandatarios no han reparado en que esto podría ser una plaga. No se puede llamar civilizado a un país que no protege a sus ciudadanos ni inteligente a un gobierno que no sabe qué soluciones poner a estos problemas. Ahora, a los políticos, no les duele tanta desgracia expuesta si no la imagen que estas muertes pueden dar de nuestra patria. Esa a la que no le importamos más que a final de mes o a final de la campaña de hacienda. Por lo demás, que nos den. No lloremos, no lloremos. Si no trabajamos es porque no queremos. Si nos ponemos enfermos somos unos caprichosos y los caprichos se pagan. ¡Queremos hasta una educación digna!. Pero, ¿qué es esto? ¿A quién se le ocurre? Nuestra obligación es dejarnos robar por los bancos y emitir un voto cada 4 años en una urna. Y a partir de aquí, callar y sufrir. Vaya, qué pena: el juego a mí no me gusta.

He visto crecer la democracia en este país y ahora mismo dudo de que el sistema en el que vivo esté a la altura. Porque no permite que los seres humanos que conformamos su población vivamos tranquilos, asomados a la miseria como estamos.

Nota: esta noche he sabido por la radio, que a las familias que reclaman sus derechos a la puerta de una entidad bancaria apenas les han apoyado unas 2.000 firmas. Sigo creyendo que somos un país más solidario que todo eso. Que se nos vea. No firmar en apoyo de estas personas es admitir la derrota. Y nosotros, eso, no deberíamos tolerarlo jamás.


María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

 

 

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