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La actitud y la aptitud

El asunto surgió hablando sobre Hovik Keuchkerian, es más, surgió hablando con él. Un tipo tan noble como grande que fue campeón de boxeo y que ha descubierto ahora, en los días en que cumplía 42 años, que tiene madera de actor…y de los buenos. Él sostiene , como yo, que en la vida hay que intentar alcanzar los sueños. Pero, claro, hay que saber cuáles son esos sueños. Lo primero porque sin ubicar una meta es complicado dirigir un camino hacia algo. Lo segundo porque conocerse a uno mismo contribuye al éxito; desconocerse, al fracaso.

Les pongo un ejemplo para que me entiendan: nunca me he presentado al concurso de Miss España. ¡Para qué! Soy feucha, canija y chuchurría. Me ahorro el disgusto. Pero hace años le escuché lamentarse a una señorita porque había optado 17 veces al certamen, por diferentes provincias -se ve que el concurso tolera que una persona de Córdoba represente con todo el orgullo del mundo a Palencia, como si en Palencia no hubiera mujeres hermosas- y nunca la habían elegido.  ¡Y ella no había concluido nada!Por ejemplo, se me ocurre, que no tenía condiciones para ello. Prefería regodearse en su frustración antes de poner solución a sus inalcanzables metas.

En Venezuela, por ejemplo, han encontrado otra solución al asunto que consiste en ponerse en manos de un cirujano estético. Tengo clara mi meta, invierto en ella y trabajo por conseguirla. No sé si es juego limpio, pero funciona. Y ajusta lo que tienes, o puedes tener, con lo que quieres. O sea, te ayuda a alcanzar la felicidad. Supone una inversión, pero nadie dice que el triunfo sea barato. Aunque lo ideal es que fuera gratis.

Los ejecutivos de pro insisten en que uno de los componentes esenciales para alcanzar el éxito es plantearse ganar y ganar. Por lo que se ve, al precio que sea. Pero ganar. Proponerse una meta e ir a por ella sabiendo que puedes alcanzarla. Es decir, te exige examinarte a ti mismo, concluir cuáles son tus aptitudes y sacarles partido a tope. E ir a por todas convencido de que tienes opción al triunfo. Aptitud y actitud. Valorar tus condiciones y poner toda la carne en el asador.

A mí, los tristes me habían parecido por definición unos chantajistas emocionales. Pero hay que levantarse todas las mañanas con ciertas circunstancias vitales y tener muchos arreos para ponerle una sonrisa a la vida. La cosa es que hay que hacerlo. Pero sin auto-engañarse, que 17 veces son muchas para intentarlo. Y sólo te dan disgustos. Las 17 veces, digo. Y pensar que para algo valemos seguro. Si el sistema no funciona, el túnel no anuncia luz y la vida es una puñeta, hay que mirar hacia otro lado. Keuchkerian le ha dado a su vida un giro de 180º y se va a merendar al mundo. Pero antes se analizó, descubrió que tenía emociones y decidió intentar abrirse un camino. En una semana ha publicado un libro que le avala como poeta a seguir, saca un disco y ha estrenado un monólogo sobre un chaval que crece en plena guerra civil en el Líbano titulado “Un obús en el corazón” y ya le han comparado con Robert de Niro. Y era boxeador, insisto. Chapeau.

 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

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