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Nº Parados 19/11/2018

SEPE
3254703
EPA
3490100

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El adiós a la banda terrorista ETA que se ha convertido en un grito a través de las redes sociales, el adiós al torero Antoñete o al motociclista italiano Simoncelli forman parte, entre otros, del cóctel que esta semana nos trae en su columna de Los Lunes al Sol la periodista, María Díaz que nos repasa la semana con su particular punto de vista.

Estoy aprendiendo a decir adiós

El adiós a la banda terrorista ETA que se ha convertido en un grito a través de las redes sociales, el adiós al torero Antoñete o al motociclista italiano Simoncelli forman parte, entre otros, del cóctel que esta semana nos trae en su columna de Los Lunes al Sol la periodista, María Díaz que nos repasa la semana con su particular punto de vista.  

Ha venido esta semana cargadita de avellanas. O de noticias, vaya. Las más, buenas. Para mí que, amén de vasca, intento ser persona, la” bajada de persiana” de la organización terrorista que nos ha reventado la vida a todos y, que en mi caso, se ha llevado por delante a amigos o a familiares de amigos ha sido una noticia celebrable. Y así lo he hecho. Creo que todavía hay que gastar cierta cautela con el asunto, pero lo cierto es que se ha acabado eso de mirar hacia atrás.



La tierra vasca es hospitalaria y cálida,  rebosa imaginación y clase en su gastronomía, geografía y, sobre todo,en  su gente. Pero, cuando algunos tenían que llevar guardaespaldas, no podíamos hablar de “calidad de vida”. Desde hace un par de años, la banda había empezado a desaparecer. Su imagen en las calles era borrada al momento y la paz se fue instaurando. Derrotados, quienes creyeron que la lucha debía ser armada han cedido el paso a mejores tiempos. Esos en los que todos tendremos los mismos derechos. Queda el dolor de la víctimas, que no debemos olvidar nunca. Pero también la posibilidad de mirar hacia adelante, sabiendo que ya no habrá nadie más aumentado esa maldita cifra de víctimas que en otros tiempos no paró de crecer. Un amigo mío que pudo salir de un atentado está feliz con la noticia. Y eso que siempre me ha dicho que le hubiera gustado ser el último. Ya hay último. Empezamos vida nueva.


Como ya he llorado suficiente esta semana, aunque ha sido de felicidad, intentemos reir un rato. Yo lo he hecho leyendo una entrevista a Manuel Seco sobre el lenguaje. Como me he negado de siempre a escribir “chalé”, “carné” o “setiembre” porque creo que el mal uso de la lengua no les da derecho a los académicos a admitir ciertos términos como aceptables, escuchar los lamentos  de un profesional de la palabra me ha puesto arriba . La labor de la RAE es defender nuestro emocionante idioma, no dejar que lo invadan quienes no están dispuestos a aprenderlo. Me parece estupendo que se inventen palabras. Yo lo hago. Cualquiera que me conozca sabe que soy de recurrir a frases propias y términos personales. Pero no pretendo universalizarlos bajo la legalidad del diccionario. Me valen a mí y a los míos. Y lo de dejar que nos conquisten otros idiomas más pobres que el nuestro ya me parece inadmisible. Aprendamos otras lenguas, viajemos en lo posible y extendamos lo nuestro. Que lo vale.  Así que me sumo a la reclamación de Seco cuando dice “tenía que haber llevado a la Academia a los tribunales”. Para interesados: yo estoy en ello.


Y después de una buenas carcajadas, me acerco a dos adioses que lamento. El maestro Antoñete se ha marchado con su maravilloso mechón blanco. Ahí va un hombre cabal con una vida llena. Y a Simoncelli, arriesgado en las pistas, en ellas ha dejado 24 años prometedores. Pudo haber sido un grande. Jugar al límite es lo que tiene. Aunque estoy segura que ha muerto como hubiera querido. No cuando, pero sí como. Mejor que muchos.


María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

Ha venido esta semana cargadita de avellanas. O de noticias, vaya. Las más, buenas. Para mí que, amén de vasca, intento ser persona, la” bajada de persiana” de la organización terrorista que nos ha reventado la vida a todos y, que en mi caso, se ha llevado por delante a amigos o a familiares de amigos ha sido una noticia celebrable. Y así lo he hecho. Creo que todavía hay que gastar cierta cautela con el asunto, pero lo cierto es que se ha acabado eso de mirar hacia atrás. La tierra vasca es hospitalaria y cálida, rebosa imaginación y clase en su gastronomía, geografía y, sobre todo,en su gente. Pero, cuando algunos tenían que llevar guardaespaldas, no podíamos hablar de “calidad de vida”. Desde hace un par de años, la banda había empezado a desaparecer. Su imagen en las calles era borrada al momento y la paz se fue instaurando. Derrotados, quienes creyeron que la lucha debía ser armada han cedido el paso a mejores tiempos. Esos en los que todos tendremos los mismos derechos. Queda el dolor de la víctimas, que no debemos olvidar nunca. Pero también la posibilidad de mirar hacia adelante, sabiendo que ya no habrá nadie más aumentado esa maldita cifra de víctimas que en otros tiempos no paró de crecer. Un amigo mío que pudo salir de un atentado está feliz con la noticia. Y eso que siempre me ha dicho que le hubiera gustado ser el último. Ya hay último. Empezamos vida nueva.

Como ya he llorado suficiente esta semana, aunque ha sido de felicidad, intentemos reir un rato. Yo lo he hecho leyendo una entrevista a Manuel Seco sobre el lenguaje. Como me he negado de siempre a escribir “chalé”, “carné” o “setiembre” porque creo que el mal uso de la lengua no les da derecho a los académicos a admitir ciertos términos como aceptables, escuchar los lamentos de un profesional de la palabra me ha puesto arriba . La labor de la RAE es defender nuestro emocionante idioma, no dejar que lo invadan quienes no están dispuestos a aprenderlo. Me parece estupendo que se inventen palabras. Yo lo hago. Cualquiera que me conozca sabe que soy de recurrir a frases propias y términos personales. Pero no pretendo universalizarlos bajo la legalidad del diccionario. Me valen a mí y a los míos. Y lo de dejar que nos conquisten otros idiomas más pobres que el nuestro ya me parece inadmisible. Aprendamos otras lenguas, viajemos en lo posible y extendamos lo nuestro. Que lo vale. Así que me sumo a la reclaación de Seco cuando dice “tenía que haber llevado a la Academia a los tribunales”. Para interesados: yo estoy en ello.

Y después de una buenas carcajadas, me acerco a dos adioses que lamento. El maestro Antoñete se ha marchado con su maravilloso mechón blanco. Ahí va un hombre cabal con una vida llena. Y a Simoncelli, arriesgado en las pistas, en ellas ha dejado 24 años prometedores. Pudo haber sido un grande. Jugar al límite es lo que tiene. Aunque estoy segura que ha muerto como hubiera querido. No cuando, pero sí como. Mejor que muchos.


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