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Nº Parados 03/12/2016

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Seguramente el título os sugieran un buen número de situaciones a las que se puede aplicar pero la periodista María Díaz se refiere en la columna de Los Lunes al Sol al mundo de la cocina que se ha popularizado en los últimos años gracias a los reconocimientos internacionales de los profesionales españoles...

La importancia de lo que siempre está ahí

Seguramente el título os sugieran un buen número de situaciones a las que se puede aplicar pero la periodista María Díaz se refiere en la columna de Los Lunes al Sol al mundo de la cocina que se ha popularizado en los últimos años gracias a los reconocimientos internacionales de los profesionales españoles...  

¿Han visto ese anuncio en el que David Muñoz, flamante 3 estrellas Michelin, intenta quitar valor en una entrevista al hecho de tenerlas y se mosquea cuando a su coche le han birlado la estrella que lo identifica como de una determinada marca? El spot es ingenioso y dibuja muy bien, a mí me lo parece, la personalidad de un chaval, porque eso es lo que es Muñoz, que tiene la capacidad de reírse de sí mismo. No le da importancia a las suyas, a las ganadas con el sudor de su frente. Pero a las que definen un determinado motor o coche, esas no se las deja sisar.



 

Todo tiene coherencia en el mensaje. Por un lado, el hecho de que en el mundo de la gastronomía, uno sube y baja al son de una ritmo rápido. Lo que no quiere decir que seas ni mejor ni peor cocinero. Pero este mercado, el de las estrellas, también tiene sus obligaciones. Conozco grandes cocineros que han salido tarifando por la puerta de un determinado restaurante por el hecho de haber perdido la estrella gastronómica que ellos mismos habían conseguido para el negocio. Posiblemente no les subieron el sueldo cuando la feliz noticia llegó. Pero fueron víctimas del hecho de dejar la categoría en el camino. Así es la vida.

Que Muñoz sea capaz de darse cuenta de que estas estrellas puedan ser fugaces y que, si te agarras demasiado a ellas, puedes acabar estrellado, ya es loable. Es joven, tiene ganas, energía y se lo ha currado de lo lindo. Si no se tuerce, nadie le engaña y sabe dónde está el norte, se mantendrá en ese podium y en un par de años, tres a lo sumo, será probablemente reconocido como el mejor cocinero del mundo.

Un trabajo humilde, el de cocinero, mi abuela lo fue, que ahora ocupa un lugar destacado en el universo de la cultura. Está bien que se le de un sitio al trabajo creativo…mientras quienes lo hacen no se endiosen. Perder la toma de tierra no sólo te hace fatuo, si no que te aleja de tus metas y te convierte en una filfa. Lo he visto en directores de cine con historias estupendas. Un día se olvidaron de dónde venían y ya no saben narrar. Les queda el oficio pero no el alma. Y sin alma, hay oficios que no se sostienen.

 

En la trama de las estrellas famosas hay mucha trampa y mucho acierto. Es un endiablado juego al que muchos dicen no querer jugar porque están fuera. Pero que admiten encantados en cuanto se sienten señalados para formar parte de la corte celestial de los mejores. Otros, sinceramente, no quieren entrar en el juego y demuestran su coherencia. A algunos cocineros importantes ni siquiera les entiendo. A otros los adoro porque me abren sensaciones nuevas que siempre te traen un poco de felicidad.

 

Agradezco que la cocina se esté convirtiendo en una puerta abierta al futuro. Que haya hecho mirar a los jóvenes hacia un terreno con posibilidades de trabajo, de ganarse el pan ( y nunca mejor dicho) , de ilusionarse. Pero no sé si las metas excesivas, la fama como fin, el dinero como aliciente pueden ensombrecer lo brillante del camino. Hay mucho mérito, y mucha buena cocina, en cantidad de cocidos de bar de barrio. Y mucho amor en los platos de las cocineras de toda la vida. Y mucha seguridad de lo que comes en las tascas de las esquinas. Está bien la excelencia…pero también la sencillez, la “no estrella”. Que no quiere decir estrellado.

 

Por eso admiro a David Muñoz, porque creo que cuando le quita mérito a sus logros hace de la cocina algo más democrático, más para todos. Y supongo que no miente porque ha sido capaz de reírse de sí mismo y jugar con los diferentes conceptos de “estrellas”, de lo que valen si las ganas o las pierdes. Tú eres tú. Con o sin estrellas. Y a partir de ahí, puedes construirlo todo.

 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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