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Nº Parados 06/12/2016

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Seguramente, ha sido la noticia más comentada en cualquiera de las tertulias que habéis compartido con amigos o familiares. La tragedia, o asesinato de los viajeros del avión entre Barcelona y Dusserdolf ha provocado todo tipo de opiniones y sentimientos. La periodista María Díaz aporta hoy su grano de arena a este debate en su columna de Los Lunes al Sol.

Si hay noticias, es que son malas noticias

Seguramente, ha sido la noticia más comentada en cualquiera de las tertulias que habéis compartido con amigos o familiares. La tragedia, o asesinato de los viajeros del avión entre Barcelona y Dusserdolf ha provocado todo tipo de opiniones y sentimientos. La periodista María Díaz aporta hoy su grano de arena a este debate en su columna de Los Lunes al Sol.  

Hay días, semanas, que los periodistas no tenemos de qué hablar y encumbramos a la categoría de noticia la primera tontería que acontece. Si es que algo de lo que acontece es una tontería, porque la vida cotidiana de cualquiera de nosotros, o de casi cualquiera, bien contada seguro que provoca una información interesante cada 24 horas. Los novelistas lo saben bien, acostumbrados como están a narrar con estilo historias que pudieran ser anodinas si no fuera porque alguien puede contarla con tanto pulso que las convierte en importantes.



 

Luego hay semanas que la actualidad te desborda y el morbo te obliga a estirar por goteo cada hecho sucedido. A veces, un suceso, que los sucesos nos gustan, sobre todo si no nos afectan personalmente, que entonces se ubican en la categoría de “putada”, viene bien para tapar fracasos o aconteceres que no nos fueron propicios. Yo estaría hoy hablándoles, quizá, de las elecciones andaluzas, que casi todos dan por ganadas y que a mí me han parecido penosas. Por resumir, que quiero ir a otro “ajo”: el mismo partido que sigue en la poltrona, una oposición que no entiende que ha perdido, una aparente crisis en oto partido que se tapa a base de falsas menciones democráticas..¿Algo bueno? Que han sido la demostración de que empieza a haber un nuevo orden político. Pero como casi ninguno parece enterarse…

 

Entonces estalla la noticia, la cruel, la sangrante, la que nos saca del muermo: se estrella un avión que ha despegado de Barcelona y la desgracia sacude a decenas de familias, muchas de ellas españolas. Después, los detalles nos van llevando del asombro al estupor y nos ponemos a buscar culpables. Porque los hay y más allá del “hideputa” que decidió pasar a la fama dominando los mandos de una aeronave a su antojo. Curioso esto de la fama. Sobre todo porque es una fama que dicho individuo no va a disfrutar y porque todas las famas no valen la pena.

 

Pero aquí estamos ante un tipo con una teórica baja de la que nadie se enteró. Ante un individuo que es descrito por quienes le conocían como un tipo delirante y de dudosa responsabilidad. Ante un hijo medicado que compartía casa, y en consecuencia algo de tiempo, con sus padres. ¿Y le dejan trabajar como copiloto en un avión? Cuando ocurrió el accidente de tren en Galicia ya comenté aquí que dejamos reposar mucha responsabilidad sobre muy pocos. Este tarado puso rumbo a una montaña mientras el vuelo de un avión cargado de pasajeros dependía de él y sólo de él. Pero ¿y si le hubiera dado un mareo, si se hubiera desmayado por vaya a saber usted qué motivos? Hubiéramos estado en las mismas.

 

El caso es que una persona que no debería “gastar” cierto puesto de trabajo ha subido a un avión, se ha sentado en la cabina y ha decidido cuál iba a ser el destino de quienes, confiados, habían traspasado los antipáticos controles de seguridad de los aeropuertos para despegar en un vuelo cuyo fin no era el previsto. Niños, madres, hijos, padres, abuelos, hermanos, vecinos, compañeros, jefes…el destino les juntó en esa nave para despedirles a todos de un golpe. Y vaya golpe.  Pero no fue el destino, si no alguien que no hizo bien su trabajo, quien permitió que un copiloto con los “cables pelados” fuera el segundo de abordo en aquel fatídico trayecto.

El fiscal francés dio la cara como aquí no es costumbre hacerlo. Se están tomando el tiempo que necesitan para hacer las cosas bien, lejos de la chapuza dolorosa e irrespetuosa que se llevó a cabo aquí  con el yakovlev. Se están dando explicaciones detalladas, si es que las explicaciones ayudan a mitigar la pena (al menos uno no se siente, además, estafado). ¿Y alguien de la compañía va a asumir su responsabilidad o ahí hacemos “mutis por el foro” a ver si la cosa se apacigua? Sería delirante.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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