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Nº Parados 22/04/2018

SEPE
3422551
EPA
3766700

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Es verdad que muchos de nosotros tenemos la capacidad de consumo extremadamente mermada en los últimos años pero aún así tenemos posibilidad de maniobrar en lo que podría ser una revolución silenciosa que puede protagonizar la sociedad española como consecuencia de esta crisis. Y es que no nos damos cuenta del poder que podemos tener en nuestras manos si los consumidores actuásemos de forma coordinada y de forma responsable.

Nuestro poder como consumidores

Es verdad que muchos de nosotros tenemos la capacidad de consumo extremadamente mermada en los últimos años pero aún así tenemos posibilidad de maniobrar en lo que podría ser una revolución silenciosa que puede protagonizar la sociedad española como consecuencia de esta crisis. Y es que no nos damos cuenta del poder que podemos tener en nuestras manos si los consumidores actuásemos de forma coordinada y de forma responsable.  

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De esta crisis, pueden salir nuevas actitudes que nos defiendan frente a las grandes corporaciones que según parece, dominan nuestras vidas. Quizás han pasado los tiempos de las grandes revoluciones sangrientas, como la francesa o la rusa, para encaminarnos hacía nuevas formas de protesta y rebeldía frente a los poderes económicos. Una de ellas la pueden protagonizar los consumidores que en realidad, somos todos. Basta con pequeños gestos de responsabilidad y coherencia para poner patas arriba el estatus de quienes creen poder hacer y deshacer sin ningún tipo de control.



 

Las teorías liberales que potencian la iniciativa privada sobre la pública, ha provocado que cada vez existan menos controles sobre la actividad de muchas empresas. Para los defensores de estas tesis, debe ser el propio mercado el que autorregule la actividad económica, sin más normas que la ley de la selva impone.

 

Yo no soy partidario de esas tesis si bien debo aceptar la realidad de un mundo en el que vamos camino de que los ciudadanos tengamos poco margen de maniobra ante los poderes económicos. Pero aún así no debemos estar de brazos cruzados ante lo que se avecina. Y si quieren que el mercado se autorregule, los consumidores que somos todos, podemos intervenir de forma decisiva y coordinada.

 

Me ha provocado esta reflexión mi decisión personal de no incorporarme como cliente de Movistar, al conocer que esa empresa se ha convertido en refugio de alguna de las personas que han provocado mucho sufrimiento en nuestra sociedad, sea de forma delictiva o no. El fichaje de Rodrigo Rato por esta empresa ha sido la gota que ha colmado el vaso de un compormiento más bien poco ético. Esa decisión se suma a la anterior contratación de Iñaki Urdangarín pero también al Expediente de Regulación de Empleo que afecta a miles de trabajadores en una empresa que no tiene pérdidas precisamente.

 

Muchos dirán que actúan conforme a la ley y a la última reforma laboral que les permite aprobar un ERE cuando demuestren menores ganancias. De hecho, otra empresa del mismo sector, como es Vodafone, ha copiado la propuesta. Tienen razón, nadie dice que sea ilegal, al menos yo no me considero juez para determinarlo. Pero soy consumidor y me he propuesto mantener una actitud de rebeldía como respuesta a unas actuaciones empresariales que me parecen poco éticas.

 

Otro tanto podíamos aplicar a todas aquellas empresas que hemos descubierto que no pagan sus impuestos en España, o que una parte importante de ellos se facturan en otros países. Empresas tecnológicas, como Google o Facebook, comentaban varios periódicos hace semanas que prefieren ahorrarse unos millones de euros cotizando en Irlanda los ingresos que logran aquí. Incluso, se habló de alguna otra multinacional textil española que se podría encontrar en las mismas circunstancias.

 

Hay otras empresas, como Roca que anuncia cierres de fábricas en España y parece que trasladarán parte de la producción a otros países. Habrá que tomar nota de ello cuando nos toque cambiar nuestros saneamientos.

 

Problemas, como el de las preferentes o los desahucios, se acabarían de la noche a la mañana si todos coordinásemos una acción para dejar de utilizar los productos comerciales de esas empresas o bancos que están provocando un sufrimiento insoportable a miles de personas. ¿No sería esto una auténtica revolución?

 

Si todos nos pusiéramos de acuerdo en desarrollar acciones conjuntas, demostraríamos que esas empresas no son nada si no tienen nuestro poder de consumo para ellas. He puesto estos sencillos ejemplos pero seguramente a vosotros, se os ocurrirán muchos más que podíamos agregar a una especie de lista negra de comportamientos antisociales.

 

Nos dio la pista de esta fortaleza lo ocurrido hace un año aproximadamente con un programa de televisión que en principio, fue retirado por la reacción de los internautas sobre las marcas que se anunciaban. Aunque luego, la estratagema de sus directivos fue cambiar el nombre para eludir el boicot, puede ser un ejemplo de una fuerza de la que muchas veces no somos conscientes.

 

Y es que la crisis debe poner en valor los comportamientos éticos de todos. De los individuos, de los gobiernos, del resto de instituciones, pero también de las empresas que no deben ser ajenas a una sociedad que les debe pedir cuentas igualmente. Quizás esta columna sea un brindis al sol pero seguramente debemos de buscar soluciones prácticas ante problemas concretos. Y cada uno poner su granito de arena.


Javier Peña
Director Portalparados.es

 

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