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Dos más dos, 17

En estos días, en que he dispuesto de un poco de tiempo, me he parado a escuchar una de las cosas que más me gustan del mundo: los boleros. Mi siempre ponderado Ricardo Cantalapiedra dice a quien quiera escucharle que «bolero es el arte de contar bolas». O sea, faroles. Trolas. Mentiras. Y dedicándoles tiempo no puedes concluir otra cosa. O sí: son puro reproche.
 
Está el bolero del amor, ese en que se prometen cosas que difícilmente se podrán cumplir ( pero da lo mismo) y los del desamor. ¡Ay, amigo! . En estos siempre hay acusaciones de infidelidad, de la existencia de otros. «Mal camino», me digo yo a mí misma.
 
El hecho cierto es que, tomes el camino que tomes, efectivamente el bolero te lleva a la mentira. Y he llegado a la conclusión de que si nuestros políticos hablasen en rima, sería fácil poner música a sus desalientos y convertir sus discursos en un bolero. O en un móntón de ellos. Porque hay que ver lo que hablan y lo poco que dicen.
 
La huelga del 29 de septiembre me ha llevado de nuevo a este pensamiento. Todos opinan diferente y todos dicen la verdad, según ellos. O sea, todos mienten. Y no dejo de sorprenderme, que en los tiempos que corren, no hayamos sido capaces de articular una huelga en condiciones. Quizá, porque ya tenemos claro que, como ciudadanos, no le importamos a nadie. Y que quizá no sepamos nunca cuántas personas secundaron la huelga, pero sí, que al día siguiente, cuatro millones de personas no tenían un trabajo al que acudir, a pesar de las ganas que tienen de madrugar para «acordarse de su jefe».
 
«Si tu me dices ven, lo dejo todo». Otra mentira.
 
María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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