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Nº Parados 16/08/2018

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3135021
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3490100

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Comenzamos la semana como es habitual, con la columna "los lunes al sol" en la que la periodista María Díaz reflexiona sobre los mecanismos anti-fraude que existen en nuestra sociedad o mejor dicho sobre su ineficacia porque cada dos por tres tenemos noticias de fraudes y timos. El último de ellos en la supuestamente exitosa empresa Gowex, cuyas cuentas eran, según ha admitido ahora su responsable, completamente falsas. 

Siguen quedando golfos y hasta ilusiones

Comenzamos la semana como es habitual, con la columna "los lunes al sol" en la que la periodista María Díaz reflexiona sobre los mecanismos anti-fraude que existen en nuestra sociedad o mejor dicho sobre su ineficacia porque cada dos por tres tenemos noticias de fraudes y timos. El último de ellos en la supuestamente exitosa empresa Gowex, cuyas cuentas eran, según ha admitido ahora su responsable, completamente falsas.   

Alguien dijo que una película es eso que dan en la televisión entre anuncio y anuncio. Tanta publicidad es esa que, a veces, se te olvida hasta el argumento de lo que estabas viendo. Cierto es que, en  las más de las ocasiones, los anuncios es los mejor que puede ocurrirnos en una tarde aburrida. Hay verdadero arte en esas pequeñas historias que nos van sorprendiendo cada 20 segundos.



Confieso que durante un tiempo, hace ya mucho, fui adicta a la teletienda. Surrealista. La teletienda y yo. Es un programa de humor en sí mismo, con destellos útiles de cuando en cuando. Encontré, sobre todo de noche, máquinas que te dejaban un cuerpo de aúpa cómo con comprarte el aparato. Si lo usabas, ni te digo. Gomas de pelo absolutamente vitales; electrodomésticos avanzados a su tiempo; escaleras plegables estrictamente necesarias. Me reía mucho, lo reconozco. Eran un bálsamo entre tanta patraña. Y no estábamos como ahora.

Estamos en el 2014 y esas promociones, que sigo viendo en canales dedicados exclusivamente al asunto, canales salteados a según qué horas con videntes domésticos que te hablan como si te conocieran de toda la vida, han cobrado nuevas formas. Son un buen resumen de cómo está el mundo, tanto, que ahora me “alcanzan” por internet. Abro mi correo electrónico para intentar encontrar alguna buena nueva y mi email está repleto de ofertas que no debería dejar pasar. O eso me dicen ellos mismos.

Supongo que yo me he apuntado a ellas en momentos de duda o de búsqueda. Entiendo que otros me han encontrado siguiendo la pista a aquellos. A veces, no tengo ganas de echarles un vistazo. Pero tengo días en que buceo en el universo que me ofrecen y me apetece comprármelo todo: viajes a Canarias, masajeadores de cara que me devolverán la imagen que tuve hace 20 años, robots de cocina que no sabría dónde guardar, y bebidas milagrosas que me harán perder kilos sólo con comprarlos. A cada cual mejor. Me ha llegado una oferta de un producto adelgazante milagroso que me intenta seducir haciéndome una rebaja de un 40% sobre el precio base. ¿Saben qué es lo mejor? Que no hay precio base. Van tan de frente que empiezan por hacerme un cálculo sobre una base que no me dan. ¿Un 40% de cuánto? ¿Alguien pica?

Está muy bien que este mundo paralelo me despierte una sonrisa. Pero que sea eso, “paralelo” y no “para lelos”. Entiendo que el criterio lo pongo yo. Como no tengo un euro, tampoco pico. Pero hay depresiones que se han convertido en adicciones y estas tiendas on line son un buen anzuelo. Y me pregunto: ¿hay alguien que vele por nosotros? ¿Alguien ejerce algún criterio sobre este tipo de promociones? ¿o yo me puedo involucrar mañana en el asunto y generarme un negocio a base de soluciones para los problemas menos graves del mundo?.

Entonces aparece él, “don Jenaro”. Nombre de pueblo con cargo de mafioso de película. Y nos salta, un domingo de verano, que nos ha estado tomando el pelo con su negocio “Gowex”. Nos pide perdón este mago de la wifi después de haber jugado con las ilusiones de algunos. Y parece quedarse tan tranquilo. Nos pide perdón, pero intentó hacer su agosto a nuestra costa. Ya ven, no ha pasado de julio. Y vuelvo a hacer las mismas reflexiones. A saber: menos mal que no tengo un euro y ¿alguien ejerce algún control sobre estos negocios? Y si es así, que entiendo que es así, ese alguien, ¿dónde estaba?. Es más, ¿va a dar la cara ante los estafados? ¿O va a pasar lo de siempre? Es decir: estafado te quedas que a los que la han “cagado” les esperan buenos puestos en alguna empresa o banca. Hay que fastidiarse.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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