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Nº Parados 07/12/2016

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En esta columna de "Los Lunes al Sol", la periodista María Díaz reflexiona esta semana sobre uno de los juicios más relevantes de las últimas semanas. Se trata del caso del asesinato de Asunta, la niña a la que un jurado ha dictaminado que tuvo unos padres que intervinieron en matarla.

Caso Asunta: ¿Truco o Trato?

En esta columna de "Los Lunes al Sol", la periodista María Díaz reflexiona esta semana sobre uno de los juicios más relevantes de las últimas semanas. Se trata del caso del asesinato de Asunta, la niña a la que un jurado ha dictaminado que tuvo unos padres que intervinieron en matarla.  

Cuando un asesinato alcanza la notoriedad, lamentable, que el caso de Asunta Basterra Porto ha llegado a tener, al menos yo, me pongo a elucubrar. Siempre he reconocido en voz alta lo que me atrae el mundo del crimen, lo que me subyuga ahondar en la mente de un ser que ha sido capaz de acabar con la vida del otro. Especialmente cuando hay alevosía y premeditación. Porque me cuesta mucho creer que mi vecino o un amigo está en estos momentos tramando la manera de matar a alguien y no sé qué tiene que fallar para que una persona que forma parte, aparentemente con absoluta normalidad, de la sociedad decida dar ese paso.



 

Yo no estaba ahí. No se si los hechos ocurrieron como dicen todos o como alegan los padres. Lo cierto es que Asunta está muerta. Y que alguien la mato. Si fueron sus padres, el asunto toma un cariz abominable. Y parece que fueron. [Ver Cursos de Marketing Digital]

 

Como me interesan los crímenes me interesan sus investigaciones y los juicios. Ese espectáculo en el que todos representan su papel lo mejor que pueden y el público opina o cotillea. Ya me molestó desde el principio la actitud sobrada de Alfonso Basterra, quien parecía empeñado en demostrar que el juicio no iba con él…cuando se estaba hablando de la dolorosa muerte de su hija. De hecho, la manera en que este individuo se ha intentado reír de todos desde el principio (no se me olvida el asunto de su ordenador) no me ha gustado nada. Eso no quiere decir que haya matado a Asunta…pero le hace parecer culpable por listo y por fanfarrón. Y por la poca emotividad que ha sido capaz de transmitir.

 

Me cansa también el llanto de Rosario, una niña bien que parece que primero se compró un marido y después, con el susodicho, una hija. No es que ellos quisieran una hija, la querían los abuelos que eran los que manejaban el “parné”. Pero se murieron (también hubo comentarios sobre eso) y todo empezó a desmoronarse. Rosario se encaprichó de otro; Alfonso vio en peligro su status y Asunta empezó a sobrar sin sus mayores defensores vivos.

 

Tengo la sensación de que en el juicio, Rosario ha despertado. Escuchó la sentencia como quien ya da por hecho que le va a caer el castigo pero le cambió el gesto cuando supo que Alfonso no libraba. Porque, creo, que Rosario no ha conocido a Alfonso, no lo ha descubierto hasta que ha ido evolucionando el juicio. Entonces, a la luz de las preguntas y de las respuestas se sintió sola, engañada. Descubrió que había truco donde pensó que había trato.

Todo parece indicar que ambos, padre y madre (aunque creo que esas denominaciones se les quedan grandes a tenor de lo mostrado) convinieron en que Asunta ya no pintaba nada en sus vidas y, como no podían devolver la “compra”, optaron por quitársela de encima. Pero en el juicio todo señalaba a Rosario, la menos lista de dos tipos, a mi entender, muy tontos. Y la “niña Porto” se sintió acorralada, “pillada” con las manos en la masa, descubierta. Pero Alfonso…Alfonso parecía que podía “salir de rositas” porque se encargó (como parece) de asegurarse su coartada. Sin darse cuenta de que el crimen era un hecho que les unía indisolublemente, un hecho que no podían haber hecho el uno sin el otro.

 

Cuando estos dos se juraron amor eterno en el altar dijeron en voz alta aquello de “hasta que la muerte nos separe”. Pero la separación llegó antes y les llevó a la muerte, a la de Asunta. Y hasta para eso han estado juntos: para acabar con la vida de su hija con tal alarde de detalles que nunca pensaron que pudieran pillarles. Y, por lo que se ve, la conciencia no ejercía presión de culpa.

 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu


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