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Nº Parados 04/12/2016

SEPE
3789823
EPA
4320800

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Es lunes y comenzamos la semana, como es habitual, con las refléxiones de María Díaz. Hoy la periodista comenta un estudio publicado por una web que analiza la relación entre nuestra profesión y nuestra vida personal. Parece ser que pertenecer a algún gremio en cuestión te acerca más al engaño o a la fidelidad. ¿Tú qué opinas?

Dime qué has estudiado y te diré qué tal engañas

Es lunes y comenzamos la semana, como es habitual, con las refléxiones de María Díaz. Hoy la periodista comenta un estudio publicado por una web que analiza la relación entre nuestra profesión y nuestra vida personal. Parece ser que pertenecer a algún gremio en cuestión te acerca más al engaño o a la fidelidad. ¿Tú qué opinas?  

Cuando me preguntaban de pequeña que quería ser de mayor (luego estaba la de “¿ a quién quieres más, a papá o a mamá?” pero creo que esa la dejé siempre en blanco) contestaba con una firmeza absoluta: médico. Y heme aquí, periodista por los cuatro costados, no se sabe muy bien ubicada dónde y mirando a profesionales de la medicina de lejos. Yo quería ser médico porque mi padre lo era y vivía su profesión con una entrega tan apasionada que aquello me subyugaba. Pero llegado el momento, mejor semanas antes de decidir definitivamente mi apuesta por el futuro, pasando delante de un quiosco camino del colegio me di cuenta de que lo mío era curiosear, investigar, averiguar, analizar e intentar narrar. Estaba claro: me iba a letras para empezar a prepararme para ser otra cosa. Hay días, en que ni sé exactamente qué era esa otra cosa…



Oigan, hoy he respirado con aquella decisión. He leído (curiosear) que una web experta en asuntos extramatrimoniales (“hay gente pa tó”, que diría “El Gallo”) ha hecho una selección de profesiones con tendencia a tirar de “cuernos” y médicos y profesores la encabezan. Son dos oficios tan estresantes, que hasta lo he entendido y estoy dispuesta a defenderlo si no fuera porque a mí los cuernos me parecen innecesarios.

Vayamos por partes (investigar). Cuando digo médicos, quiero decir profesional sanitario. Que, a lo que se ve, aquí los unos y los otros están que se dan la mano. Enfermeros o doctores, la tendencia a “engañar” y meterse en la cama con otro/a que no es su pareja oficial parece que les marca y les une. Profesión que “cuernea” unida permanece unida, digo yo. Entiendo que los enfermos, entre lo preocupados que están por los males que les aquejan, que ya es bastante, y los ridículos camisones de hospital no tienen el cuerpo para tonterías. Pero quienes les atienden, entre guardia y guardia, se van apañando sus necesidades. Oye, si te atienden bien y no te amargan la vida, estoy hasta por darlo por bueno.

El sector de la enseñanza ocupa un bonito segundo lugar en este extraño ranking. ¿Quién no se ha enamorado alguna vez de su profesor/a?. Yo tengo un hermano que se tiró todo el parvulario loco por su “señorita”. A mí madre le hacía mucha gracia. Para nosotros, los hermanos, era una relación que asumíamos con respeto. Ahora veo fotos de la “ínclita” y entiendo que en la infancia hay que perdonarlo todo. Además, habla de lo importante que es en el amor la belleza interior y no la exterior. Pena que con los años vayamos perdiendo esa capacidad selectiva y crítica que nos hace dar más valor a los detalles que lo requieren que a la pura apariencia.

Pero siguiendo con la lista, me encuentro con el “departamento” de “humanistas y artistas”. Ese que todos hubiéramos apostado por colocar en primer lugar si en vez de hacer las cosas comme il faut, como la hecho la web de marras (averiguar), hubiéramos funcionado por el sistema de calcular a ojo. Los pertenecientes a este epígrafe parecen más libres, más etéreos, menos agarrados a los comportamientos oficiales (analizar). Pero ya ven, se quedan cortos y no alcanzan el primer lugar. Se me acaba de caer un mito.

Los agricultores cierran el ranking (en medio dejo otros grupos de profesiones, no se crean. Pero si no están ni al principio ni al final de la lista para qué gastar tiempo). Esto lo entiendo. El campo no te da muchas opciones a las relaciones sociales así que la fidelidad se presenta como una buena salida. O quizá es que la gente del sector primario es más leal, más honesta, más sencilla y no se complica la vida con una historia paralela que le lleve a mal traer.

Y ahora permítanme que les haga una pregunta. O dos. ¿Ustedes creen que este tipo de “estudios” vale para algo? y, la que más me interesa, ¿ustedes contarían a un encuestador de una web especializada en asuntos extraconyugales cómo se organiza su vida matrimonial?. Por si acaso, aquí les dejo la historia ( intentar narrar).

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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