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Nº Parados 22/04/2018

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3422551
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3766700

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Aunque no seamos un medio deportivo, no somos ajenos a la realidad. Hoy la periodista, María Díaz, en su columna de Los Lunes al Sol, nos habla de la pérdida de héroes que estamos sufriendo en los últimos tiempos y cuyo ejemplo más cercano es la muerte de Severiano Ballesteros. Lo peor, según nos cuenta, es descubrir por quienes estamos sustituyendo a estos luchadores, a estos campeones. Ahora los supuestos héroes no destacan por sus hazañas deportivas sino por sus excesos verbales.

Se me están muriendo mis héroes

Aunque no seamos un medio deportivo, no somos ajenos a la realidad. Hoy la periodista, María Díaz, en su columna de Los Lunes al Sol, nos habla de la pérdida de héroes que estamos sufriendo en los últimos tiempos y cuyo ejemplo más cercano es la muerte de Severiano Ballesteros. Lo peor, según nos cuenta, es descubrir por quienes estamos sustituyendo a estos luchadores, a estos campeones. Ahora los supuestos héroes no destacan por sus hazañas deportivas sino por sus excesos verbales.  

No se lo van a creer, pero he llorado con la noticia de la muerte de Severiano Ballesteros. Nunca le conocí personalmente, nunca le traté. Pero siempre le admiré. Como admiro a cada una de esas personas que se han hecho a sí mismas, que se han forjado con ahínco a pesar de las circunstancias, que han puesto todo su esfuerzo en mejorar sin perder el contacto con la tierra.




Eso es lo que tienen los medios de comunicación, que te acercan a la vida de alguien y te dejan a merced de tus emociones sin tener una justificación para ir a llorarle a su tumba. Ni tengo dónde quejarme de una despedida que me parece injusta. Aunque prefiero pensar que algo de él no se irá nunca: me queda la memoria.


Quizá por eso no me interesan la mayoría de los famosos de ahora: no puedo convertirlos en héroes. Pero a Seve, sí. Porque Ballesteros era pura humanidad, a pesar de las oportunidades que le dio la vida de ser un divo.


Yo soy algo más joven que el de Pedreña. Le recuerdo empezando en un deporte que aquí desconocíamos, pero que nos sonaba a hobby de ricos o americanos. Le recuerdo triunfando, casándose con una millonaria, peleando en los campos, viajando, levantando trofeos. Porque le he seguido de cerca y he crecido con él. En la distancia y sin posibilidad de comparaciones.  Pero está muy unido a mi vida, siempre tuve buena piel con él. Nunca supe a quién votaba o si detestaba a alguien. Esa era parte de su grandeza. Y me duelo porque me estoy quedando sin referencias de mención. ¿A quién miro yo ahora?


No se qué nos pasa a los seres humanos, que hemos empezado a proyectar nuestras fracasadas ilusiones en personajes dignos de una “caspoteca”. ¿Tanta necesidad tenemos de huir? ¿de qué? ¿de nosotros mismos?. Cada vez que en un zapping descubro a cualquier ser intentando encumbrarse a la fama narrando la cantidad, que no la calidad, de sexo que ha tenido con un famoso me empiezan a dar unos “aliporis” de los que me cuesta recuperarme. Ya no hay ley del esfuerzo, del ingenio, del trabajo. Ya no se premia la capacidad, sino la intimidad. Y, por lo que veo, está barata. La intimidad de otro, para más I.N.R.I. Porque la de los simples mortales, como usted o como yo, carece de valor público y no cotiza en la bolsa del corazón. Afortunadamente.


Me quedo con las lágrimas de los verdaderos amigos de Seve. Del resto de obituarios, prescindo. Lo dice la Biblia: “dios te libre del día de las alabanzas”. Porque ese día existe porque estás muerto. Y Ballesteros es demasiado grande para palabras vanas.


María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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