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Nº Parados 09/12/2016

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En este último artículo de Los Lunes al Sol en este 2015, la periodista María Díaz reflexiona sobre uno de los hábitos más populares en España y seguramente, en otros países del mundo. El insulto tiene muchas formas y colores que podemos contemplar.

Insulte que algo queda

En este último artículo de Los Lunes al Sol en este 2015, la periodista María Díaz reflexiona sobre uno de los hábitos más populares en España y seguramente, en otros países del mundo. El insulto tiene muchas formas y colores que podemos contemplar.  

Hablamos el otro día en la radio de los insultos y no llegamos al acuerdo de si estos enriquecen o empobrecen el idioma. Ni siquiera si son la manera de evitar una discusión o la propia mecha. Pero nos reímos un rato. Hay tantos….algunos modernos, otros cultos, alguno cursi, muchos desconocidos… Lo que si queda claro es que todos tenemos un amplio vocabulario en ese sentido aunque a veces desconozcamos el verdadero sentido de lo que decimos. La intención, ahí queda.

Pero sobre todo, hablamos del lenguaje político, del insulto en la cancha política que convierte el debate en batalla. Aunque yo sostengo que ha habido cierto ingenio en boca de algunos líderes, ya no tantos los patrios, como los de otros lugares. Ahí, no cabe duda, la flema inglesa ha permitido que los británicos hayan pasado a la historia como autores de frases lapidarias ante las que cualquier contrincante tiene poco que decir. Les pongo un ejemplo: en una ocasión Lady Astor se acerca a Winston Churchill para espetarle un “si fuera su esposa le echaría veneno en el café” en clara demostración de su animadversión al que fuera primer ministro. Y el otro, sin pestañear, como era su estilo se puso a la altura del insulto, o del reto, según se mire y no dudó en contestarle: “si usted fuera mi mujer me tomaría ese café”. ¡Fantástico!. Faltones pero con elegancia. La inteligencia puede hacer de un insulto un verdadero disfrute. Sobre todo, si los dos “contrincantes” saben jugar sus bazas y no arredrarse. [Ver Másteres Universitarios]

Porque un insulto no es sólo una palabra (idiota, tuercebotas, gilipollas, etc). Puede ser una estructura de conceptos bien armada. Y ahí cabe la sorpresa y, por ende, la capacidad de respuesta rápida. En este país tuvimos un político de lengua faltona y viperina que era una delicia de escuchar…si uno no era el destinatario de sus iras. Se llama Alfonso Guerra e iluminó con su chispa las primeras jornadas de una democracia recién estrenada. Tuvo para todos. Quizá le faltó tener para sí mismo. Pero fue capaz de lanzarle a una diputada de otro partido aquella lapidaria frase de “ojalá llegue usted a cumplir la edad que aparenta” en clara referencia al daño físico que la vida política estaba haciendo en su cara y en su cuerpo. No le tuvo que hacer ninguna gracia a su “víctima”, pero causó la risa de muchos. Porque Guerra era como parlamentario un tipo culto e ingenioso al que todos temían. Pero con el que todos disfrutaban.

El problema es cuando alguien esgrime un insulto porque carece de argumentos. Porque no tiene nada a lo que recurrir que no sea al golpe bajo, a la palabra ya formada, la que pretende herir. Aunque no siempre lo consiga. Porque insulta el que quiere, pero ofende el que puede.

También está el tono, el tonito, el retintín, la carga en la pronunciación. No es lo mismo decir “cabrón” marcando las letras con tono de mal café que saludar a un amigo por la mañana con un “¿qué pasa, cabrón?, ¿cómo te va?”. Son cabrones distintos, está claro. Y hay matices que también conviertes ciertos “palabros” en elementos discordantes o coadyuvantes. No da igual que te digan “tonto” que “tontorrón”. O al menos a mí me lo parece.

Como esta semana empieza con el famoso día de las inocentadas, algunas tan poco ingeniosas como insultantes, he querido poner mi granito de arena en este artículo. Pero como la semana pasará y el año 2016 quedará durante 52 semanas más, déjenme que les desee lo mejor de lo mejor de todo corazón. Por un año con alegrías, sin insultos, con emociones de las que valen la pena aunque nos hagan llorar de alegría. Desconozco cómo les fue este año pero quiero pensar que vienen para todos tiempos mejores. Así que va por ustedes, que en algún momento, por los motivos que sean, y que me imagino, se asomaron a esta web en busca de alguna salida. El mejor de los deseos para este 2016 que llega cuajado de intrigas y misterios por resolver. Cual sudoku puñetero.



 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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