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Nº Parados 24/09/2018

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Hace unos días, un editorial del diario El Mundo afirmaba que la negociación entre los sindicatos y los empresarios se parecía a aquella película sobre el día de la Marmota en la que el protagonista estaba condenado a repetir una y otra vez la misma jornada, con los mismos acontecimientos y casi con el mismo final, hasta la última ocasión. Y eso parece que se repetirá en esta ocasión, el final no será el desacuerdo entre sindicatos y empresarios sino la decisión que adopte el gobierno de Mariano Rajoy ante lo que ya parece inevitable.  

Lo cierto es que los representantes de la CEOE, de UGT y de CC OO han tenido muchos años desde que comenzó la crisis para ponerse de acuerdo en las normas básicas de “juego” que deben regir el mercado laboral español a partir de ahora.

Desde luego, parto de la base de que ninguna reforma laboral ha servido históricamente en España para garantizar la creación de empleo y llevamos ya unas cuantas como para saber que esta afirmación es un hecho real e irrebatible. Más bien parece que es una nueva ocasión para aprovechar la crisis y reducir derechos sociales de los trabajadores que es lo que ha sucedido casi todas las veces que se han tocado las normas laborales.

Como ya comentamos en 2009, la única posibilidad de que los cambios normativos insuflen una dosis de confianza es que sea fruto de un acuerdo entre los agentes sociales. No es tanto lo que se cambie sino que la transformación lance un mensaje a la sociedad de que todos arriman el hombro en la misma dirección. Y esto ha quedado patente que no es así desde el inicio de esta gran depresión económica que ya sufrimos.

Por un lado, los representantes de la patronal  parecen representar los intereses de las grandes compañías y mucho menos de los pequeños empresarios, aunque en sus discursos digan otra cosa y se parapeten en las pymes para solicitar algunas medidas muy duras. Aunque no tenga mucho que ver con este asunto, el ejemplo claro es el protagonizado por el Presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE, que ha recibido con una cierta naturalidad la norma que permitirá abrir a todos los comercios de la Comunidad de Madrid las 24 horas del día. Poco importa que la medida afecte a miles de pequeños establecimientos porque su interés como empresario es muy distinto al de ellos.

Hemos escuchado a los dirigentes empresariales proponer los minijobs de los que ya hablé en anteriores artículos, el contrato único con una reducción notable de la indemnización por despido y eso sí, flexibilidad, mucha flexibilidad, cuanta más mejor para que puedan hacer lo que les de la gana sin que los jueces puedan hacer ahora demasiado.

Además, han apostado todo su esfuerzo negociador a una sóla carta: la confianza en que un gobierno del PP les iba a reportar muchas más ventajas que el anterior ejecutivo por razones de proximidad ideológica. Incluso, algun sector empresarial se frotó las manos ante la posibilidad de que Europa interviniera la economía española porque nos hubieran obligado a cambios en el mercado laboral mucho más en la linea de lo que ellos proponen.

Sin embargo, ahora habrá que ver si esa carta es la que descubre Mariano Rajoy como “hombre previsible” que es la manera en la que él mismo se definió, o van a jugar a “descolocar a la izquierda”, como comentó con cierta sorna el Ministro de Hacienda, Cristobal Montoro al referirse a la subida de impuestos.

En el otro lado, ahora están los sindicatos que me da la impresión que se han quedado un poco descolocados con el cambio de gobierno. Algunos llegaron a decir que Cándido Méndez era el verdadero ministro de Economía de Rodríguez Zapatero. Si eso fuese así, ahora se ha quedado sin cartera, mantiene la voz pero no se si le queda mucho voto en esta tarea de la reforma laboral. Otro tanto podríamos decir de Fernández Toxo.

Quizás puedan producirse sorpresas y que el PP repita aquellos acuerdos que lograron en la primera legislatura de José María Aznar con los agentes sociales, pero ahora la situación no es la misma ni parece que los empresarios estén dispuestos a bajar el listón de sus reclamaciones.

Si eso no se produjese, el problema es que la credibilidad de los sindicatos ha quedado muy tocada en los últimos años en los que muchos tienen la sensación de que han puesto más empeño en defender a funcionarios y empleados fijos que a las víctimas de la crisis que se han quedado sin trabajo, sin casa y sin medios de vida. Esa ausencia de crédito va a hacer muy complicado que convoquen una o varias huelgas generales, como se temía Rajoy, porque podría darse el caso de que volvieran a fracasar como en la convocada tras la última reforma laboral.

Veremos qué ocurre ante todo este panorama pero que quede claro que el empleo se generará cuando la economía española crezca por encima del 2%, fluya el crédito hacia las empresas y los ciudadanos, se logre mayor confianza y se recupere el consumo. No hace falta haber estudiado Economía en Harvard ni estudiar en el IESE en el que se formó Urdangarín para darse cuenta de ello.




Javier Peña
Director Portalparados.es
Twiter.com/Javier_Penia

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