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Nº Parados 08/12/2016

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3789823
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En la columna de Los Lunes al Sol, la periodista María Díaz repasa la actualidad con su personal punto de vista. Una actualidad que se puede alejar del mundo del empleo porque entendemos que aquellos que buscamos trabajo, vivimos en una sociedad en la que también nos afectan otros problemas. Y como siempre, no os dejará indiferentes que es lo mejor que se puede decir de una comunicadora.

Una sociedad educable

En la columna de Los Lunes al Sol, la periodista María Díaz repasa la actualidad con su personal punto de vista. Una actualidad que se puede alejar del mundo del empleo porque entendemos que aquellos que buscamos trabajo, vivimos en una sociedad en la que también nos afectan otros problemas. Y como siempre, no os dejará indiferentes que es lo mejor que se puede decir de una comunicadora.  

Es el día después. Suena a guerra pero será, posiblemente, paz. La ciudadanía ha dado un ejemplo. Al menos el 50 % que ha votado. Y ha hablado. La mitad que no votó porque aún no ha encontrado el aliciente, no ha recuperado la fe en los políticos. Y la otra mitad, la que ejerció su derecho al voto, proponiendo un “mapa” que obliga al diálogo. Ahora, a ver si los candidatos están a la altura. Es su oportunidad.



 

Anoche, escuchando a ese “género”, el político, volví a comprobar que siguen sin enterarse: todos ganaron ayer. Ya les podían haber dado en las mayorías absolutas precedentes o en los escaños anteriores. Ninguno, o casi ninguno, pareció entender el mensaje. Apenas escuché a una representante de Izquierda Unida reconociendo la derrota y la necesidad de “hacérselo mirar”. Un respiro en un partido que no ha respondido a cada bofetada que se les ha ido dando. A ver si ahora…

 

Pero lo que los ciudadanos hemos reclamado es reparto, convivencia y diálogo. Los pactos obligarán a todos a dibujarse y a cumplir con un electorado que ha colocado las cosas en su sitio. Regidores que no han sabido mantener la confianza, oposiciones que no han tenido capacidad de aprovechar las malas gestiones de los que mandaban, falta de fe por parte del pueblo y voto muy repartido. Ha habido de todo y para todos. La cosa es que creo que los mensajes están claro. Los dos partidos establecidos han sido castigados y los nuevos no han entrado con la fuerza que pretendían. Todo muy equilibrado.

 

Y mientras, a mí, lo que me preocupa es el suicidio de una chavalita presionada por su entorno escolar o, al menos, por alguno de los que se hacían llamar “compañeros”. A mí me sorprende que estemos gestando este tipo de individuos en las escuelas y en las familias. Y no me creo que el entorno de un chaval para el que no encuentro ningún adjetivo suave no se percatara de su incapacidad asertiva, de su brutal capacidad de abuso sobre el que reconoce inferior. Porque para eso hay mucho “machote” suelto. O sea, mucho mierda.

 

Es difícil mirar a un adolescente, “aborrescente” según creación de un amigo mío, sin equivocarse. Pero ¿a tu adolescente? ¿al que tienes en casa? ¿tanto se te escapa? ¿o tanto has descuidado su educación? Un extorsionador es un mal tipo, la clase de persona (por decir algo) con quien no quieres tratar. ¿Y si lo tienes en casa? ¿no lo reconoces?

 

Desconozco la pena que sufren en la familia de quien ha provocado la desgracia que nos ocupa. Si me apuran, ni me importa. No me creo que no estuvieran al tanto de lo que alimentaban en casa. La dejadez también debería estar penalizada. Y más la dejadez paterna, esa que no puede eludirse. Las consecuencias están ahí. Y no tienen arreglo. Aunque no hubiera acabado en suicidio. Una menor, o decenas, o cientos andan sufriendo porque toda una panda de chuletas, solos o en compañía de otros, creen que el abuso es libre y que encontrar víctimas en su camino es la mejor manera de disfrutar en la vida.

 

Estoy en contra del abuso escolar pero no me creo que ocurra porque sí. Es decir, estoy en contra de que estemos tolerando el sufrimiento de nadie porque tengo la impresión de que podemos evitarlo. Y, mientras, no nos llamemos una sociedad tolerable. Eso sí, empecemos por negociar y por mirar hacia dónde interesa y atajemos esta prodredumbre que tolera que la adolescencia se divida entre torturadores y torturados. Yo no querría ser la madre nin de unos ni de otros.

 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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