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Este nuevo lenguaje se lo ha puesto difícil a los poetas

La utilización del lenguaje ha sido fundamental siempre en política pero últimamente lo estamos comprobando con una intensidad increíble. Desde las polémicas sobre si lo denominamos "rescate" o "préstamo en condiciones ventajosas" hasta otros muchos ejemplos que podríamos poner. A la semántica y a nuestros usos lingüísticos, dedica hoy su columna de Los Lunes al Sol la periodista María Díaz.

18/06/2012 | Portalparados.es

Le preguntaron el otro día delante de mí al maravilloso poeta Luis García Montero si era posible acercarse a la poesía con el lenguaje económico que utilizamos ahora y confirmó lo que yo sostenía: difícil, muy difícil. Porque ese vertedero lingüístico en el que nos movemos últimamente ha fijado su sintaxis tanto en lo sepia que a lo poético le ha quedado poca rima. Creo que deberíamos regresar a las viejas costumbres del diálogo, esas que nos permitían charlar con cualquiera con ternura o humor, e incluso sostener dos miradas en torno a unas tazas de café sin articular palabra.

Pero manda lo práctico y cuesta plantearse siquiera un ripio con términos como “prima de riesgo”, “eurobonos”, “FMI”, “Durao Barroso”, “austeridad” o “rescate”. Fíjense que yo creo que de ahí viene tanta “migración lingüística” del gobierno, que en el fondo lo que pretende es defender nuestro espíritu romántico y poético. ¿Qué decir las verdades queda feo? Pues recurrimos a la matemática para aplicar a la lengua. Y cuando creen que no nos enteramos de nada van los informativos y los periódicos y traducen al unísono. Y así estamos.

Yo sé que al señor Rajoy le preocupa nuestra imagen en el exterior, si no, no se entiende la manía que han tomado en estos últimos tiempos de ir a contar fuera lo que deberían contar dentro. Pero luego pasa lo que pasa: en 6 meses este gobierno está más quemado que una cerilla barata. Aunque no lo entiendan. No han pillado que convendría que el presidente de gobierno diera más la cara; que los escándalos financieros o jurídicos no se esconden debajo de la alfombra; que uno no puede decir “arre” y el otro “so” en el mismo día; que no pueden ser que carecieran prácticamente de programa y ya se lo hayan saltado por todas partes, que nos hayan metido el miedo en el cuerpo; y que hayan creído en el mayor de los descréditos ya que cada cosa que dicen que no va a llevar a cabo la ponen en pie seguidamente.

Porque desde fuera nos miran y no nos comprenden: no nos creen, nos toman a chiste y nos señalan con el dedo. ¡Con lo que nos costó quitarnos la imagen de castañuela y pandereta!. ¡Mecachis!. Eso sí, en todo el Congreso no hay bicho viviente que esté interesado en arreglar esto: les interesa su culo, pero los nuestros…Hubiera agradecido más educación el otro día en la comparecencia obligada de nuestro presidente: también es cierto que hubiera agradecido una aparición voluntaria y a tiempo de “nuestro presidente”. Agradezco la garra de los señores diputados, pero no la soberbia. Y ya puestos a pedir: me encantaría que el señor que rige este barco mire a sus opositores cuando le hablan. Que sacaría muy buena nota en la oposición a registrador de la propiedad, pero en urbanidad está flojo. Aquí no se trata sólo de ser el tipo capaz de sacarnos de este hoy, sino también de parecerlo. Como la mujer del César.

Por cierto, felicitar al rey desde aquí, que ha encontrado una excusa perfecta en una esquela lejana para no posar en la foto con el presidente del Consejo General del Poder Judicial, ese señor que cree que pagarse su ocio con nuestra pasta no le obliga a darnos cuenta ni a dejar su cargo; que la cantidad le parece poca cuando cualquier cantidad con el cargo que ostenta ya es en sí misma un problema y que los hoteles de 4 estrellas son una bagatela. ¡Vamos, que encima le acusamos de despilfarro!. De despilfarro, no: de mal uso del dinero. Que no quiere enterarse. Estoy esperando al jueves para ver que declara con tanta rotundidad y tan poca prisa. Pero sobre todo para ver cómo maneja el lenguaje para tapar la realidad de su pecado: de nuevo, la soberbia. Si le sirve de consuelo, todo el mundo se ha aprendido su nombre. Hace un año pocos lo sabían. Y como la soberbia y la fama se llevan tan bien, lo mismo es un ser feliz ante tanto barullo…cosas veredes.

 

María Díaz
Periodista
www.mariadiaz.eu

 

 

 

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