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Nº Parados 21/04/2018

SEPE
3422551
EPA
3766700

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Adelanto un día mi semanal columna para aprovechar la resaca que nos ha dejado este Primero de Mayo en el que los 6.200.000 desempleados en números redondos que conformaron la EPA del primer trimestre, han estado más presentes que nunca en los discursos de los dirigentes sindicales y en las pancartas de aquellos que participaron en las manifestaciones.  

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Empiezo por dejar claro que en mi opinión, los sindicatos deben ser una base fundamental para cualquier estado democrático y por tanto, no participo de esa caza de brujas que muchos ejercen habitualmente desde sus púlpitos. Me parecen básicos, tanto o más que los partidos políticos y el derecho a poder expresarnos y votar en absoluta libertad. No hay más que ver que dictaduras, como la franquista o la de los países comunistas, mantienen un sucedáneo de sindicatos “verticales” que suelen ser funcionarios del propio régimen que no pasan por ninguna elección democrática.



 

Dejando esta base muy clara desde el principio, creo firmemente que en esta época en la que los españoles estamos sometiendo a revisión todas las entidades e instituciones que forman nuestro Estado, también los afiliados de UGT y CC OO deben someter a cambios sustanciales a estas organizaciones que acaban de celebrar sus congresos.

 

Afortunadamente, sus dirigentes parecen haber cogido la bandera del desempleo como eje central de sus discursos en las manifestaciones, celebradas ayer. Y puede sorprender el cambio si aún recordamos que nosotros mismos acudimos a una manifestación en 2010 para recriminarles que eso no estuviera en el primer plano de sus acciones. Ha habido que esperar a los seis millones para que eso se produzca, como si no fuera trágico cuando éramos tres, cuatro o cinco millones.

 

Ahora cambian y ya he comprobado que muchos de vosotros dudáis de las buenas intenciones sindicales. Y lo comprendo perfectamente. Durante muchos años, las cúpulas sindicales han estado más preocupadas de otros asuntos que de los que lo pasaban peor. Han dado la impresión en numerosas ocasiones de defender únicamente a los que tenían la suerte de tener trabajo, y si era fijo o por oposición, mejor.

 

No tienen fácil con esta experiencia cambiar el rumbo. De hecho, y gracias a su actitud, han ido apareciendo movimientos sociales, como el 15M o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca que han recogido las demandas de los sectores que han sufrido más gravemente esta crisis. Tanto es así que las manifestaciones de ayer no contaron con mayor presencia que las convocadas por esos otros grupos.

 

Vamos a suponer que ese cambio va más allá de los discursos puesto que hablar es más fácil que actuar. Los sindicatos deberían cambiar profundamente su mentalidad y hasta sus estructuras para adecuarlas a la nueva situación. Los dirigentes y afiliados de UGT y CC OO deberían estar más en la calle no sólo para manifestarse sino también para escuchar, apoyar y comprender los problemas reales de muchísima gente.

 

El sindicalismo de despacho es necesario pero es francamente inútil si paralelamente, se está tan alejando de la realidad como los que están enfrente. Hay muchos delegados sindicales trabajando a pie de obra con un gran trabajo inmenso pero muchas veces, se encuentran con la incomprensión de sus propias estructuras. Y si encima hablamos de los desempleados, entonces el muro es total y absoluto. Sólo rompiendo ese muro, los discursos tendrán credibilidad.

 

Y ya puestos a pedir, hubiera sido razonable, y hasta muy sano, que ese cambio fuese además de caras. Cada vez está más claro que eternizarse en un puesto no es bueno. Ni lo es en política ni en el ámbito sindical.

 

Por supuesto que todo esto unido a la necesidad de mantener las distancias con el poder político, gobierne quien gobierno. Yo nunca he entendido la amistad entre políticos y periodistas porque, quieras o no, termina influyendo negativamente en la labor que debemos hacer los medios de comunicación. Pues la misma receta es aplicable a los sindicalistas.

 

Volviendo al principio de mi artículo, necesitamos unos sindicatos fuertes. Si lo fueran, hubiera sido más complicado aplicar todos esos recortes que padecemos desde 2010. Y los primeros interesados en que se fortalezcan debemos ser nosotros porque su debilidad es la nuestra.


Javier Peña
Director Portalparados.es

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