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Nº Parados 09/12/2016

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3789823
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En esta columna de Los Lunes al Sol, la periodista María Díaz reflexiona hoy sobre las imágenes que hemos podido ver de la tragedua de esis 900 hombres, mujeres y niños africanos que trataron de llegar a Italia para buscar un futuro mejor y se encontraron con la muerte. Uno de esos sucesos que hoy nos escandaliza y mañana olvidaremos con seguridad.

Los 900

En esta columna de Los Lunes al Sol, la periodista María Díaz reflexiona hoy sobre las imágenes que hemos podido ver de la tragedua de esis 900 hombres, mujeres y niños africanos que trataron de llegar a Italia para buscar un futuro mejor y se encontraron con la muerte. Uno de esos sucesos que hoy nos escandaliza y mañana olvidaremos con seguridad.  

Los 900, o más, son los cadáveres que van a alimentar al Mediterráneo, ese mar que tantas vidas de emigrantes está arrastrando, y a formar parte de su plancton. Se suman a los cientos de cadáveres que nunca aparecieron, ni aparecerán. Nombres propios con apellidos, con familias, con pasados duros en busca de futuros mejores que para nosotros, a partir de ahora, sólo serán un número. Un número doloroso que quizá en dos días hayamos olvidado. Como hemos hecho con el horror de Lampedusa, con aquellos cadáveres fruto de la intolerancia y la xenofobia: olvidar. No entender que la solución está en nuestras manos.



Ahora todos los mandatorios se reunirán para lamentar en voz alta una desgracia que pudieron ahorrar. Pero no se reunirán para poner soluciones. Seguimos mirando estas muertes como algo lejano, que no nos atañe. Hemos olvidado ponernos en la piel del otro, del menos “boludo”, del que intenta buscar una salida a la vida de mierda que le ha tocado. Entre esos más de 900 cadáveres hay niños con un futuro por delante, mujeres y hombres que quizá hubieran descubierto el remedio contra el SIDA o vaya usted a saber qué. En última instancia, personas con derecho a dignificar su vida aunque nunca valoraron el precio del intento. Los que dejaron atrás quizá nunca sepan lo que les ha pasado. Y la incertidumbre es el peor de los cánceres.

Correrá sobre este desastre una cortina de humo, un tupido velo que colocará fuera de nuestra memoria, en el olvido, el número y los datos personales de quienes, muy probablemente, nunca abandonen ya el fondeo del mar. Ilusiones ahogadas. Ilusiones a los que todos tenemos derecho.

Preferiremos seguir rebozándonos en nuestra mierda, la mierda de ricos avariciosos que quisieron más a cualquier precio. Otra cortina de humo esa detención con luz y taquígrafos de Rodrigo Rato, exagerada hasta el hedor para que otros que compartieron con él momentos mejores puedan decir que las cosas se están haciendo bien. Sacó el político los pies de tiesto y ha caído víctima de su propio estorbo. Mientras, los de a pie seguimos pensando que el juego es sucio, que no nos gusta…pero no castigaremos a quienes se apoltronaron. Porque seguimos teniendo problemas de memoria. Olvidamos a quienes nos engañan y a quienes nos necesitan. Y vamos dejando cadáveres en el fondo del mar mientras intentamos hacer el boca a boca a un sistema que parecemos apoyar en las urnas. Viene un orden nuevo, o lo parece. Pero todo tiene tanta pinta de engaño que a veces, ser un ser occidental, no me consuela de nada. Pero de nada.

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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