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Nº Parados 05/12/2016

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La periodista, María Díaz vuelve a su columna semanal para comentar dos incidentes que han costado la vida a varios ciclistas por culpa de dos conductores, uno sobrado de edad y falto de reflejos mientras que la segunda estaba sobrada de imprudencia y falta de empatía para socorrer al herido.

Una mala combinación en tiempos modernos

La periodista, María Díaz vuelve a su columna semanal para comentar dos incidentes que han costado la vida a varios ciclistas por culpa de dos conductores, uno sobrado de edad y falto de reflejos mientras que la segunda estaba sobrada de imprudencia y falta de empatía para socorrer al herido.  

La edad es mala. Te da sabiduría, si tu quieres, y te quita reflejos y capacidades. La bicicleta es saludable. Para quienes la practican como ejercicio o deporte y para el medio ambiente. Pero se encuentra con enemigos por las carreteras y se convierte en un hábito arriesgado.



El coche es un arma. Fruto de la evolución nos permite movernos a más velocidad que otros transportes y que el propio ser humano, pero en manos de quien no debe es como una pistola: nociva y hasta mortal.

Los tres elementos juntos le han costado la vida a un ciclista. Y a otro a seguir jugándose la vida en estos momentos. Algunos compañeros fueron heridos pero van a poder contarlo. Y transmitir su dolor por el amigo muerto y por la incomprensión que sufren quienes optan por las dos ruedas como medio para practicar tiempo de ocio o para trasladarse de un sitio a otro. Lo que tendría que ser una alegría, se convierte en una profunda e impotente tristeza. Sales a pasear con los amigos y uno no vuelve. Y el llanto lo cubre todo y el dolor se manifiesta. [Si quieres mejorar tu formación, visita nuestro canal de cursos, másteres y oposiciones]

Todo esto lo provoca un conductor de casi 90 años, que carece de la capacidad de saber que no dispone  de condiciones, a la vista está, para arrancar un coche y ponerse al volante. Todo el mundo no vale para conducir. Yo misma carezco de esa parte del cerebro y me he ahorrado el disgusto de acabar en la cárcel o muerta por ser dueña de mis limitaciones.

Otros quizá supieron llevar un automóvil en otros tiempos, pero está claro que la edad va contra nosotros en muchos factores y que el sexto sentido debería jugar alguna baza a la hora de saber cuándo debemos abandonar ciertos hábitos. Otro ciclista fallecía días antes en Madrid cuando una conductora joven pero falta de ética (se dio a la fuga) se lo llevó por delante. Cierto es que muchos de estos ciclistas ocasionales no suelen llevar casco ni chalecos en una ciudad arrasada por la prisa, pero no es menos cierto que nos falta educación de convivencia con este medio de transporte. Al menos yo sufro cuando los veo pelearse en la ciudad por esas calles con conductores que los desprecian y ponen en juego sus vidas. Hemos evolucionado mucho, pero nos falta, nos falta.

Una pena que quienes han apostado por defender nuestro medio ambiente, que es de todos, tengan que arriesgar vida y salud para defender sus derechos. Me sostengo difícilmente sobre una bicicleta, siempre he sido torpe, pero admiro a los velocipedistas que no quieren renunciar a lo que les corresponde.

Sin embargo detesto a quienes cogen un vehículo para sentirse los dueños de calles o carreteras; para ir de superhombres o supermujeres por las vías compartidas con viandantes y otros compañeros de viaje. Y detesto más aún a los que caen en la omisión de socorro pensando que saldrán de rositas si nadie les pilla porque, al parecer, carecen de conciencia que les martillee de continuo cerebro y corazón.

Me parece estupendo que haya gente con suficiente parné como para comprar a sus hijos coches de primera que funcionan como tanques. Pero quizá la edad deba marcar qué tipo de vehículos conduce cada uno. Un joven que aún carece de cierta práctica, un coche sencillo con el que hacerse a normas y capacidades de conducción y alguien mayor quizá ningún tipo de vehículo porque se convierte en un arma en manos de ambos. La experiencia es un grado que te da galones hasta que la edad te los quita. Y en los extremos alguien debe poner sabiduría y cordura. No basta con que las normas te permitan o te dejen de permitir. También está ese sentido que a cada uno nos da pistas de qué debemos hacer y qué no.

Ahora hay dos muertos, varios heridos y dos culpables. Y muchas familias lamentando lo que nunca debieron lamentar. Porque en casos como estos, el dolor llega para todos. O debería. Es cuestión de conciencias.

 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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